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La negación de San Pedro

Que la publicación de este texto/traducción/poema ha estado demorándose más de la cuenta, es una realidad tan grande, que te golpea y te escupe en el rostro –no creáis que exagero si os digo que esta traducción puede tener fácilmente año y medio, dos años, ya veis que en lo que he tardado es en hacer la introducción. Así que parece mentira que sea uno de mis poemas favoritos –en general y de Baudelaire en particular. Le decía a una amiga bloguera, que no sabía si me estaba haciendo vago o viejo y ella me respondió muy perspicazmente, que una cosa llevaba a la otra. Ser viejo es no tener ya ganas de hacer nada. Combatamos la vejez, pues.

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El 5 de julio de 1857, un artículo publicado en el periódico Le Figaro –tan rancio entonces como ahora –abría la veda contra una obra publicada solo diez días antes: Les Fleurs du mal (Las Flores del mal). En dicho artículo, se acusaba a su autor; Charles Baudelaire; de ultraje a la moral pública –“Lo odioso se codea con lo innoble; lo repugnante se alía a lo infecto”. Terminaba diciendo que “si puede resultar comprensible que con veinte años la imaginación de un poeta pueda dejarse llevar a tratar temas semejantes, nada pueda justificar que un hombre de más de treinta, se haya atrevido a hacer que se publiquen semejantes monstruosidades”.

Si bien el escándalo aportó una más que notable publicidad a su poemario, convirtiéndole en toda una celebridad, el proceso judicial subsiguiente le llenó de estupor.

Que debiese contemplar esta pantomima moralista con incredulidad, explicaría que organizase tan mal su defensa; entre otras cosas, no recurriendo a tiempo a contactos influyentes que podrían haber sido decisivos. El caso es que solo unos meses antes, Gustave Flaubert se había visto sometido a un proceso semejante por su Madame Bovary, del que había salido airoso, de modo que los jerarcas bienpensantes de este patético segundo imperio francés, pusieron toda la carne en el asador para no terminar una vez más con el rabo entre las piernas.

Baudelaire perdió el juicio como habréis podido deducir; el 27 de agosto de 1857, por ofensa a la moral religiosa, él  y su editor fueron condenados a pagar una cuantiosa multa – respectivamente trescientos y cien francos de la época –debiendo además retirar seis poemas de la obra; el XXLes Bijoux (Las Joyas), el XXXLe Léthé (El Leteo), el XXXIXÁ celle qui est trop gaie (A aquella que es demasiado alegre), el LXXX, Lesbos, el LXXXI, Lesbos y el CXXXVIILes Métamorphoses du vampire (La Metamorfosis del vampiro). Conste  que este despropósito de sentencia no fue anulada por la corte de casación hasta el 31 de mayo de 1949.

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La condena fue un duro golpe para él, ya que tratándose de una obra unitaria, donde cada poema ocupaba un lugar muy concreto en el poemario, la supresión de estos seis poemas, le obligo a reestructurar de nuevo el conjunto. La edición de 1861, por eso de que no hay mal que por bien no venga, ya que se veía obligado a replantear la obra de nuevo, le sirvió para añadir treinta y cinco poemas nuevos, incorporándose una nueva sección a las cinco ya existentes, que además vieron su orden modificado.

En 1866 publicó en Amsterdam Les Épaves (Los Despojos del naufragio), que reagrupaba las seis obras condenadas junto a otros diecisiete –es bien sabida la libertad intelectual y moral por la que han querido destacar los Países Bajos desde la Baja Edad Media.

En 31 de agosto de 1867 moría Baudelaire a consecuencia de la sífilis contraída en su juventud, sin llegar a ver publicada la edición definitiva de sus obras en 1868, entre las que se encontraba unas Flores del mal que comprendían ciento cincuenta y un poemas, una veintena más respecto a la segunda edición.

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La negación de san Pedro” es una maligna flor que se encuentra en la sección Révolte, la anterior a la última; Mort. Si me obligaran a explicar en pocas palabras qué fue lo que me atrajo de él desde el principio, diría sin duda que su carácter aparentemente blasfemo, como el de toda esta penúltima sección. En efecto, Révolte es una sección muy cortita, de solo 3 poemas, que se abre con “La negación de san Pedro”, seguido de “Abel y Caïn” y que cierran “Las letanías de Satan”.  De este poema en especial me conquistó el final, ese “San Pedro negó a Jesús… ¡Hizo bien!”, son de esas frases lapidarias que se te quedan grabadas a fuego.

No he realizado un estudio concienzudo al respecto y no consta en la documentación de que dispongo ahora mismo, pero el hecho de que no fuera censurado –ni este, ni ninguno de los tres otros –parece indicar que la sección Révolte se encuentra entre los añadidos por el autor después del proceso.  Esto me parece muy significativo, y quiero decir, que no siendo imposible que los poemas ya hubiesen sido escritos en 1857,  si en un principio fueron excluidos del poemario, la condena debió ser un importante acicate para incluirlos. Porque estos poemas “van de religión” como me dijo un amigo cuando le pasé la traducción, hará como un año, pero a la vez NO van de religión. Si observamos más en detalle este poema, en él encontramos dos seres de naturaleza divina, Dios-padre y Dios-hijo –lo que en sí mismo sería una blasfemia, es cierto, según la ortodoxia católica –pero olvidémonos de que son dioses y centrémonos en la relación padre-hijo. Tenemos a un padre que es un tirano vicioso –en el sentido más cercano al “vicious” anglosajón –un déspota que no es que no haga nada por evitar que su único hijo muera, sino que él mismo lo ha mandado a morir para nada, porque en efecto su muerte no ha erradicado el mal del mundo. Y luego tenemos a un hijo por el que el autor profesa a la vez un evidente afecto y un condescendiente desprecio. Puede que me confunda, pero creo que fue Oscar Wilde el que clamaba contra la vulgaridad de que un hijo se pareciera a su padre; Cristo no es como su padre, él se preocupa por la gente, ha venido a la Tierra a enseñar a vivir en paz, a actuar de formo clara contra los malvados y sin embargo, al final se somete a los dictados de su padre. No siendo Él, acepta in extremis que se le relacione con Él, que padre e hijo se conviertan en figuras superponibles. Baudelaire, en cambio, quiere resistir y luchar, combatir a la autoridad, matar al padre y seguir su propio camino y por lo tanto no vilipendia la actitud de Pedro. Históricamente juzgado como un cobarde, él da la vuelta a la tortilla y lo ensalza, como un digno rebelde, frente a esa actitud sumisa del maestro.

Así que como decía, estos poemas “van de religión” y a la vez no. La religión es el trasfondo para hablar de la subversión contra la autoridad, que supongo a nadie escapa, la paterna es la primera a la que se enfrenta el ser humano desde que nace y por ende, la más difícil de superar –de ahí que los estados totalitarios busquen en erigirse como padres de la sociedad. En ese sentido, podría extenderme aún un poco más hablando de los serios conflictos que tuvo Baudelaire con su padrastro y su madre, aparte obviamente de los que ya he comentado que tuvo con el estado, pero prefiero dejaros con el poema original y su traducción, para que reflexionéis vosotros mismos al respecto. Por favor, si leyendo en poema sentís que algo no encaja en la traducción, no dudéis en comunicármelo. Buena lectura.

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Le reniement de Saint-Pierre

Qu’est-ce que Dieu fait donc de ce flot d’anathèmes
Qui monte tous les jours vers ses chers Séraphins ?
Comme un tyran gorgé de viande et de vins,
Il s’endort au doux bruit de nos affreux blasphèmes.
 
Les sanglots des martyrs et des suppliciés
Sont une symphonie enivrante sans doute,
Puisque, malgré le sang que leur volupté coûte,
Les cieux ne s’en sont point encore rassasiés !
 
Ah ! Jésus, souviens-toi du jardin des Olives !
Dans ta simplicité tu priais à genoux
Celui qui dans son ciel riait au bruit des clous
Que d’ignobles bourreaux plantaient dans tes chairs vives,
 
Lorsque tu vis cracher sur ta divinité
La crapule du corps de garde et des cuisines,
Et lorsque tu sentis s’enfoncer les épines
Dans ton crâne où vivait l’immense Humanité ;
 
Quand de ton corps brisé la pesanteur horrible
Allongeait tes deux bras distendus, que ton sang
Et ta sueur coulaient de ton front pâlissant,
Quand tu fus devant tous posé comme une cible,
 
Rêvais-tu de ces jours si brillants et si beaux
Où tu vins pour remplir l’éternelle promesse,
Où tu foulais, monté sur une douce ânesse,
Des chemins tout jonchés de fleurs et de rameaux,
 
Où, le coeur tout gonflé d’espoir et de vaillance,
Tu fouettais tous ces vils marchands à tour de bras,
Où tu fus maître enfin ? Le remords n’a-t-il pas
Pénétré dans ton flanc plus avant que la lance ?
 
– Certes, je sortirai, quant à moi, satisfait
D’un monde où l’action n’est pas la soeur du rêve ;
Puissé-je user du glaive et périr par le glaive !
Saint Pierre a renié Jésus… il a bien fait.
 
Baudelaire_signatur
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La negación de San Pedro

¿Y qué hace Dios de esa riada de anatemas,
que se eleva cada día hacia sus queridos Serafines?
Como un tirano cebado de carne y de vino,
se duerme al dulce sonido de nuestras horribles blasfemias.
 
¡Los llantos de los mártires y de los torturados
son una sinfonía embriagadora sin duda,
puesto que, pese a la sangre que su voluptuosidad cuesta,
los cielos no se han saciado aún!
 
-¡Ah! ¡Jesús, acuérdate del Huerto de los Olivos!
En tu simpleza rezabas arrodillado
al que en su cielo se reía con el sonido de los clavos
que innobles verdugos plantaban en tus vivas carnes,
 
cuando viste escupir en tu divinidad
a la canalla de la guardia y de las cocinas,
y cuando sentiste hundirse las espinas,
en ese cráneo tuyo donde habitaba la inmensa Humanidad;
 
cuando de tu cuerpo roto, la horrible gravedad,
alargaba tus brazos dislocados, cuando tu sangre
y tu sudor corrían por tu frente macilenta,
cuando fuiste colocado ante todos como una diana,
 
¿Soñabas con esos días tan bellos y brillantes
cuando llegaste para cumplir la eterna promesa,
en los que recorrías, subido en una dulce borriquita,
los caminos bordeados de flores y ramos,
 
en los que, el corazón henchido de esperanza y coraje,
fustigabas a todos esos viles mercaderes a brazo partido,
en los que fuiste maestro, en definitiva? ¿El remordimiento
no penetró en tu costado mucho antes que la lanza?
 
-Sin dudarlo, saldré, por mi parte, satisfecho
de un mundo en el que la acción no sea la hermana del sueño;
¡Pueda yo servirme del hierro y a hierro morir!
San Pedro negó a Jesús… ¡Hizo bien!

Traducción y comentarios por: El Exiliado del Mitreo

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"Le Christ au jardín del oliviers" - Gustave Moreau (ca. 1880)

“Le Christ au jardín des oliviers” – Gustave Moreau (ca. 1880)


El Ateo (Nubes)

Hay personas,

Que creen en Dios, pero no en la Iglesia.

Ellos bienaventurados heredarán la Tierra.

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Otros, en cambio,

Creen en la Iglesia, pero no en Dios.

Estos le robarán la herencia a los primeros.

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Yo,

No creo en Dios, tampoco en la Iglesia.

Que se metan la Tierra donde les quepa.

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Yo prefiero

Quedarme con las nubes.

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Por: El Exiliado el Mitreo

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El Estilita

Dicen que San Simeón el estilita permaneció 30 años en lo alto de una columna.

Las gentes de los alrededores acudían a orar junto a él; admiraban  su rudeza y su fe sencilla, propia de los hombres de baja extracción para los que la vida solo encierra trabajo y sufrimiento.

Pronto su fama trascendió allende los mares y las montañas; muchas personas acudían a ser testigos de su devoción y su entrega a Dios. Le traían modestas ofrendas, principalmente agua y algunos alimentos, para que pudiera ir tirando, y siguiera mediante su sacrificio purgando los pecados del mundo.

Algunos, en su osadía se atrevían a pedirle consejo; él dedicándoles a penas una mirada de soslayo, escupía a un lado y seguía meditando. Y todos se admiraban de su sabiduría, pues leían en ese sencillo gesto, que desde su altura escupía a la cara de este mundo ingrato, rechazaba así su sensualidad, la vanidad de la carne destinada a convertirse en polvo.

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San Simeón el estilita permaneció 30 años en lo alto de una columna.

Se había subido a robar huevos, de un nido que estaba encaramado en todo lo alto. En un descuido se le cayó la escalera. Estuvo días solo, pensando en como bajar, y cuando apareció por aquellos lares recónditos, un hombre de aquella comarca que él conocía, por orgullo y por vergüenza no se atrevió a explicarle cual era su situación real.

Guardaba un adusto silencio, porque no sabía qué decir…

Escupía, porque el pan además de rancio, estaba agusanado…

 

 

"Déjalo todo y lleva vida de anacoreta."

 

 

Por: El Exiliado del Mitreo

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Predicar en el Desierto

¡Profeta! ¡Teme a Dios y no obedezcas a los infieles y a los hipócritas! Dios es omnisciente, sabio.

Corán – Sura 33, Aleya 1º

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Es un bello y sano deporte ese de predicar en el desierto. Antaño solía preferir guardar silencio, pero últimamente me ha dado por hablar, aún cuando sé que nadie me va a escuchar.  Será por eso de que quien calla otorga, y yo me he cansado ya de otorgar.

Así que eliges con cuidado la aproximación al tema. Ordenas los argumentos, creando una gradación en función de su contundencia y del efecto que quieres causar. Salpimentas tu disertación con hermosos ejemplos; realizas tu exposición con la entonación y la teatralidad adecuada y…nadie te hace ni puto caso.

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Predicar en el desierto es un arte refinado, no os vayáis a creer. Hay que tener mucho cuidado de que el polvo no se te meta en los ojos. No vaya a ser que cegado como estás, no te percates de que la gente está mirando hacia otro lado, el periódico o el reloj.

Soluciones locales a problemas globales”, es algo que a priori  suena bien, huele bien, y me apostaría una mano a que también tiene buen sabor. El problema es que mucha gente (es posible que la mayoría) quiere que los problemas se los resuelva otro.

De modo que aunque lo ideal sería que la toma de decisiones y la planificación del futuro, se realizara de abajo a arriba, gobernados/gobernantes, siempre se acaba haciendo de arriba a abajo. A esto se añade que en nuestros modernos estados democráticos, la representatividad ha terminado creando una clase aristocrática dirigente, que solo resuelve los problemas que le pueden dar votos a corto plazo.

Y es precisamente ese cortotermismo; sobre el que se asienta, por otro lado, la sociedad de consumo; el que va acabar por convertir la Tierra en un agujero infecto.

l.

Cuando un día ante la barra de un bar, un amigo te dice bastante afectado (o eso parecía), que trabaja en una empresa de armamento, que su empresa vende armas a países del tercer mundo, algunos incluso de muy dudosa reputación. Tú le respondes que la solución es bien sencilla, que busque otro trabajo. Entonces él, totalmente rehecho e incluso un poco ofendido te replica, que es gracias a ese trabajo que puede estar ahora tomando gin-tonics contigo.

Claro, en ese momento te da por pensar que o bien tienes un amigo bipolar, o no estaba tan afectado como parecía…

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Otro día, cuando expones a un grupo de personas las acciones impropias y delictivas de una cierta empresa, una de las mayores contaminadoras del siglo XX, y algunas de esas personas (a las que no se la suda directamente) te dicen que si les ofreciera trabajo esa empresa lo aceptarían porque seguro que tiene que pagar muy bien, pues comienzas a pensar que la gente que te rodea ha vendido su alma al gigante verde o de que tienes el mismo poder de persuasión que un plátano; alargado y amarillo con pintitas negras…

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La cosa sería bien distinta, si me dedicara como el fulano aquel, a amenazar con quemar coranes para conmemorar el 11-S. La prueba está, en que un reverendo que para ser pastor no habrá necesitado más de dos semanas de cursillo por correo electrónico, con una congregación de unas 30 personas de un pueblucho de mierda de Estados Unidos, ha llegado a trascender al circuito de noticias mundial. Que la sandez de ese fanático de bigotazos graciosos, provoque oleadas de indignación en Indonesia es como para quedarse perplejo.

Creo que al final no llegó a quemarlos, pero sinceramente me importa un carajo. Diría que por mí como si se limpia el culo con ellos, pero no lo digo porque sé que hay gente que basa su vida en ese libro. No lo comparto, es más, ni siquiera lo comprendo, pero lo respeto, y así me va…

Qué el mundo se siga moviendo por estas mierdas absurdas, cuando la diferencia entre el Cristianismo y el Islam es de matiz, ambas religiones hacen a los que las practican igual de (in)felices. No tenéis más que leer los libros sagrados, en ambos está la semilla del mal, aunque ambas pretendan ser religiones de paz.

Así que la próxima vez que quiera ser profeta, elegiré una minoría (por ejemplo: los pelirrojos) y les culparé de todos los males…parece que nuestra especie funciona así, queremos que la culpa la tenga siempre otro.


Por: El Exiliado del Mitreo


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Iluminación (I): La Búsqueda

Llegado del páramo, en que solitarios vagan como espíritus los que buscan respuestas, fatigado se sentó a la orilla del mar y se puso a esperar. No sabía muy bien a qué o a quién estaba esperando, pero había caminado mucho para llegar hasta aquel lugar remoto y solitario. Desesperado –tal vez –cansado -sin duda, no se le ocurrió qué más podía hacer.

Permaneció mucho tiempo a la expectativa. Los ojos bien abiertos para no perderse ni el más mínimo detalle. Aguardando un mensaje, una señal de la providencia. Pero al final terminó por cerrarlos y abandonarse al tiempo.

La danza de las mareas mojó mil veces la puntera de sus botas gastadas, siguiendo el ritmo de los ciclos lunares. Las marejadas le salpicaron de espuma y los temporales le cubrieron de algas largas y verdes. El salitre se fue acumulando sobre su piel, llevado por las diminutas gotas de agua que arrastraba la brisa marina. Y así, cada vez más blanco, se fue convirtiendo en una estatua de sal.

El tiempo siguió transcurriendo en efímeros segundos, breves minutos y cortas horas, siguiendo su eterno baile cósmico al compás de la música de las esferas.

Noches y días.

La precesión de los equinoccios.

Pasaron los otoños que arrastraban flamígeras nubes de hojas y los inviernos con sus ocasionales lluvias de escarcha que cubrían la playa de un ligero manto blanco.

Inmutable parecía aquella playa de arenas negras, larga y ancha como un desierto. Un lugar, donde esa inmensidad propia de los sueños, solo se veía rota por la presencia ocasional de algún tronco de árbol roto, despojo del temporal, o el esqueleto de alguna ballena que había buscado el vararse allí para morir. Así era el lugar solitario que el caminante se había dado para morir…o al menos eso había acabado por creer.

La llegada de la luz fue el preludio del cambio.

En la noche cerrada…

(continuará)

Por: El Exiliado del Mitreo.

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Guerre selon Voltaire

“Le merveilleux de cette entreprise infernale, c’est que chaque chef des meurtriers fait bénir ses drapeaux et invoque Dieu solennellement avant d’aller exterminer son prochain.”

Voltaire – Dictionnaire Philosophique

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Desde principios del siglo XVIII Europa era todo un hervidero. En Francia e Inglaterra se había iniciado un movimiento cultural conocido como la Ilustración, que acabaría culminando en la revolución francesa. Como piedra angular de ese movimiento, tenemos D’Alembert y Diderot en pleno proceso de redacción de L’Encycopedie, el ambicioso proyecto de condensar en una única obra todo el saber acumulado por el hombre, de forma a expulsar de una vez y para siempre la ignorancia y la superstición y la barbarie que su existencia conllevaba. Voltaire en cambio, concibió en teoría el “Dictionnaire Philosophique“, como una enciclopedia de bolsillo que reuniese las ideas y creencias fundamentales, que desde siempre habían sido poderosos motores de la humanidad (y digo en teoría, porque como veréis, su obra es mucho más interesante que una simple compilación enciclopédica).

El artículo guerra del Diccionario Filosófico fue el primer texto que leí de Voltaire. No sé qué edad podría tener, quizá unos 15 años (hay que empezar jovencito a leer filosofía, que si no se te entumece el cerebro 😉 ).  Ni siquiera era el texto completo, solo el extracto de la parte más jugosa, pero quedé tan impresionado por su agudeza y mordacidad, por su uso brutal de la ironía para señalar al mundo la estupidez y la maldad del ser humano, que me dije: “Tío, yo de mayor quiero ser como tú”.

Mi pequeño viaje a París, de esta pasada semana santa, fue la oportunidad perfecta para hacerme con esta obra, que es cierto que podría haber encargado en España en alguna librería internacional, pero siempre tendría un regusto mucho más sabroso adquirirla allí…y os aseguro que lo tiene, porque lo compré en la boutique de recuerdos que hay a la salida del Pantheon, aún sobrecogido (y quizás un poco emocionado) tras haber visitado la cripta donde su catafalco tiene un puesto preferente.

Voltaire en la Cripta del Pantheon (París)

"Poeta, historiador, filosofo, engrandeció el espíritu del hombre y le enseñó que tenía el DEBER de ser libre"

Quería compartir con vosotros este articulillo, para que os hicierais una idea de cual es el tono de la obra y así, tal vez, entendierais porqué me gusta tanto. Estuve rebuscando en Internet, a ver si encontraba una traducción al castellano del texto, pero solo logré dar con una y bastante mediocre, así que lo he traducido yo mismo (de modo que si veis algún giro raro o lo que sea no dudéis en decírmelo) . Sin más aquí os dejo con el maestro, ya me diréis qué os parece. No voy a hacer un comentario al final, aunque me gustaría, porque me parece que alargaría demasiado la entrada, prefiero reservar el comentario para más adelante, especialmente si hay respuesta por vuestra parte.

El hambre, la peste y la guerra son los tres ingredientes más célebres de este triste mundo. Dentro del hambre, podemos clasificar todos aquellos malos alimentos a los que la hambruna nos obliga a recurrir, de forma a  abreviar nuestra vida con la esperanza de mantenerla. La peste, comprende todas las enfermedades contagiosas, que ascienden a unas dos o tres mil. Esos dos regalos nos vienen de la Providencia. Pero la guerra, que reúne todos estos dones, viene de la imaginación de tres o cuatrocientas personas esparcidas por la superficie del globo y que llevan el nombre de príncipes o ministros; y es por esa razón, que posiblemente, según algunos formulismos, se les califique de imágenes vivientes de la Divinidad.

Hasta el más motivado de los aduladores estará de acuerdo sin mucho esfuerzo, en que la guerra viene siempre acompañada por la peste y el hambre, a poco que haya echado un vistazo a los hospitales de los ejércitos de Alemania, y que haya pasado por algún pueblo donde se haya tenido lugar alguna hazaña bélica.

Es sin duda un arte muy hermoso este de desolar los campos, destruir las edificaciones y hacer perecer, cada año común, de cuarenta mil hombres a unos cien mil. Este invento fue cultivado primero por naciones congregadas en su conjunto, para su bien común; por ejemplo, la dieta de los Griegos declara a la dieta de  Frígia y de los pueblos vecinos, que va a partir sobre un millar de barcas de pescadores, para ir a exterminarles si puede.

El pueblo de Roma reunido en asamblea, juzgaba que era de su interés ir a batirse antes de la cosecha, contra el pueblo de Veies, o contra los Vosgos. Y algunos años después, todos los Romanos, encolerizados contra todos los Cartagineses, lucharon contra ellos durante mucho tiempo por tierra y agua. Las cosas son muy distintas hoy en día.

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Un genealogista demuestra a un príncipe, que desciende por línea directa, de un conde, cuyos padres habían hecho un pacto de familia hace tres o cuatrocientos años, con una casa de cuya memoria ni siquiera hay ya constancia. Esta casa, tenía lejanas pretensiones sobre una provincia, cuyo último poseedor había muerto de apoplejía: el príncipe y su consejo sin mucha dificultad llegan a la conclusión de que esa provincia le pertenece a él por derecho divino. Esta provincia, que se encuentra a algunos centenares de leguas de él, bien tiene protestar que no le reconoce, que no tiene ninguna gana de ser gobernada por él; que, para dar leyes a las gentes, hay que al menos tener su consentimiento: estas diatribas no solo llegan a los oídos del príncipe cuyo derecho es incontestable. Inmediatamente encuentra a un gran número de hombres que no tienen nada que hacer, ni que perder; los viste de una gruesa tela azul de a ciento diez reales la vara, borda sus sombreros con un grueso hilo blanco, los hace girar a derecha e izquierda, y marcha a la gloria.

Los otros príncipes, que oyen hablar de esta expedición, deciden tomar parte, cada uno según su poderío, y cubren una pequeña extensión del país, de más asesinos mercenarios que Gengis Khan, Tamerlan y Bayaceto arrastraron tras de sí.

Pueblos bastante lejanos oyen decir que va a haber lucha, y que hay cinco o seis reales al día que ganar para el que desee formar parte de la partida: enseguida, se dividen en dos cuadrillas como los segadores, y van a vender sus servicios a cualquiera quiera emplearles.

Estas multitudes se encarnizan las unas contra las otras, no solo sin albergar ningún interés en el asunto, sino sin ni siquiera saber de qué va el tema.

Pueden acabar concurriendo cinco o seis potencias beligerantes, tanto tres contra tres, como dos contra cuatro o una contra cinco, detestándose todas por igual las unas a las otras, uniéndose y atacándose por turnos; todas de acuerdo en un solo punto, el de hacerse el mayor daño posible.

Lo maravilloso de esta empresa infernal, es que cada jefe de los asesinos hace bendecir sus banderas e invoca solemnemente a Dios, antes de ir a exterminar a su prójimo. Si un jefe no ha tenido la suerte de lograr que se degüelle a mas de dos o tres mil hombres, no da gracias a Dios; pero cuando son entorno a diez mil los exterminados por el fuego y el acero, et que como colofón, alguna ciudad ha sido destruida de arriba a abajo, entonces se canta a los cuatro vientos una canción bastante larga, que está compuesta en una lengua desconocida a todos aquellos que han combatido, además de estar toda plagada de barbarismos. La misma canción se emplea en matrimonios y nacimientos, así como para los asesinatos: lo que resulta imperdonable, sobretodo en la nación que es la mas célebre por las canciones nuevas.

La religión natural ha impedido mil veces a los ciudadanos cometer crímenes. Un alma bien nacida carece de la voluntad; un alma sensible se espeluznaría; pues se imagina a un Dios justo y vengador. Pero la religión artificial alienta todas las crueldades que se ejercen en grupo, conjuraciones, sediciones, razzias, emboscadas, asaltos a ciudades, pillajes, asesinatos. Cada uno marcha alegremente al crimen bajo el estandarte de su santo.

En todos sitios se paga a un cierto número de arengadores, para celebrar estas jornadas homicidas; unos van vestidos de un largo saco negro, cargado de un abrigo corto, otros llevan una camisa por encima de un vestido; algunos llevan dos pendones de tela abigarrada por encima de su camisa. Todos hablan largo y tendido; citan lo que antaño se hizo en Palestina, cuando es cuestión de un combate en Veteravia.

El resto del año esas gentes declaman contra los vicios. Demuestran en tres puntos, y por antítesis, que las damas que untan ligeramente sobre sus frescas mejillas un poco de carmín, serán eterno objeto de las eternas venganzas del Eterno; que “Polyeucte” y “Athalie” son obras del demonio; que un hombre que hace que sirvan a su mesa, marisco por valor de doscientos escudos un día de cuaresma, está ganándose sin falta la salvación, y un pobre hombre que come dos reales y medio de oveja se va para siempre a todos los diablos.

De cinco o seis mil declamaciones de esta naturaleza, hay unas tres o cuatro como mucho, compuestas por un galo llamado Massillon, que una persona decente puede leer sin sentirse asqueado; pero en todos estos discursos, no hay ni uno, en el que el orador ose revelarse contra esta plaga y este crimen que es la guerra, que en ella conlleva todos las plagas y todos los crímenes. Los lamentables arengadores hablan sin cesar contra el amor, que es el único consuelo del género humano et la sola forma de redimirlo; no dicen nada de los abominables esfuerzos que nos tomamos por destruirlo.

¡Habéis hecho un sermón bien cruel sobre la impureza, oh Bourdaloue! Pero ninguno, sobre estos asesinatos tan variados en forma, sobre estas rapiñas, sobre estos bandidajes, sobre esta rabia universal que desola el mundo. Todos los vicios reunidos, de todas las edades y de todos los lugares, no igualarían jamás los males que genera una sola campaña.

¡Miserables médicos de almas, clamáis durante cinco cuartos de hora sobre cualquier punta de alfiler, y no decís nada de esta enfermedad que nos desgarra en mil pedazos! Filósofos moralistas, quemad todos vuestros libros. Mientras que el capricho de algunos hombres haga que lealmente se degüelle a millares de nuestros hermanos, el capítulo del género humanos dedicada al heroísmo, será lo que hay de más espantoso en toda la naturaleza.

¿En qué quedan y que importancia tienen la humanidad, la buena voluntad, la modestia, la templanza, la dulzura, la sabiduría, la piedad, mientras que media libra de plomo disparada desde seiscientos pasos me quiebre el cuerpo, y que muera a los veinte años en indescriptible tormento, entre cinco o seis mil  moribundos, mientras mis ojos abriéndose por última vez me muestran la ciudad donde nací destruida por el hierro y la llama, y que los últimos sonidos que lleguen a mis oídos, sean los gritos de mujeres y niños expirando bajo las ruinas, todo por los supuestos intereses de un hombre que ni siquiera conocemos?

Lo peor, es que la guerra es un mal inevitable. Si uno se fija, todos los hombres han adorado al dios Marte: Sabaoth para los Judíos, significa el Dios de las armas; sin embargo Minerva, según Homero, llama a Marte, dios furioso, insensato e infernal.

N.T.: Me he permitido la libertad de traducir “sous”, cuya traducción literal sería posiblemente “sueldos“, por “reales” que es una unidad monetaria antigua de España y que fácilmente puede identificarse como de poco valor. Sin embargo he mantenido la traducción de “ecus”: “escudos”, porque aún no siendo española, para un lector hispano le sonará de un mayor valor.

En lo referente al texto, quería solo comentaros que he traducido la edición de 1765, que es el que viene recogido en mi libro. En mis pesquisas, he descubierto que posteriormente Voltaire lo amplió con un tercer bloque en el que básicamente ponía verde a Montesquieu y su “Espíritu de las leyes” (y no sin razón, el viejo Voltaire tan implacable como siempre…). Si he preferido dejar el texto ahí y no traducir esta última parte, es porque me ha parecido menos interesante y sin duda porque está mucho más descontextualizado.

"Combatió a los ateos y los fanáticos, inspiró la tolerancia y reclamó los derechos del hombre contra las servidumbres del feodalismo"

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Por: El Exiliado del Mitreo

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Dios y/o el Cínico

Dios murió, y al tercer día lo enterramos para que no oliera mal.

Hace ya mucho tiempo que un alemán, cuya misoginia ni siquiera era superada por el tamaño de su desproporcionado bigote; y tened por seguro que bajo la nariz tenía todo un filtro para sopas (me consta, ni un solo fideo le entraba en la boca); había anunciado la muerte de Dios.

Lo hizo por boca de su Zaratustra, pariente lejano de aquel, que en épocas del primer aqueménida; Ciro el grande, conquistador de Babilonia; inventara el concepto de bien y de mal y por extensión el de moral. En su estancia como “invitados de honor” en la gran urbe y según ellos, madre de todas las putas; los hebreos lo añadieron a la Biblia; por aquel entonces, en pleno proceso de redacción; y con los años, de la mano de ciertos profetas mártires, con un buen publicista, llegaría al mundo mediterráneo. Cuando allí, se gozaba de la vida con lamentable amoralidad… los pobres, que mal lo deberían de estar pasando…

Por ello, no es casualidad que fuera el mismo Zaratustra, la persona que eligiera el buen alemán, para anunciar el fin de semejante esperpento…

El hombre había matado a Dios. Eso decía Nietzsche a través del profeta. Como si fuera algo tan sencillo… “Yo te creé y ahora yo te mato”. Pues no, una vez que las ideas brotan como el agua de un manantial, ya no hay quien las pueda volver a meter en el hoyo, aunque bien pueden canalizarse…

Por lo tanto, Dios procedió él mismo a su propia extinción. Según dicen, hizo los honores y se descerrajó un tiro justo en mitad de la Gloria. ¿Que por qué lo hizo? Estas cosas nunca están claras. Es muy difícil saber qué pasa por la cabeza de una persona para que llegue a tomar una decisión así. Los irónicos dirán que vivir una eternidad con un desorden triple de personalidad agota a cualquiera.

En mi humilde opinión, creo que trató de probar suerte con la rueda de la reencarnación. Tiró a ver si en esta vuelta le sonreía la fortuna y renacía en una forma menos conflictiva que le permitiese escapar de la existencia cíclica, del Samsara. Quien puede censurarle, es un fin loable querer alcanzar al fin la iluminación; ver el mundo con los ojos del Alma y tras eso extinguirse para siempre en el Nirvana, fundiéndose con el Todo, o lo que es lo mismo, fundiéndose con la Nada. Pues la Nada, ha sido siempre la excusa perfecta para justificarlo Todo…

Dicen que cuando abrió de nuevo los ojos a la luz, con espanto se dio cuenta de que había renacido con la forma que tenía antes de morir. Se había reencarnado en sí mismo. La existencia es solo una cuestión de Karma…

Por: El Exiliado del Mitreo


Publicado en el número 55 de la revista AWA Marzo de 2010


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