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La gente es extraña cuando eres un extraño

La gente es extraña cuando eres un extraño. Así es cómo se sentía Jim Morrison en 1967. Y así es como me siento yo hoy.

Que extraño es todo lo que me rodea. Colas y colas para comprar un maldito billete de lotería que no les va a tocar. Gente gastando compulsivamente en un intento de ser feliz. Televisiones y sus cánones anoréxicos de belleza. Convenciones sociales y normas absurdas que respetar. Profesores presentándote una vida laboral confinada en una oficina. Tendencias musicales carentes de sentimiento. Publicidad andante que llama a tu casa. El rencor acechando en cada ser etc… Y lo que más me aterra, el aspecto por encima de todo y la predominancia del dinero sobre valores éticos.

Todo me es ajeno. Me rodea pero no llega a atravesarme. Corrientes que fluyen a mi lado mientras yo permanezco en medio, quieta y sin saber que hacer. Tan sólo, en un intento de liberación, mis labios pueden mascullar un ligero “déjadme en paz” a la vez que cierro los ojos y cubro mis orejas con las manos…

Tras muchas horas de reflexión, mi mente consigue fijar una idea. Corta pero contundente. Un letrero de neón que espero que no se apague antes de tiempo. “Aíslate del mundo”.

Pero hasta que llegue ese día, seguiré repitiéndome noche tras noche antes de dormir: “Tranquila Mandioca, mañana será un nuevo día”.

 

 

 

Por: Mandioca

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Recuerdo del Père Lachaise

Ya que muerto el veranito de San Miguel, el otoño ha lanzado sus garras sobre la península, aunque hoy, un engañoso sol haya reemplazado a los chubascos de ayer, destemplado y con los pies helados, me he levantado con ganas de hablaros de un cementerio. No me preguntéis porqué, pero el día lúgubre de ayer me ha impulsado a recuperar un texto que dormía en mi cuaderno de notas desde el marzo pasado.

Creo que ninguna o prácticamente ninguna otra ciudad del mundo, tiene cementerios tan emblemáticos como Paris. Pensé que iba a estar solo aquel sábado gris de marzo pero me equivocaba… los peregrinos están dispuestos a cumplir a rajatabla los ritos y actos litúrgicos exigidos por sus particulares misales, que toman la atractiva forma, ilustrada con fotitos, de guías de Lonely Planet y demás…

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El Père Lachaise. Se oyen croar los cuervos. Abundan por todo París, ya me había llamado la atención, pero aquí se siente mucho más su presencia maldita y amenazadora.  No dejan de mirarte mientras se atusan las plumas, encaramados en lo más alto de los panteones en ruinas.

Ruina, ruinas y más ruinas. Ruinas por todas partes. Hay algunas tumbas nuevas, pero la mayor parte, el tiempo las está reduciendo a ruinas. Gloriosas ruinas, hermosas ruinas cubiertas de musgo y uñas de gato. Los árboles crecen entre ellas; sobre ellas; dentro de ellas, levantándolas, reduciéndolas a escombros. Una simple semillita que el viento arrastra, puede con el tiempo reducir el mármol a polvo.

Melancólica desolación

Croar de cuervos. Parece que te estén esperando. Tal vez creer que tu final vendrá pronto.

Una fina lluvia cae de tiempo en tiempo, reforzando la serena melancolía del lugar.

Cómo me alegro de estar vivo...

La roca pulida, el tiempo la ha erosionado, y con el verdín que ha crecido en los nombres, muchos se han borrado. De esta forma ha desaparecido el último testimonio del paso por esta vida de muchas gentes, que jamás hicieron nada que hiciera que se recordara su nombre, antes de que fueran gravados en la piedra traicionera. Así muera la memoria. Es la muerte de la muerte.

Cómo me alegro de estar vivo.

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He venido a ver a Jim Morrison. Quería ver con mis propios ojos donde descansa el mito; qué es lo queda del genio de versos beat entre psiquedélicos y psicóticos. En el fondo yo también soy un peregrino, aunque yo por lo menos sé quien fue, su música me hace vibrar y me impulsa a mundos lejanos, poblados por amores caníbales, carreteras infinitas y chamanes danzando a la luz de la luna y las estrellas.

James Douglas Morrison 1948-1971 - Fiel a su propio espíritu

Dando vueltas y vueltas acabo dando con su tumba. En el fondo tampoco es muy difícil, basta con seguir a la gente. La hay en abundancia, como he dicho, paseando entre los muertos con un planito en la mano. Llegan, se asoman, intentan ver lo que pone en la lápida y echan la foto de rigor y se marchan…tiempo total trascurrido un minuto y poco. Puedo oír con horror a un chaval preguntar en castellano, que quien este tío… en realidad no tiene la culpa, el producto de este turismo plastificado que te hace hacer cosas que no entiendes.

Desde luego yo tampoco he encontrado lo que buscaba. A diferencia de otros sitios que ansiaba visitar, aquí no he sentido nada en especial. Hay demasiada gente y pese a que quedo sentado un buen rato esperando un momento de calma, este no llega. Aquí no hay nada, solo es una piedra rodeada de idiotas. Creo que Jimmy se merecía algo mejor.

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Sin embargo, perdido, buscando una salida que me lleve a la boca de metro deseada, doy con otra cosa. Os dejo la imágenes…las hice con lágrimas en los ojos y la carne de gallina…al final la visita al Père Lachaise no fue tan infructuosa como me temía. 😀

En memoria de todos los españoles muertos por la libertad

"Esta urna contiene tierra de todos los campos de batalla, así como de los campos de concentración nazis, donde millares de Republicanos Españoles murieron por la libertad"

Por: El Exiliado del Mitreo

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Waiting for the sun…

En los pocos ratos que robo al estudio estaba preparando otro texto para esta semana, pero he vuelto a escuchar el Morrison Hotel de los Doors y me han entrado unas ganas irrefrenables (o más) de recuperar este textito que escribí hace un par de años. ¿La relación? Pues que es un texto inspirado por una canción de ese disco.

Bueno, malo o regular, aquí os lo dejo en una versión nueva, corregida y aumentada:

A Jimmy, in memoriam.

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“At first flash of Eden, we race down to the sea.

Standing there on freedom’s shore.”

La calida voz del rey lagarto inundaba mi habitación. Cada palabra, cada sílaba, era una campanada que reverbera en mis oídos. Cada una de ellas, una onda del caudaloso y misterioso río que brotaba del altavoz y se vertía acariciante dentro de mí. Sus ecos profundos e inmortales son como un tiro descerrajado en la cabeza. Siento como irradian una verdad tan absoluta, clara, cristalina, serena, siento como me atraviesan de parte a parte.

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“Can you feel it, now that spring has come,

that it’s time to live in the scattered sun.”

Amigo –pienso entonces para mí –Donde tu cuerpo ha fracasado, ahora corrupto y reducido a polvo, en un decadente cementerio de París, tu voz ha triunfado, inmutable y pura a pesar del tiempo, proclamando una y mil veces la llegada de la primavera.

“Waiting,

waiting,

waiting,

waitiiing”

Sobre tus versos no puede depositarse el polvo, ni una de esas máculas que arrastra el viento del olvido. Restallan límpidos y claros, como si los estuvieses cincelando en un muro, como las olas batiendo los acantilados. Exudando toda su tristeza, toda su melancolía y ausencia.

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Su voz acogedora es como el anuncio profético de un clarividente arúspice.

“Waiting for you to come along”

Ya no puede tardar mucho. De hoy seguro que de hoy no pasa –me digo, mientras escruto el teléfono que se burla con su silencio de mí.

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“Waiting for you to hear my song”

Mi canción muere antes siquiera de que mis labios lleguen a articularla. Mi lengua enmudece antes de de haber comenzado a danzar en la boca y mi garganta, ronca y seca, no logra reunir el valor ni para susurrar tu nombre.

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“Waiting for you to come along”

Ven, te necesito. Sin ti la vida será aún más insoportable. Más vacía. Necesito de tu soledad, para que venga a superponerse a la mía.

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“Waiting for you to tell me what went wrong.”

Lo sabemos. Ambos sabemos que es lo que no funcionó… aunque el ciego orgullo y ese sádico placer que sentimos al hacernos daño nos impida reconocerlo.

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“This is the strangest life I’ve ever known.”

Nunca habrá nada igual a esto. Nunca volverá a producirse este extraño eclipse que nos ha reunido.

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“Waiting for the sun.

Waiting for the sun.

Waiting for the sun.”

Así, alargo mi mano hasta el teléfono, que reposa irónico junto a mi cama. Pero mis dedos huyen de él, como si fuera incandescente. “Mañana,… aguanta hasta mañana –me prometo –o si no, el mañana de mañana…prefiero seguir esperando a que regrese el Sol”

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Por: El Exiliado del Mitreo


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