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Adiós Jorge

El otro día murió Jorge Semprún; en concreto el pasado martes día 7 de Junio.

Hoy no voy a escribir una reseña biográfica, no. No voy a contar como muy jovencito, al acabar la guerra civil, se exilió con su familia en Francia, tampoco que sobrevivió al campo del horror de Buchenwald, a donde fue llevado por pertenecer a la Resistencia; ni que en los años siguientes, como miembro del PCE, estuvo entrando y saliendo de España con varias identidades falsas, para tratar de organizar la resistencia interna a Franco; tampoco que fue expulsado del partido en los 60′, por discrepar sobre la línea marcadamente estalinista dictada por Moscú; ni siquiera, que fue ministro de cultura durante unos años, en uno de los gobiernos de Felipe González, como una forma de hacer una reparación histórica, algo que él no dudaba en reconocer… No soy su biógrafo, sin duda no lo soy. Además es realmente difícil escribir mejor que él sobre todos esos episodios de su vida; a su obra me remito…

El decía que su vida era una vida ligada íntimamente, para bien o para mal, a la historia del siglo XX.  Creo que no le faltaba razón. Yo diría que por su formación y sus cualidades intrínsecas, fue capaz de poner voz a muchos miles que no hubiesen sido capaces de expresarse con la precisión, con la concisión y con la calidad con la que lo hizo él; por eso yo lo calificaría de leyenda viva… pero ahora ya no vive y a pasado a ser historia.

Este texto pretende ser solo un pequeño punto de homenaje, así como una invitación a que se lean sus obras, interesantes no solo para los que quieran internarse en el conocimiento de parte de la historia del siglo pasado de la mano de un testigo privilegiado, sino como por su valor literario inherente.

Como parte de este humilde homenaje quiero hablaros para empezar, de la primera vez que oí hablar de él. Y fue en clase de francés, para que veáis que sorprendentemente siempre gozó de una fama y una reputación en Francia que en España siempre la fue esquiva; hay muchas cosas que los españoles tenemos que superar, una de ellas sin duda es el franquismo y su ramificaciones, con el que mucha gente de niega a romper.  Estábamos leyendo un extracto de “Le Grand Voyage” (El Largo Viaje) o de “L’Écriture ou la vie”; ahora mismo no recuerdo, pero era cuestión de Buchenwald. La profesora, francesa claro, bromeó con nosotros sobre si era un autor francés o español ya que la mayor parte de su obra la había escrito en lengua francesa. El caso es que yo, con mis catorce o quince años, no había oído nunca hablar de ese español que despertaba tanta admiración en mi profesora y como descubrí después, en muchos, muchos, franceses. Eso fue algo que se me quedó muy grabado.

El último libro suyo que he leído ha sido este del que podéis ver más abajo una foto y que aún obrará un tiempo en mi poder hasta que decida liberarlo en algún sitio donde vaya a ser debidamente apreciado o hasta que alguien interesado en él me lo pida: Autobiografía de Federico Sánchez. Reconozco que en un primer momento me chocó un poco su sintaxis, pero en cuanto me habitué a sus reglas de juego y empecé a disfrutarlo plenamente, me pareció una maravilla además de muy revelador, ya que narra de primera mano una historia del PCE en el destierro casi desconocida o muy contaminada por la reescritura perpetua de acuerdo con la línea oficial del momento. Federico Sánchez era su seudónimo oficial para la clandestinidad y el libro a priori gira sobre su expulsión del partido en el 64, aunque da saltos constantemente adelante y atrás, para ir pintando varias estampas de su vida, especialmente de sus años de clandestinidad en Madrid.

En mi mesita de noche espera “La segunda muerte de Ramón Mercader”, que he rescatado de casa de mi abuela. Cuando tenga ocasión de leerlo a lo mejor os vengo con la noticia, hasta entonces, sed buenos y leed mucho  (eso no os lo deben quitar nunca 😉 ) .

El último libro suyo que he tenido ocasión de leer cortesía de BookCrossing. Esto me recuerda que tengo liberarlo ya...

Por: El Exiliado del Mitreo

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Recuerdo del Père Lachaise

Ya que muerto el veranito de San Miguel, el otoño ha lanzado sus garras sobre la península, aunque hoy, un engañoso sol haya reemplazado a los chubascos de ayer, destemplado y con los pies helados, me he levantado con ganas de hablaros de un cementerio. No me preguntéis porqué, pero el día lúgubre de ayer me ha impulsado a recuperar un texto que dormía en mi cuaderno de notas desde el marzo pasado.

Creo que ninguna o prácticamente ninguna otra ciudad del mundo, tiene cementerios tan emblemáticos como Paris. Pensé que iba a estar solo aquel sábado gris de marzo pero me equivocaba… los peregrinos están dispuestos a cumplir a rajatabla los ritos y actos litúrgicos exigidos por sus particulares misales, que toman la atractiva forma, ilustrada con fotitos, de guías de Lonely Planet y demás…

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El Père Lachaise. Se oyen croar los cuervos. Abundan por todo París, ya me había llamado la atención, pero aquí se siente mucho más su presencia maldita y amenazadora.  No dejan de mirarte mientras se atusan las plumas, encaramados en lo más alto de los panteones en ruinas.

Ruina, ruinas y más ruinas. Ruinas por todas partes. Hay algunas tumbas nuevas, pero la mayor parte, el tiempo las está reduciendo a ruinas. Gloriosas ruinas, hermosas ruinas cubiertas de musgo y uñas de gato. Los árboles crecen entre ellas; sobre ellas; dentro de ellas, levantándolas, reduciéndolas a escombros. Una simple semillita que el viento arrastra, puede con el tiempo reducir el mármol a polvo.

Melancólica desolación

Croar de cuervos. Parece que te estén esperando. Tal vez creer que tu final vendrá pronto.

Una fina lluvia cae de tiempo en tiempo, reforzando la serena melancolía del lugar.

Cómo me alegro de estar vivo...

La roca pulida, el tiempo la ha erosionado, y con el verdín que ha crecido en los nombres, muchos se han borrado. De esta forma ha desaparecido el último testimonio del paso por esta vida de muchas gentes, que jamás hicieron nada que hiciera que se recordara su nombre, antes de que fueran gravados en la piedra traicionera. Así muera la memoria. Es la muerte de la muerte.

Cómo me alegro de estar vivo.

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He venido a ver a Jim Morrison. Quería ver con mis propios ojos donde descansa el mito; qué es lo queda del genio de versos beat entre psiquedélicos y psicóticos. En el fondo yo también soy un peregrino, aunque yo por lo menos sé quien fue, su música me hace vibrar y me impulsa a mundos lejanos, poblados por amores caníbales, carreteras infinitas y chamanes danzando a la luz de la luna y las estrellas.

James Douglas Morrison 1948-1971 - Fiel a su propio espíritu

Dando vueltas y vueltas acabo dando con su tumba. En el fondo tampoco es muy difícil, basta con seguir a la gente. La hay en abundancia, como he dicho, paseando entre los muertos con un planito en la mano. Llegan, se asoman, intentan ver lo que pone en la lápida y echan la foto de rigor y se marchan…tiempo total trascurrido un minuto y poco. Puedo oír con horror a un chaval preguntar en castellano, que quien este tío… en realidad no tiene la culpa, el producto de este turismo plastificado que te hace hacer cosas que no entiendes.

Desde luego yo tampoco he encontrado lo que buscaba. A diferencia de otros sitios que ansiaba visitar, aquí no he sentido nada en especial. Hay demasiada gente y pese a que quedo sentado un buen rato esperando un momento de calma, este no llega. Aquí no hay nada, solo es una piedra rodeada de idiotas. Creo que Jimmy se merecía algo mejor.

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Sin embargo, perdido, buscando una salida que me lleve a la boca de metro deseada, doy con otra cosa. Os dejo la imágenes…las hice con lágrimas en los ojos y la carne de gallina…al final la visita al Père Lachaise no fue tan infructuosa como me temía. 😀

En memoria de todos los españoles muertos por la libertad

"Esta urna contiene tierra de todos los campos de batalla, así como de los campos de concentración nazis, donde millares de Republicanos Españoles murieron por la libertad"

Por: El Exiliado del Mitreo

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