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Andaba descalzo

En el pueblo algunos rezongaban que solo lo hacía por populismo; por ganarse el aprecio de los andaban con alpargatas o con albarcas y que vete tú a saber en lo que andaría metido; seguro que en nada bueno. Lo cierto es que lo hacía porque le gustaba, porque le hacía feliz andar así; descalzo.

Como la propia tierra sus pies se mojaban con la lluvia y se secaban y agrietaban en los meses de calor. Orgulloso demostraba a cualquiera que quisiera presenciarlo, que sus plantas color corteza de encina, eran capaces de aguantar el calor de la llama de un fósforo. Quería sentir a su madre, la Tierra, en sus pies, solía decir y añadía que el hecho de poder movernos para aquí y para allá no nos hacía diferentes de las cosas que siempre había estado allí.

 .

Vinieron a buscarle antes de que la mañana llegara. La nocturnidad con él sabían que no servía de nada; pasaba las noches en vela, leyendo y escribiendo cartas que dejaba amontonadas en el alféizar de la ventana de la cocina, antes de que el alba despuntara en los álamos de la rivera. Allí las recogía el cartero al pasar al mediodía con el correo nuevo.

Para cuando descubrieron que su correspondencia eran poemas, relatos inacabados, largas cartas de amor o amistad, procedentes de todos los lugares del mundo, ya no había remedio. A la tierra fue a parar antes de que el ocaso cubriera de sombras el valle; suele ser siempre demasiado pronto para reunirnos con nuestra madre y una vez que nos vamos, ya es siempre demasiado tarde…

Por: El Exiliado del Mitreo


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Adiós Jorge

El otro día murió Jorge Semprún; en concreto el pasado martes día 7 de Junio.

Hoy no voy a escribir una reseña biográfica, no. No voy a contar como muy jovencito, al acabar la guerra civil, se exilió con su familia en Francia, tampoco que sobrevivió al campo del horror de Buchenwald, a donde fue llevado por pertenecer a la Resistencia; ni que en los años siguientes, como miembro del PCE, estuvo entrando y saliendo de España con varias identidades falsas, para tratar de organizar la resistencia interna a Franco; tampoco que fue expulsado del partido en los 60′, por discrepar sobre la línea marcadamente estalinista dictada por Moscú; ni siquiera, que fue ministro de cultura durante unos años, en uno de los gobiernos de Felipe González, como una forma de hacer una reparación histórica, algo que él no dudaba en reconocer… No soy su biógrafo, sin duda no lo soy. Además es realmente difícil escribir mejor que él sobre todos esos episodios de su vida; a su obra me remito…

El decía que su vida era una vida ligada íntimamente, para bien o para mal, a la historia del siglo XX.  Creo que no le faltaba razón. Yo diría que por su formación y sus cualidades intrínsecas, fue capaz de poner voz a muchos miles que no hubiesen sido capaces de expresarse con la precisión, con la concisión y con la calidad con la que lo hizo él; por eso yo lo calificaría de leyenda viva… pero ahora ya no vive y a pasado a ser historia.

Este texto pretende ser solo un pequeño punto de homenaje, así como una invitación a que se lean sus obras, interesantes no solo para los que quieran internarse en el conocimiento de parte de la historia del siglo pasado de la mano de un testigo privilegiado, sino como por su valor literario inherente.

Como parte de este humilde homenaje quiero hablaros para empezar, de la primera vez que oí hablar de él. Y fue en clase de francés, para que veáis que sorprendentemente siempre gozó de una fama y una reputación en Francia que en España siempre la fue esquiva; hay muchas cosas que los españoles tenemos que superar, una de ellas sin duda es el franquismo y su ramificaciones, con el que mucha gente de niega a romper.  Estábamos leyendo un extracto de “Le Grand Voyage” (El Largo Viaje) o de “L’Écriture ou la vie”; ahora mismo no recuerdo, pero era cuestión de Buchenwald. La profesora, francesa claro, bromeó con nosotros sobre si era un autor francés o español ya que la mayor parte de su obra la había escrito en lengua francesa. El caso es que yo, con mis catorce o quince años, no había oído nunca hablar de ese español que despertaba tanta admiración en mi profesora y como descubrí después, en muchos, muchos, franceses. Eso fue algo que se me quedó muy grabado.

El último libro suyo que he leído ha sido este del que podéis ver más abajo una foto y que aún obrará un tiempo en mi poder hasta que decida liberarlo en algún sitio donde vaya a ser debidamente apreciado o hasta que alguien interesado en él me lo pida: Autobiografía de Federico Sánchez. Reconozco que en un primer momento me chocó un poco su sintaxis, pero en cuanto me habitué a sus reglas de juego y empecé a disfrutarlo plenamente, me pareció una maravilla además de muy revelador, ya que narra de primera mano una historia del PCE en el destierro casi desconocida o muy contaminada por la reescritura perpetua de acuerdo con la línea oficial del momento. Federico Sánchez era su seudónimo oficial para la clandestinidad y el libro a priori gira sobre su expulsión del partido en el 64, aunque da saltos constantemente adelante y atrás, para ir pintando varias estampas de su vida, especialmente de sus años de clandestinidad en Madrid.

En mi mesita de noche espera “La segunda muerte de Ramón Mercader”, que he rescatado de casa de mi abuela. Cuando tenga ocasión de leerlo a lo mejor os vengo con la noticia, hasta entonces, sed buenos y leed mucho  (eso no os lo deben quitar nunca 😉 ) .

El último libro suyo que he tenido ocasión de leer cortesía de BookCrossing. Esto me recuerda que tengo liberarlo ya...

Por: El Exiliado del Mitreo

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Paradoja -La guerra de Libia

Paradoja. No sé si es esa la palabra…

A ver:

paradoja.

(Del lat.paradoxus, y este del gr. παράδοξος).

1. adj. desus. paradójico.

2. f. Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas.

3. f. Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera.

4. f. Ret. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción. Mira al avaro, en sus riquezas, pobre

Ummm, sí,…  la RAE, que limpia fija y da esplendor, me confirma que esta es la palabra que busco…y en más de un sentido además: paradoja…

paradoja…

paradoja…

paradoja…

Me parece una paradoja y un ejercicio de cinismo la súbita preocupación que ha surgido en todo el mundo “occidental” por la democracia en Libia. No sé, es como si estos grandes señores que hacen y deshacen en el mundo y marcan la tendencia de lo que se debe pensar y opinar, acabaran de despertarse de un sueño… o al menos eso es lo que tratan de hacernos tragar.

-Este señor es un tirano y un iluminado- Pues vaya novedad, será que ya se les han olvidado los tiempos en los que hacía de las suyas; aviones volando por los aires incluidos;  amparado por el paraguas de impunidad que le daba la Guerra Fría. No sé, yo soy muy joven, a penas viví esos tiempos, pero ellos debe de ser que estaban todos en el baño o echándose la siesta cuando lo dijeron, porque en estos últimos tiempos no se han privado de comerciar con él.

Acaban de descubrir que Gadafi es un dictador, que resulta que tiene sometido a su pueblo mediante la coacción y lo que es peor, mediante el paternalismo. Ahora le atacan para que no mate a su pueblo, pero las armas que le están destruyendo, no las ha fabricado él, se las han vendido países como España, donde el presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, ahora se da de codazos por ofrecer a la coalición la mediocre potencia militar española.

Y es que una guerra en Libia es mala para los intereses de España ¿De España? No, no, perdón, de empresas españolas. ¿Y la democracia? Bueno pues ya de paso, ¿Y por qué no? Además con el rollo de la revuelta democrática en Libia (que habría que ver si es cierto, porque la palabra democracia vende mucho y sirve para todo…hasta para denominar a la dictadura China o al régimen de Franco: Democracia orgánica…) ya tenemos un Casus Belli que nos da carta blanca para hacer y deshacer a nuestro antojo.

Y mi pregunta es: ¿Y quién es nadie para meterse en peleas que difícilmente entendemos, en estados cuya conformación social es muy diferente al nuestro y encima tratando hipócriatamente de meternos sin comprometernos en conflictos que en el fondo hemos montado nosotros?

Todo el mundo le reía las gracias -Mirad la nueva excentricidad de Gadafi -y a recibirle en todos sitios aceptando sus absurdas condiciones -Hay que respetar otras culturas, otras costumbre -Ajá, sí, sí, pero solo cuando nos interesa ¿o es que los misiles se los mandan con sumo respeto? Bueno, espero que al menos alguno le acierte y no tengamos que ver su fea cara más, pero me temo que él duerme a buen recaudo mientras que las bombas les caen siempre a los mismos…

Me gustaría creer que esto va a servir para algo; que le espera un futuro mejor al pueblo Libio, que en un futuro cercano va a poder gobernarse a sí mismo de forma soberana. Pero no me da la gana, ya estoy harto de creerme mierdas y luego ver los desastres que hacen las potencias occidentales+rusos/soviéticos (y ahora China) cuando se meten, porque en el fondo van a lo que van, no hay más que ver los casos de Irak y Afganistán, por citar algunos ejemplos…

Suceden en este mundo muchas cosas que no entiendo, es decir, que las entiendo perfectamente pero que no quiero entenderlas. Y me niego a aceptar como normal, cosas que no lo son en absoluto, pero como yo no puedo hacer nada, salvo indignarme y escribir este texto, pues es eso precisamente lo que hago…

Por: El Exiliado del Mitreo

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November Rain; el mundo a través de mi espejo retrovisor

No dejaba de pensar en ella.

No podía apartar la vista de la huella intangible que ella había dejado en su memoria. Algunas veces le resultaba algo incluso viciado; como cuando te cruzas con alguien con alguna notoria tara física y no logras impedir que tus ojos se dirijan una y otra y otra vez, hacia ella…

Lo cierto, es que cuando miraba en su interior, veía que era más un hueco y una paradoja, que una huella propiamente dicha…

¿La paradoja?

Pues que curiosamente, la sensación de vacío que experimentaba hacia que se sintiera bien; mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo.

 

Ángeles de luz corrían fugaces por los espejos como estrellas de Bethléem. Se arrastraban por el asfalto, para guiar a través de la lluvia los coches que circulaban por el carril que aún iba fluido y que como siempre, no era el suyo.

 

Pensaba en lo bien que había estado con ella, y en lo mucho mejor que estaba ahora que ella no estaba; que le había dejado.

 

Lo complacía el relajante sonido, que hacía la lluvia al estrellarse en la carrocería del coche.

Lo cierto es que la lluvia siempre le había encantado, fuera cual fuera el momento del día o de la noche en que llegara.

 

La lluvia es como el consolamentum de los perfectos cátaros, que lava todas las penas y todas las culpas.

Sentía que una parte de él se había agotado, posiblemente la misma sensación que deben tener las velas cuando han quemado todo el cordón y se ha consumido toda la parafina. Era una agradable sensación de ausencia y de vacío.

 

Las lunas, delantera y trasera, competían entre ellas por ver cuál iba a estar más empañada.

<De momento la trasera iba ganando>

Un embotellamiento matutino, escondido tras un filtro de vaho y lluvia, tiene un fantasmagórico aspecto, más propio del sueño y de la irrealidad, que de la dolorosa vigilia…


De todas formas el encantamiento siempre acaba por romperse y uno vuelve a darse de bruces con un mundo que difícilmente puedes cambiar…a corto plazo.

Es todo un atentado contra la moral y el buen gusto atreverse a soñar e ir por ahí de enamorado como un vulgar adolescente.

Sonaba November Rain en la radio, y en su interior chocaban las ganas de ironizar sobre la obviedad que acababa de perpetrar el locutor con el evidente placer que le producía escuchar un tema tan bueno.

 

Miró adelante y atrás, como para cerciorarse de que el atasco en el que estaba atrapado no se había disuelto durante su ensoñación como por ensalmo. Dirigió la vista al fin hacia la ventanilla del acompañante, donde tras una trama de gotitas de lluvia, se extendían campos del color del otoño y un poco mas lejos, llegando al horizonte, empezaba Madrid.

Sonrió para sí, puede que amargamente (o tal vez no), y pensó en lo estúpido que era estar encerrado en aquel cubículo de vidrio y acero aquella mañana lluviosa de Noviembre, dirigiéndose a un trabajo monótono y rutinario, en lugar de perderse por entre los terraplenes y la tierra inculta…en libertad…

 

Por: El Exiliado del Mitreo

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El cuento del burro y el molinero

Dedicado a mis compañeros de la revista AWApresentes, pasados y futuros. Nunca dejéis de expresaros libremente

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Es este un cuento antiguo…, pero realmente antiguo. Lo recalco, porque es mucho más antiguo que los que se suelen contar a los críos por lo común. Hoy en día, los conocidos como cuentos tradicionales son casi todos del XIXº, excluyendo los de las mil y una noches, naturalmente.

A mí me lo contaron de niño, a esa tierna edad en la que aún no puedes leer por ti mismo, pero hasta mucho después no descubrí su origen. Claro que por otro lado, debería haberme imaginado que aquel cuento que escuché una y otra vez a golpes de rewind, en aquella casete de cuentos dramatizados, hincaba sus raíces en el medioevo castellano, a diferencia de los cuentos típicos, prácticamente todos de origen centroeuropeo. Y digo que tenía que haberlo imaginado, por ese rollo de “living on the wild side of life”de la narración. Lo cierto es que fue don Juan Manuel, el que lo recogió en su “Conde Lucanor” por primera vez, allá por el siglo XIVº. A saber, si fue él mismo el autor o si se trata es un cuento popular de más antigua tradición. Lo cierto, es que hay que agradecerle que lo salvara del olvido del tiempo. En todo caso esta es la historia, espero que la disfrutéis:

Dicen que una mañana, un padre y un hijo iban por una vereda camino de su molino. Unos pasos por detrás, trotaba tan lozano su fiel borrico, llevado del ramal por el molinero, su dueño.

En esto que se cruzan con unos labriegos que empezaron a hacer chanza de ellos (a vacilarles, como diríamos ahora). Porque, qué hacían ellos caminando, cuando el burro iba descargado, menuda necedad. Así que el padre, como buen padre sufrido que era, subió al crío encima del animal y siguieron adelante.

Andando, andando, se cruzan con una señora que estaba lavando en el río (por ejemplo) y según les ve acercarse, les exhorta, que qué poca vergüenza y que falta de respeto, que aquel hijo siendo buen mozo estuviese tan reposado sobre el animal, mientras que el padre, que ya peinaba canas, fuera caminando. Así que, movidos por la bronca que les acababa de pegar la buena mujer, intercambiaron puestos.

Al rato, se topan con un hombre que estaba vareando almendros junto al  camino y este a su vez, recrimina al padre que vaya tan a su gusto, repantigado sobre la grupa del asno, sin importarle la salud de su hijo, que estaba en edad de crecer. El buen molinero entonces, para no hacer de menos a nadie, ayuda a su hijo a que suba a lomos del burro también y prosiguen la marcha.

Un trecho de camino adelante, porque el molino estaba donde Cristo dio las tres voces, se cruzaron con un caminante, que horrorizado, les hace ver de la poca preocupación que estaban demostrando por el bienestar de su pobre animal. En efecto, este debía cargar con los dos sin haber necesidad, pues ambos estaban en buenas condiciones para ser llevados por sus propias piernas (sí, justo, en Castilla, en la Edad Media, ya había ecologistas…).

Creo que ya os habréis dado cuenta, de que cuando se bajaron del burro, habían retornado al punto de partida. El molinero que era buen tío, pero no era tonto, también se percató de la maniobra. Así que echándole el brazo por encima del hombro a su hijo le dijo: que en la vida, la gente te dirá que hagas esto o que hagas aquello, según su interés o su criterio, y que tú, sin dejar por ello de escucharles, debes en todo caso hacer lo que te dé a ti la gana, siempre y cuando no hagas daño a nadie.

Termino con los versos con los que el infante don Juan Manuel tuvo a bien aportar una conclusión a su ejemplo:

“Por dicho de las gentes

sól que no sea mal,

al pro tened las mientes

y no hagáis ál.”

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Por: El Exiliado del Mitreo

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