Pintura y Revolución [Disertación]

(Septiembre 2013, examen de “Los discursos del arte contemporáneo”)

Pronto quedó patente que a la Europa ilustrada de finales del XVIII, se le quedaba corto ese “todo por el pueblo, pero sin el pueblo” de los déspotas que tuvieron la clarividencia de ver que los tiempos estaban cambiando. La Revolución esperaba agazapada en los libros, los cuadros y las mentes, a que convergieran en un mismo tiempo y en un mismo lugar, un gobernante incapaz y una crisis económica aguda.

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Jacques-Louis David, ya antes de la revolución que vería la cabeza de Louis XVI separada del cuerpo, pintaba un arte nuevo para una nueva sociedad, nacida de la esperada decapitación de la antigua. Frente a la frivolidad Rococó del Antiguo Régimen, David vuelve a los valores cívicos de la antigua república romana, inventa una pintura, donde la Antigüedad solo nos legó ruinas.

"El Juramento de los Horacios" de Jacques-Louis David.

“El Juramento de los Horacios” de Jacques-Louis David.

Esta pintura, neoclásica y jacobina, tiene en “El Juramento de los Horacios” uno de sus máximos exponentes. Este cuadro historicista, de formato grande y heroico, nos presenta de forma clara, con trazo firme y colores planos, los valores que tendría que tener el nuevo estado. En una estancia sobria, tres hombres juran las armas que su padre alza ante ellos como si las consagrara. Se muestran inamovibles en su marcial virilidad, ante el llanto de las mujeres en un segundo plano. No tienen, por un lado, miedo a la muerte, y por  otro lado, tampoco les conmueve estar emparentados con uno de los Curiacios, sus rivales, pues la libertad encarnada por el estado republicano es más importante que la familia, es más importante que la propia vida.

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Que la propia vida o la de los otros, pues en el heroico David nunca aparecerán los excesos de la revolución, no se retratarán la “Grande Terreur”, ni las guerras contra la Vendée o las actividades del “Comité de Salut Publique”, de su compañero de bancada Robespierre, tras cuya caída dio con sus huesos en la cárcel. El terror y la barbarie en nombre de supuestos bienes mayores sí nos los pinta Francisco de Goya, en “Los fusilamientos del 3 de mayo”.

"Los fusilamientos del 3 de Mayo" de Francisco de Goya.

“Los fusilamientos del 3 de Mayo” de Francisco de Goya.

Goya, nada sospechoso de ser un nostálgico del Antiguo Régimen, parece preguntarse con ese cuadro ¿Dónde quedó la Razón y el Espíritu Crítico? ¿Dónde los derechos del hombre o el lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad”? ¿Dónde? En una pila de cadáveres ensangrentados al pie de la colina del Príncipe Pío.

Pero la Revolución no necesita de eso, necesita de héroes más que ningún otro movimiento social; a los supuestos villanos, a los que se resisten a las supuestas bondades del cambio, les relega al olvido, a la muerte de la memoria, siempre más terribles que la del cuerpo.

"Marat exhalando su último suspiro" de Jacques_Louis David.

“Marat exhalando su último suspiro” de Jacques_Louis David.

Héroes como Marat, que exhalan dulcemente su último suspiro por su amor al pueblo. Un Marat que David desnuda y rejuvenece, para que el pueblo conmovido le vea como un héroe inmortal. Pero el héroe por antonomasia es Napoleón; ya se cuidó muy mucho de rodearse de maestros de la pintura que supieran convertirlo en tal.

Napoleón no es la Revolución, Goya lo vería muy bien, sin embargo tampoco son los Borbones. Napoleón ha venido a salvar la Revolución; el ejército de la República, siguiendo el modelo antiguo de los ciudadanos soldado, así lo ha decidido; ese es el ideal sobre el que se cimienta el  Imperio. Un David rescatado de la cárcel así nos lo muestra en una de sus últimas obras, “La coronación del Emperador y la Emperatriz”.

"Coronación del Emperador y la Emperatriz" de Jacques-Louis David.

“Coronación del Emperador y la Emperatriz” de Jacques-Louis David.

Es una obra lejana ya de la sobriedad republicana de sus primeros tiempos, pero en la que David nos muestra a un hombre del tercer estado que ha sido elevado al fasto imperial, por su enorme capacidad para reordenar la sociedad.

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"Los apestados de Jaffa"de Jean-Antoine Gros

“Los apestados de Jaffa”de Jean-Antoine Gros

Paradigmáticas de la elección que la providencia ha hecho con Napoleón son obras como las del alumno de David, Jean-Antoine Gros, donde en “Los apestado de Jaffa”, nos muestra a un ciudadano Bonaparte consolando a los enfermos, como una figura sanadora y la vez inmune a todo mal, que parece querer asociarse iconográficamente a las monarquías medievales de derecho divino.

"La Libertad guiando al Pueblo" de Eugène Delacroix.

“La Libertad guiando al Pueblo” de Eugène Delacroix.

Y en esas idealizaciones, aunque en un estilo republicano de nuevo, se inscribe “La Libetad guiando al pueblo de Eugène Delacroix. La Revolución de 1830, que trajo consigo la legada de de la monarquía parlamentaria de Louis-Philipe d’Orleans, está aquí representada de forma alegórica, con su desnudez heroica, el dramatismo de la muerte necesaria y la determinación de los vivos.

"La Barricada" de Jean-Louis-Ernest Meissonier.

“La Barricada” de Jean-Louis-Ernest Meissonier.

Y en ese sentido es muy distinta la imagen que se quiere dar desde la reacción. Meissonier en “La Barricada” de 1848, saca en claro de esa revolución puramente proletaria, una pila de cadáveres. En cambio, tras la semana sangrienta de mayo de 1871, en la que se asesinó ese gran experimento de socialismo libertario que fue la Comuna de París, Maissonier solo representa el estado triunfante en forma de cuadriga del Carroussel, que emerge de “Las ruinas se las Tullerías”.

No hay piedad para los vencidos, ni lugar en la Historia.

"Ruinas de las Tullerías" de Jean-Louis-Ernest Meissonier

“Ruinas de las Tullerías” de Jean-Louis-Ernest Meissonier

Por: El Exiliado del Mitreo


Reseña: Commandant of Auschwitz

[...] I could never have brought myself to make this confession of my most secret thoughts and feelings, had I not been approached with a disarming humanity and understanding that I had never dared to expect.

It is because of this humane understanding that I have tried to assist as best I can in throwing some light on matters that seemed obscure.

But whenever use is made of what I have written, I beg that all those passages relating to my wife and family, and all my tender emotions and secret doubts, shall not be made public.

Let the public continue to regard me as the blood-thirsty beast, the cruel sadist and the mass murderer; for the masses could never imagine the commandant of Auschwitz in any other light.

They could never understand that me, too, had a heart and that he was not evil.

These writings consist of 114 pages. I have written them voluntarily and without compulsion.

Cracow. February 1947                          Rudolf Hoess

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Así cerraba Rudolf Hoess las memorias que escribiera antes de ser ahorcado. Afortunadamente se hicieron públicas en contra de su deseo.

Commandant of Auschwitz

La portada del libro en cuestión presenta la foto de Hoess el primer día del juicio en el que fue condenado a muerte.

Es importante que la humanidad haya podido ver a Hoess en su dimensión humana. Como ya dije en su día en la reseña de “La corte del zar rojo”, soy muy reticente a usar el término monstruo con los genocidas. Un monstruo tiene algo de enfermo mental  que lo aleja de la especia humana, le hace ladrar, le hace aullar como un animal. Esto será aterrador sin duda, pero no tanto como la gente que conscientemente y en pleno uso de sus facultades, se consagra a la tarea de exterminar a cientos de miles, a millones de humanos de todas las edades y condiciones. El nazismo no fue un mal sueño, no fue un lapsus, ni un error inconsciente; fue algo muy real y premeditado, algo que podría volver a producirse y que desde el conocimiento de aquel horror, debemos de hacer todo lo posible para que no se reproduzca.

Este es uno de esos libros que duele leer, pero que hay que leer. No por gozar del dolor, ni recrearse en él, sino por lo que te enseña sobre ti mismo. Que te duela el dolor ajeno, te hace humano.

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Es curioso porque este libro no lo leí cuando me lo regalaron. Lo empecé, pero tras la introducción de Primo Levi y las primeras páginas, lo substituí por una lectura mucho más ligera. Se habrá quedado en la mesita de noche, en la pila de “pendientes”, cerca de un año. Había muchas razones para retomarlo, la mejor de todas; que me lo trajo mi hermana del mismo Auschwitz como “souvenir” (los beneficios generados por la obra están destinados a ayudar a los supervivientes del campo). Al retomarlo, obvié lo que ya llevaba leído de la vez anterior. El caso es que con la lectura enseguida rememoré parte de la introducción de Levi; Hoess puede ser muchas cosas, pero como Levi, yo lo que más resaltaría es sus absoluta cobardía, acompañada de un repulsivo cinismo.

Rudolf Hoess se oculta tras sus superiores, dice que obedecía órdenes que dada su profesionalidad militar ni siquiera cuestionaba. Pero eso no es lo más bonito del asunto, sino que a la vez se oculta también tras sus subordinados. Según él, sobre ellos debía de recaer la culpa de las mayores atrocidades a las que fueron sometidos los prisioneros en los campos donde sirvió. Se declara impotente, incapaz de meter en cintura a sus subordinados; a él le gustaría que la vida concentracionaria se hubiese gestionado de forma racional, sin brutalidades gratuitas, como el que lleva una granja y quiere que sus animales produzcan, y que cuando toca matarlos, lo hace sin pena ni gozo.

Sin embargo, evita manifestar directamente la opinión que le merecían todos esos “antisociales” y “enemigos del estado nacionalsocialista” que custodiaba. Si le parecía justo que alguien fuera encerrado por tener parientes judíos, o gitanos, o ser homosexual o testigo de Jehová o simplemente por ser un disidente manifiesto de la Alemania Nazi. Hoess es un ultraderechista feroz, un claro antisemita, que tiene la cabeza llena de prejuicios contra todos y contra todo y a la vez tiene idealizados ciertos valores en los que cree casi con fervor religioso; sus páginas traslucen eso, por mucho que quiera ocultarlo con algunas sensiblerías y concesiones de lástima o de respeto y que cínicamente busque justificarse mediante anécdotas que pretenden justificar sus fobias.

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Las anécdotas en sí poco importan, el horror de los campos está plenamente documentado. Hoess intercala además mentiras manifiestas entre ellas, de modo que tampoco pueden tomarse como una fuente fidedigna en sí mismas, pero son fundamentales para comprender al personaje, para entender su forma de ver el mundo, para mirar a través de los ojos del verdugo.

Leer sus memorias no produce empatía, ni genera comprensión. Leer sus memorias produce asco y desprecio, ante tanta excusa barata y tanta cortina de humo.

Hace poco vi un documental sobre los descendientes de todos estos figurines, sobre como debían de llevar sobre sus espaldas la pesada carga de sus apellidos. Uno de los que aparecían era uno de los hijos de Hoess; él daba la cara y afrontaba la verdad en toda su crudeza como no quiso hacerlo su padre… parece que hay razones para no perder del todo la fe en el ser humano…

 Por: El Exiliado del Mitreo

La idea de poner ese eslogan a la entrada del campo fue del propio Hoess

La idea de poner ese eslogan a la entrada del campo fue del propio Hoess


Dignidad

“Pasé, pues, de manos de los gendarmes franceses a las del comisario civil del puesto fronterizo español. Este me tomó la filiación y me hizo varias preguntas. Una de ellas, nada nueva para mí, consistía en saber cómo siendo albañil antes de la guerra civil, pude llegar a mandar todo un cuerpo de Ejército. Le contesté que las circunstancias obligaban a los hombres a desempeñar funciones en las que habitualmente no pensaban. El comisario me respondió que teníamos que perder fatalmente la guerra, puesto que los albañiles nunca podrían actuar como buenos militares. Se me antojó un comentario bastante conformista, desmentido no pocas veces a lo largo de la historia. No era caso de entablar una polémica, pero sí consideré necesario decirle, después de haberle preguntado si podía hacerlo, lo siguiente:

-Un hombre puede nacer, señor comisario, con cualidades innatas para ser militar o artista, pero las exigencias sociales le obligan a ser albañil o zapatero u otra cosa cualquiera. Yo fui albañil por necesidad y no porque me encantara serlo. Además, sepa usted que los albañiles solemos tener una rara intuición, tal vez estimulada por la índole de nuestro trabajo, que puede servir para ejercer con cierta destreza otras profesiones”

Cipriano Mera. Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalistaEditorial LaMalatesta (2011) 

Cipriano Mera Sanz


El lentidigitador

Hoy que cumple años una gran amiga, y no sé si como regalo para ella, para todos vosotros o para mí mismo, os traigo esta entrada divulgativa, sobre uno de los ilusionistas más grande de todos los tiempos: René Lavand.

Yo supe de él de chico –a finales de los 80′, principios de los 90′. Los fines de semana, en horario infantil, había por aquel entonces en televisión española, un programa de magia conducido por otro grande del gremio; Juan Tamariz; que se llamaba “Magia potagia” o algo así. En una ocasión al menos y estoy casi seguro de que fueron bastantes más, apareció este señor; un mago manco, de acento delicioso y maneras de caballero, que hacía bailar los naipes entre sus cinco dedos, mientras desgranaba  fabulosas historias, dignas del mismísimo Cortazar. Sé que ese “no se puede hacer más lento, o quizás, si se pueda” me perseguirá toda la vida…

La belleza es una ilusión, combatir la fealdad, la tristeza, es nuestro deber, para vencer a la muerte que nos acecha a cada instante… disfrutad y recuperad gracias al viejo René un poquitito de fe en la humanidad.

Vídeo antiguo, para France 2 de “No se puede hacer más lento”:

Y una versión más actual:

La importancia de lo simple:

El griego del faro del fin del mundo:

Y como colofón, un documental biográfico:


La negación de San Pedro

Que la publicación de este texto/traducción/poema ha estado demorándose más de la cuenta, es una realidad tan grande, que te golpea y te escupe en el rostro –no creáis que exagero si os digo que esta traducción puede tener fácilmente año y medio, dos años, ya veis que en lo que he tardado es en hacer la introducción. Así que parece mentira que sea uno de mis poemas favoritos –en general y de Baudelaire en particular. Le decía a una amiga bloguera, que no sabía si me estaba haciendo vago o viejo y ella me respondió muy perspicazmente, que una cosa llevaba a la otra. Ser viejo es no tener ya ganas de hacer nada. Combatamos la vejez, pues.

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El 5 de julio de 1857, un artículo publicado en el periódico Le Figaro –tan rancio entonces como ahora –abría la veda contra una obra publicada solo diez días antes: Les Fleurs du mal (Las Flores del mal). En dicho artículo, se acusaba a su autor; Charles Baudelaire; de ultraje a la moral pública –“Lo odioso se codea con lo innoble; lo repugnante se alía a lo infecto”. Terminaba diciendo que “si puede resultar comprensible que con veinte años la imaginación de un poeta pueda dejarse llevar a tratar temas semejantes, nada pueda justificar que un hombre de más de treinta, se haya atrevido a hacer que se publiquen semejantes monstruosidades”.

Si bien el escándalo aportó una más que notable publicidad a su poemario, convirtiéndole en toda una celebridad, el proceso judicial subsiguiente le llenó de estupor.

Que debiese contemplar esta pantomima moralista con incredulidad, explicaría que organizase tan mal su defensa; entre otras cosas, no recurriendo a tiempo a contactos influyentes que podrían haber sido decisivos. El caso es que solo unos meses antes, Gustave Flaubert se había visto sometido a un proceso semejante por su Madame Bovary, del que había salido airoso, de modo que los jerarcas bienpensantes de este patético segundo imperio francés, pusieron toda la carne en el asador para no terminar una vez más con el rabo entre las piernas.

Baudelaire perdió el juicio como habréis podido deducir; el 27 de agosto de 1857, por ofensa a la moral religiosa, él  y su editor fueron condenados a pagar una cuantiosa multa – respectivamente trescientos y cien francos de la época –debiendo además retirar seis poemas de la obra; el XXLes Bijoux (Las Joyas), el XXXLe Léthé (El Leteo), el XXXIXÁ celle qui est trop gaie (A aquella que es demasiado alegre), el LXXX, Lesbos, el LXXXI, Lesbos y el CXXXVIILes Métamorphoses du vampire (La Metamorfosis del vampiro). Conste  que este despropósito de sentencia no fue anulada por la corte de casación hasta el 31 de mayo de 1949.

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La condena fue un duro golpe para él, ya que tratándose de una obra unitaria, donde cada poema ocupaba un lugar muy concreto en el poemario, la supresión de estos seis poemas, le obligo a reestructurar de nuevo el conjunto. La edición de 1861, por eso de que no hay mal que por bien no venga, ya que se veía obligado a replantear la obra de nuevo, le sirvió para añadir treinta y cinco poemas nuevos, incorporándose una nueva sección a las cinco ya existentes, que además vieron su orden modificado.

En 1866 publicó en Amsterdam Les Épaves (Los Despojos del naufragio), que reagrupaba las seis obras condenadas junto a otros diecisiete –es bien sabida la libertad intelectual y moral por la que han querido destacar los Países Bajos desde la Baja Edad Media.

En 31 de agosto de 1867 moría Baudelaire a consecuencia de la sífilis contraída en su juventud, sin llegar a ver publicada la edición definitiva de sus obras en 1868, entre las que se encontraba unas Flores del mal que comprendían ciento cincuenta y un poemas, una veintena más respecto a la segunda edición.

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La negación de san Pedro” es una maligna flor que se encuentra en la sección Révolte, la anterior a la última; Mort. Si me obligaran a explicar en pocas palabras qué fue lo que me atrajo de él desde el principio, diría sin duda que su carácter aparentemente blasfemo, como el de toda esta penúltima sección. En efecto, Révolte es una sección muy cortita, de solo 3 poemas, que se abre con “La negación de san Pedro”, seguido de “Abel y Caïn” y que cierran “Las letanías de Satan”.  De este poema en especial me conquistó el final, ese “San Pedro negó a Jesús… ¡Hizo bien!”, son de esas frases lapidarias que se te quedan grabadas a fuego.

No he realizado un estudio concienzudo al respecto y no consta en la documentación de que dispongo ahora mismo, pero el hecho de que no fuera censurado –ni este, ni ninguno de los tres otros –parece indicar que la sección Révolte se encuentra entre los añadidos por el autor después del proceso.  Esto me parece muy significativo, y quiero decir, que no siendo imposible que los poemas ya hubiesen sido escritos en 1857,  si en un principio fueron excluidos del poemario, la condena debió ser un importante acicate para incluirlos. Porque estos poemas “van de religión” como me dijo un amigo cuando le pasé la traducción, hará como un año, pero a la vez NO van de religión. Si observamos más en detalle este poema, en él encontramos dos seres de naturaleza divina, Dios-padre y Dios-hijo –lo que en sí mismo sería una blasfemia, es cierto, según la ortodoxia católica –pero olvidémonos de que son dioses y centrémonos en la relación padre-hijo. Tenemos a un padre que es un tirano vicioso –en el sentido más cercano al “vicious” anglosajón –un déspota que no es que no haga nada por evitar que su único hijo muera, sino que él mismo lo ha mandado a morir para nada, porque en efecto su muerte no ha erradicado el mal del mundo. Y luego tenemos a un hijo por el que el autor profesa a la vez un evidente afecto y un condescendiente desprecio. Puede que me confunda, pero creo que fue Oscar Wilde el que clamaba contra la vulgaridad de que un hijo se pareciera a su padre; Cristo no es como su padre, él se preocupa por la gente, ha venido a la Tierra a enseñar a vivir en paz, a actuar de formo clara contra los malvados y sin embargo, al final se somete a los dictados de su padre. No siendo Él, acepta in extremis que se le relacione con Él, que padre e hijo se conviertan en figuras superponibles. Baudelaire, en cambio, quiere resistir y luchar, combatir a la autoridad, matar al padre y seguir su propio camino y por lo tanto no vilipendia la actitud de Pedro. Históricamente juzgado como un cobarde, él da la vuelta a la tortilla y lo ensalza, como un digno rebelde, frente a esa actitud sumisa del maestro.

Así que como decía, estos poemas “van de religión” y a la vez no. La religión es el trasfondo para hablar de la subversión contra la autoridad, que supongo a nadie escapa, la paterna es la primera a la que se enfrenta el ser humano desde que nace y por ende, la más difícil de superar –de ahí que los estados totalitarios busquen en erigirse como padres de la sociedad. En ese sentido, podría extenderme aún un poco más hablando de los serios conflictos que tuvo Baudelaire con su padrastro y su madre, aparte obviamente de los que ya he comentado que tuvo con el estado, pero prefiero dejaros con el poema original y su traducción, para que reflexionéis vosotros mismos al respecto. Por favor, si leyendo en poema sentís que algo no encaja en la traducción, no dudéis en comunicármelo. Buena lectura.

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Le reniement de Saint-Pierre

Qu’est-ce que Dieu fait donc de ce flot d’anathèmes
Qui monte tous les jours vers ses chers Séraphins ?
Comme un tyran gorgé de viande et de vins,
Il s’endort au doux bruit de nos affreux blasphèmes.
 
Les sanglots des martyrs et des suppliciés
Sont une symphonie enivrante sans doute,
Puisque, malgré le sang que leur volupté coûte,
Les cieux ne s’en sont point encore rassasiés !
 
Ah ! Jésus, souviens-toi du jardin des Olives !
Dans ta simplicité tu priais à genoux
Celui qui dans son ciel riait au bruit des clous
Que d’ignobles bourreaux plantaient dans tes chairs vives,
 
Lorsque tu vis cracher sur ta divinité
La crapule du corps de garde et des cuisines,
Et lorsque tu sentis s’enfoncer les épines
Dans ton crâne où vivait l’immense Humanité ;
 
Quand de ton corps brisé la pesanteur horrible
Allongeait tes deux bras distendus, que ton sang
Et ta sueur coulaient de ton front pâlissant,
Quand tu fus devant tous posé comme une cible,
 
Rêvais-tu de ces jours si brillants et si beaux
Où tu vins pour remplir l’éternelle promesse,
Où tu foulais, monté sur une douce ânesse,
Des chemins tout jonchés de fleurs et de rameaux,
 
Où, le coeur tout gonflé d’espoir et de vaillance,
Tu fouettais tous ces vils marchands à tour de bras,
Où tu fus maître enfin ? Le remords n’a-t-il pas
Pénétré dans ton flanc plus avant que la lance ?
 
- Certes, je sortirai, quant à moi, satisfait
D’un monde où l’action n’est pas la soeur du rêve ;
Puissé-je user du glaive et périr par le glaive !
Saint Pierre a renié Jésus… il a bien fait.
 
Baudelaire_signatur
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La negación de San Pedro

¿Y qué hace Dios de esa riada de anatemas,
que se eleva cada día hacia sus queridos Serafines?
Como un tirano cebado de carne y de vino,
se duerme al dulce sonido de nuestras horribles blasfemias.
 
¡Los llantos de los mártires y de los torturados
son una sinfonía embriagadora sin duda,
puesto que, pese a la sangre que su voluptuosidad cuesta,
los cielos no se han saciado aún!
 
-¡Ah! ¡Jesús, acuérdate del Huerto de los Olivos!
En tu simpleza rezabas arrodillado
al que en su cielo se reía con el sonido de los clavos
que innobles verdugos plantaban en tus vivas carnes,
 
cuando viste escupir en tu divinidad
a la canalla de la guardia y de las cocinas,
y cuando sentiste hundirse las espinas,
en ese cráneo tuyo donde habitaba la inmensa Humanidad;
 
cuando de tu cuerpo roto, la horrible gravedad,
alargaba tus brazos dislocados, cuando tu sangre
y tu sudor corrían por tu frente macilenta,
cuando fuiste colocado ante todos como una diana,
 
¿Soñabas con esos días tan bellos y brillantes
cuando llegaste para cumplir la eterna promesa,
en los que recorrías, subido en una dulce borriquita,
los caminos bordeados de flores y ramos,
 
en los que, el corazón henchido de esperanza y coraje,
fustigabas a todos esos viles mercaderes a brazo partido,
en los que fuiste maestro, en definitiva? ¿El remordimiento
no penetró en tu costado mucho antes que la lanza?
 
-Sin dudarlo, saldré, por mi parte, satisfecho
de un mundo en el que la acción no sea la hermana del sueño;
¡Pueda yo servirme del hierro y a hierro morir!
San Pedro negó a Jesús… ¡Hizo bien!

Traducción y comentarios por: El Exiliado del Mitreo

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"Le Christ au jardín del oliviers" - Gustave Moreau (ca. 1880)

“Le Christ au jardín des oliviers” – Gustave Moreau (ca. 1880)


Retornable

¿La vida se puede reciclar? ¿Puedes presentarla ante el tendero supremo, decirle “aquí se la dejo, don usted” y que este te dé unas monedas, a cambio de esa carcasa vacía o que tú, previo pago de la diferencia, recibas una vida nueva y plena?

Yo soy de los que creen en las segundas oportunidades (y en las terceras y en las cuartas…), pero nunca hay que perder de vista que estas en realidad son una obra de auto-reconciliación. Es uno mismo el que debe de concedérselas en última instancia, sobretodo cuando te las nieguen los demás.

Retornar es restituir, volver al punto de partida o cuanto menos a uno que se ocupó anteriormente, pero esto puede resultar engañoso, porque lo retornado tiene una vida que el proceso de retorno no borra. Lo vivido ahí está. Aunque tal vez pueda ser purificado, tal vez uno puede reconciliarse con ello, que ya no resulte una merma.

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Me daba miedo –en realidad no sé si es esta la palabra apropiada, pero bueno –de forma más o menos consciente, volver a escribir en este blog; creo que por eso ha ido bajando mi frecuencia de publicaciones en el último año, hasta casi reducirse a la nada.

Por un lado, tal vez, temía haber perdido a mis antiguos lectores y no ser capaz de crear un nuevo público –por falta de energías y entusiasmo, que como veremos más adelante, ahí está el quid de la cuestión; en mi ánimo.

Sin embargo, creo que lo que más me asustaba o me… perturbaba, más bien, en el hecho de volver, era que implicaba en cierto sentido un retroceso, una derrota. Dicho así suena muy exagerado, lo sé. Soy conciente que seguir luchando, que no rendirse, ya es una victoria, pero sí que tengo la impresión de no avanzar, de que no progreso con la escritura como había planeado… o como había soñado, tal vez.

Es hacer un buen resumen, decir que el año pasado fue el de los proyectos hundidos y los sueños malogrados.

“La Caverna del Mitraísta” había ido quedando relegada a un segundo plano por dichos proyectos y nunca me importó, lo asumí como algo natural sabía que estaba yo creciendo y que aquello era que algo que siempre iba a tener siempre. Al hundirse todo, quedé como el amputado cuyas terminaciones nerviosas no acaban de asumir que el miembro ya no está ahí y le sigue doliendo.

De esos temores y de esas ausencias nace mi bloqueo, de ellos y de mi estado de ánimo. Tengo un carácter depresivo que me sumerge a veces en estados de desaliento en los que busco la evasión de mis preocupaciones y/o obligaciones. La evasión no es problema, aunque es lo que la gente ve, que estoy haciendo otra cosa en lugar de lo que debería; tampoco lo son las preocupaciones/obligaciones, la vida es así, uno se enfrenta a obstáculos; el problema soy yo y mi carácter depresivo. De modo que ya podéis haceros una idea de la dimensión del problema, ya que uno con lo único que está obligado a convivir es con uno mismo…

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Ahora estoy bien, el pasado diciembre sentí que había pasado el bache, que por fin volvía a orientarme. Por eso me he decidido a volver a empezar, a inaugurar una nueva etapa de este blog.

Y he decidido en esta nueva etapa a ser más sincero, y con esto no quiero decir que antes no lo fuera, sino que no voy a hablar tanto de lo que sé o de lo que opino, como de lo que siento –conforme, a lo mejor la palabra adecuada para definirlo era “cercano”, más que “sincero”… pero me habéis entendido, ¿no?

 

Por: El Exiliado del Mitreo

Retornable by Mitraísta


La hierba

El camino lo ha inundado la hierba de lo poco transitado. Tanto es así, que uno no logra, por momentos, distinguirlo del pastizal. Duele ver convertida en un enorme barbecho la tierra que uno con tanto esfuerzo puso en cultivo.

De igual manera, las zarzas casi han cegado la entrada de la caverna; zarzas de recuerdos doloroso y esperanzas frustradas.

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No hay tiempo que perder; todo es cuestión de ponerse manos a la obra, ahora que se acerca la primavera.

Empuñar con viveza la hoz y abrirse paso. Quitar las telarañas, limpiar el guano de los murciélagos –sin molestarles demasiado, suficiente tienen ellos con estar amenazados de extinción –hacer recuento de las bestias de las profundidades, visitar las tumbas de los reyes enanos de antaño… Encender, al fin, con reverencia, la llama largo tiempo extinta en el altar del fuego… Porque atiendan, señores, ha retornado el exiliado a la oscura libertad del mitreo.

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Por: El Exiliado del Mitreo

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