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La gente es extraña cuando eres un extraño

La gente es extraña cuando eres un extraño. Así es cómo se sentía Jim Morrison en 1967. Y así es como me siento yo hoy.

Que extraño es todo lo que me rodea. Colas y colas para comprar un maldito billete de lotería que no les va a tocar. Gente gastando compulsivamente en un intento de ser feliz. Televisiones y sus cánones anoréxicos de belleza. Convenciones sociales y normas absurdas que respetar. Profesores presentándote una vida laboral confinada en una oficina. Tendencias musicales carentes de sentimiento. Publicidad andante que llama a tu casa. El rencor acechando en cada ser etc… Y lo que más me aterra, el aspecto por encima de todo y la predominancia del dinero sobre valores éticos.

Todo me es ajeno. Me rodea pero no llega a atravesarme. Corrientes que fluyen a mi lado mientras yo permanezco en medio, quieta y sin saber que hacer. Tan sólo, en un intento de liberación, mis labios pueden mascullar un ligero “déjadme en paz” a la vez que cierro los ojos y cubro mis orejas con las manos…

Tras muchas horas de reflexión, mi mente consigue fijar una idea. Corta pero contundente. Un letrero de neón que espero que no se apague antes de tiempo. “Aíslate del mundo”.

Pero hasta que llegue ese día, seguiré repitiéndome noche tras noche antes de dormir: “Tranquila Mandioca, mañana será un nuevo día”.

 

 

 

Por: Mandioca

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La gente es extraña cuando eres un extraño by Maje Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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Blind Guardian, At the Edge of Time

Este martes pasado llegué a casa sobre la 1:30 de la madrugada. Iba bastante perjudicado. No llegaba a dar tumbos, pero casi, para qué lo vamos a negar (-Hijo, ¿cómo no sales los fines de semana? –Mama, yo es que ya tengo bastante con emborracharme los días de diario…).

El caso es que me puse mucho más alegre de lo que estaba, al ver sobre la cama un paquetito postal de cartón pardo; era el nuevo disco de Blind Guardian: At the Edge of Time

 

La carátula tan impresionante como siempre. El interior (por lo menos el de la edición especial) es espectacular, con un libreto que está que se sale. No me suele gustar que los discos sean en cartoné, que se degradar mucho con el uso, pero es que en este hasta eso me gusta...¡Porque tiene un deplegable! jaja 😀

 

 

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Diréis que menuda idea poner Heavy Metal a toda hostia en un amanecer de resaca, pero de eso ni hablar, aquello me sonó a música celestial (¡y para algo existen los analgésicos de 1 g, coño!).

¿Mi primera impresión? Pues muy positiva, la verdad. Estos buenos muchachos llevaban 12 años sin hacer algo tan bueno. Sí, desde que sacaron el “Nightfall in the Middle Earth”, porque está claro que el “Live/Bard’s Tavern”, aunque sea un buen disco, no deja de ser un disco de directos, donde están las canciones de siempre y alguna más, que son las que suelen tocar en los conciertos.

Bueno, pues lo dicho, aunque carezca de la coherencia temática del “Nightfall”, veo en este disco el mismo espíritu. Una orquestación considerable, pero sin desembocar el plomizo resultado de los 2 discos anteriores. Con los riffs poderosos, los progresivos que te hacen batir fuerte el corazón en el pecho, los cambios de ritmo muy locos y la característica polifonía vocal que les han hecho grandes.

Debo decir que escuchar el disco (ya lo había tanteado un poco en el Spotify, pero en un aparato de música de verdad suena infinitamente mejor), me ha animado mucho a gastarme los 32€ que cuesta el concierto del próximo mes de noviembre en Madrid.

No os voy a decir más, prefiero que lo descubráis por vosotros mismos. A mí me ha gustado mucho y estoy muy contento, que después de tantos años y de dos discos que defraudaron mis expectativas, he vuelto a escuchar el mismo espíritu ardiente y malévolo de antaño, aun cuando esté matizado y también embellecido, con muchas influencias de música étnica. Aunque me queda la duda de si me acabará aburriendo con el tiempo por el tema de la orquestación, que puede ser una fortaleza y una debilidad….el tiempo lo dirá 😉

 

 

Esta es otra de las fotos/fondo de escritorio a las que te da acceso la clave que venía en el Digipack. Ahí los tenéis, los tres muchachos que ya peinan canas y el batería nueva que desentona como a un santo un par de pistolas, aunque lo hace bien el chaval.

 

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Por: El Exiliado del Mitreo

 


Waiting for the sun…

En los pocos ratos que robo al estudio estaba preparando otro texto para esta semana, pero he vuelto a escuchar el Morrison Hotel de los Doors y me han entrado unas ganas irrefrenables (o más) de recuperar este textito que escribí hace un par de años. ¿La relación? Pues que es un texto inspirado por una canción de ese disco.

Bueno, malo o regular, aquí os lo dejo en una versión nueva, corregida y aumentada:

A Jimmy, in memoriam.

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“At first flash of Eden, we race down to the sea.

Standing there on freedom’s shore.”

La calida voz del rey lagarto inundaba mi habitación. Cada palabra, cada sílaba, era una campanada que reverbera en mis oídos. Cada una de ellas, una onda del caudaloso y misterioso río que brotaba del altavoz y se vertía acariciante dentro de mí. Sus ecos profundos e inmortales son como un tiro descerrajado en la cabeza. Siento como irradian una verdad tan absoluta, clara, cristalina, serena, siento como me atraviesan de parte a parte.

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“Can you feel it, now that spring has come,

that it’s time to live in the scattered sun.”

Amigo –pienso entonces para mí –Donde tu cuerpo ha fracasado, ahora corrupto y reducido a polvo, en un decadente cementerio de París, tu voz ha triunfado, inmutable y pura a pesar del tiempo, proclamando una y mil veces la llegada de la primavera.

“Waiting,

waiting,

waiting,

waitiiing”

Sobre tus versos no puede depositarse el polvo, ni una de esas máculas que arrastra el viento del olvido. Restallan límpidos y claros, como si los estuvieses cincelando en un muro, como las olas batiendo los acantilados. Exudando toda su tristeza, toda su melancolía y ausencia.

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Su voz acogedora es como el anuncio profético de un clarividente arúspice.

“Waiting for you to come along”

Ya no puede tardar mucho. De hoy seguro que de hoy no pasa –me digo, mientras escruto el teléfono que se burla con su silencio de mí.

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“Waiting for you to hear my song”

Mi canción muere antes siquiera de que mis labios lleguen a articularla. Mi lengua enmudece antes de de haber comenzado a danzar en la boca y mi garganta, ronca y seca, no logra reunir el valor ni para susurrar tu nombre.

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“Waiting for you to come along”

Ven, te necesito. Sin ti la vida será aún más insoportable. Más vacía. Necesito de tu soledad, para que venga a superponerse a la mía.

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“Waiting for you to tell me what went wrong.”

Lo sabemos. Ambos sabemos que es lo que no funcionó… aunque el ciego orgullo y ese sádico placer que sentimos al hacernos daño nos impida reconocerlo.

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“This is the strangest life I’ve ever known.”

Nunca habrá nada igual a esto. Nunca volverá a producirse este extraño eclipse que nos ha reunido.

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“Waiting for the sun.

Waiting for the sun.

Waiting for the sun.”

Así, alargo mi mano hasta el teléfono, que reposa irónico junto a mi cama. Pero mis dedos huyen de él, como si fuera incandescente. “Mañana,… aguanta hasta mañana –me prometo –o si no, el mañana de mañana…prefiero seguir esperando a que regrese el Sol”

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Por: El Exiliado del Mitreo


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La muerte de un Dios. Un homenaje a DIO

El maestro se nos ha ido. Ronnie James Dio murió ayer a los 67 años de edad, dejando a toda la comunidad heavy huérfana de padre.

Este es uno de esos rumores que corren llevados a lomos de siniestros vientos, como se lo figuraban los antiguos griegos. Fue leer con incredulidad el comentario que me había dejado un buen amigo en mi perfil de Facebook, y al rato, al echar un vistazo por las diferentes redes sociales, entre mis conocidos, ya lo sabía todo el mundo. Así, que me fui a la cama con una fatídica certeza que me esforzaba por no aceptar, como cuando miras, pero no quieres ver…

Esta mañana acudí a su página web oficial en busca de más detalles al respecto, pero en vez de llegar al sitio web habitual, se te redireccionaba automáticamente a una pantalla negra, con este comunicado de Wendy Dio escrito en blanco:

Message from Wendy Dio

Today my heart is broken, Ronnie passed away at 7:45am 16th May. Many, many friends and family were able to say their private goodbyes before he peacefully passed away. Ronnie knew how much he was loved by all. We so appreciate the love and support that you have all given us. Please give us a few days of privacy to deal with this terrible loss. Please know he loved you all and his music will live on forever.

– Wendy Dio

Luego era cierto… ya no había vuelta de hoja. Cuando supe de su ingreso en un hospital, nunca perdí la esperanza de que saliera de esta. Así lo comenté durante una cena con amigos la semana pasada… pero el viejo elfo nos ha dejado. Su cuerpecito menudo no ha podido vencer al cáncer de estómago que le diagnosticaron hace un año.

Ha muerto un Dios que fue siempre muy humano. Un tipo humilde y simpático. La clase de tío con la que a uno le gustaría tomarse un café o un par (o máaaaas) de cervezas. No puedo evitar sonreír, cuando recuerdo sus apariciones estelares estos últimos años, por ejemplo en el documental “Heavy Metal: A Headbanger Journey” o en la película de humor gamberro y rockero “Tenacious D”, que muestran la clase de cachondo mental que era.

Pero a parte de su buen humor, Dio fue prácticamente el padre de todo un estilo musical. Con sus letras cargadas de magia y fantasía, con su característica voz, llena de color y personalidad por la que fuera conocido como “La Voz del metal”, fue el potente faro que ha abierto al camino a generaciones de jóvenes, que a partir de su contribución han explorado tierras lejanas e insólitamente diferentes.

Desde Elf, Rainbow, Black Sabath y al fin Dio, ha dado tanto al mundo de la música rock que no encuentro palabras para expresarlo…

Cuando he dejado esta mañana, en su perfil oficial en Facebook, un mensaje de condolencia, me he sentido taaaan impotente… Así que con la emoción aún a flor de piel, me he puesto a escribir este pequeño texto de homenaje… es lo menos que puedo hacer para honrar la memoria de alguien que me ha dado tantos buenos momentos.

Los budistas creen que al morir, los buenos sentimientos, las muestras de apoyo, de duelo sincero hacia ese ser, le suman un caudal de buen Karma que ayuda a que alcance una reencarnación mejor o incluso el Nirvana. Hombrecillo tu vas a reencarnarte en alguien muy molón.


¡Salud, brindo por ti maestro!

¡Long living Rock & Roll!

Por: El Exiliado del Mitreo


Sherezade

Desde que dieron comienzo los primeros acordes del concierto para toses y banda en Sin Tos Mejor, comencé a preguntarme que coño se me había perdido en aquel auditorio…

…bueno, en realidad, ya había comenzado a preguntármelo instantes antes, cuando dejé atrás las puertas de la sala y comprobé que el 99,9% de los asistentes como mínimo me doblaban la edad y una gran parte incluso me la triplicaban.

Nota mental: No me vuelve a liar para verme en otra así –pensé mientras me sentaba en mi butaca, ante la mirada de intenso y mudo reproche de la señora de delante, cuyo asiento había rozado minimamente intentando encajarme en el mío. Esas mudas espadas de desprecio me seguirían apuñalando durante todo el concierto, cada vez que intentase acomodar mis rodillas en el inverosímil espacio entre filas…al menos la buena señora tuvo la inteligencia de callarse…

Entonces empieza el concierto. Se van acumulando las notas fallidas. La coral de maestros tosedores por su parte, inicia su estereofónico acompañamiento desde todos los ángulos de la sala. En sincronía con estos, la sección de tañedores de envoltorios de caramelo, comienza con su pizzicato de celofán. Coño, que con algo habrá que aplacar la tos…y claro, mi mente lucha con desesperación por huir de semejante horror…Así que empiezo a desnudar mentalmente a todas las instrumentistas solistas de la banda…La clarinetista de la primera fila a la izquierda del director, una flautista que toca de forma celestial dos filas más atrás…Desisto cuando me doy cuenta que había empezado a fijarme en una oboe, que era en realidad un tío con melenas. La verdad que desde mi sitio, encaramado en lo más alto de la más alta torre, del escenario veo tan poco y tan borroso, que si por mí fuera, bien podían haber puesto un CD, unos maniquíes y haberse largado todos al bar…

Tras la primera parte empieza lo bueno, o eso esperaba…

Sherezade. Me encanta esa obra. Es de las pocas piezas de música antigua, que en este momento de mi vida me hacen sentir algo. Es por ella por quien estoy aquí esta tarde. He venido, porque Sherezade es como una chica guapa y lista que hace contigo lo que quiere. Tal vez por eso me duela tanto oírla sonar así.

Las toses que han estado templándose en la primera parte, no molestan tanto si haces por no oírlas. Con concentración hasta puedes transformarlas en un ruido blanco.

Al solista de cello deberían colgarle del palo mayor, es cierto (yo instituiría la construcción de palos mayores en los auditorios, para colgar a los músicos que jodan así su recitativo…), pero eso no es lo peor de todo…

No…

Definitivamente no…

Lo peor de todo es la falta absoluta de pasión. Basta con mirar la cara de aburrimiento de los percusionistas. Sherezade, niña, esto es un polvete de rutina. Yo que siempre te había tenido en un pedestal, no me lo hagas con tanta desgana…

En fin, ante esto lo único que puedo hacer es sumergirme en mis ensoñaciones, tratando de que el tiempo pase así lo más rápidamente posible…

Poco a poco, la música me va llegando desde un lugar más y más lejano y se convierte en un simple telón de fondo, en un dulce murmullo, que ameniza el cuento oriental que habita en mi cerebro.

La verdad que es un poco como cuando estás con los ojos cerrados imaginando que estás haciéndolo con otra persona…lo siento Sherezade amor, pero es que esta tarde has estado tan fría y distante…

Cuando acaba la pieza, la sala prorrumpe en aplausos. Se hunde en el más absoluto delirio. Los abueletes se ponen en pie. Baten las palmas en éxtasis, gritan, aúllan…

-Eso es –pienso yo –ahora se irán a casa tan contentos, como cuando sacas notaza en un examen que te has estudiado la noche antes y un rato de camino en el metro.

Pero es que antes de mejorar, esto aún puede ir a peor.

Porque como no, hubo propina. ¿Y que pensáis que fue, dado el respetable que abarrotaba la sala, pasodoble o zarzuela? Pues fue un pasodoble, que se será muy español y todo eso, pero que me gustan tirando a poco…bueno, creo que lo que más me horrorizaba eran las circunstancias propias del momento.

Es que como podéis imaginar, se extiende el delirio en el graderío. Poco les falta a los viejetes para ponerse a bailar entre los asientos.

¡Ja! Esto es performance y no eso que hacen los artistas culturetas modernos…

Y ya poco más que contar.

Colas interminables a la puerta de los servicios…de caballeros. La próstata no perdona.

Empujones en las escaleras. Ya sabéis que las personas mayores siempre tienen prisa. Dicen que porque saben que les queda poco tiempo de vida, que pronto morirán y todo ese rollo. Yo no creo que sea por eso (o no solo), creo que es más bien por simple y llano revanchismo. Les encanta colarse delante de una persona más joven.

Veo la boca del metro, como si ante mí se abrieran las puertas del cielo de par en par. Me sumerjo en las profundidades de la tierra, con la vana esperanza de que durante el trayecto a casa se aplaque un poco la decepción que siento…como veis no fue así.

Por: El Exiliado del Mitreo.



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