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La gente es extraña cuando eres un extraño

La gente es extraña cuando eres un extraño. Así es cómo se sentía Jim Morrison en 1967. Y así es como me siento yo hoy.

Que extraño es todo lo que me rodea. Colas y colas para comprar un maldito billete de lotería que no les va a tocar. Gente gastando compulsivamente en un intento de ser feliz. Televisiones y sus cánones anoréxicos de belleza. Convenciones sociales y normas absurdas que respetar. Profesores presentándote una vida laboral confinada en una oficina. Tendencias musicales carentes de sentimiento. Publicidad andante que llama a tu casa. El rencor acechando en cada ser etc… Y lo que más me aterra, el aspecto por encima de todo y la predominancia del dinero sobre valores éticos.

Todo me es ajeno. Me rodea pero no llega a atravesarme. Corrientes que fluyen a mi lado mientras yo permanezco en medio, quieta y sin saber que hacer. Tan sólo, en un intento de liberación, mis labios pueden mascullar un ligero “déjadme en paz” a la vez que cierro los ojos y cubro mis orejas con las manos…

Tras muchas horas de reflexión, mi mente consigue fijar una idea. Corta pero contundente. Un letrero de neón que espero que no se apague antes de tiempo. “Aíslate del mundo”.

Pero hasta que llegue ese día, seguiré repitiéndome noche tras noche antes de dormir: “Tranquila Mandioca, mañana será un nuevo día”.

 

 

 

Por: Mandioca

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En el Mitreo

Desconozco si es una buena idea comenzar algo nuevo a partir de algo viejo. En todo caso, desde que me propuse empezar con esto, tenía muy claro que el primer texto que debía colgar sería este…Es una elección totalmente inconsciente y no sabría explicar cual es el caprichoso principio en el que se fundamenta… Quizás sea por tratarse de una especie de declaración de principios, o tal vez porque lo escribí en una etapa de mi vida que no he superado hasta hace escasos meses (ahora lo sé. ¡Ya estoy fuera!), o puede que se deba un poco, a ese reflejo que hace que  antes de dar un salto (al vacío), a uno le guste echar la vista atrás, y fijándose en éxitos pasados, tomar fuerzas para seguir adelante y progresar…

Bueno, no me enrollo más y ahí va el post inaugural de este blog:


Hace mucho tiempo que mi alma ya no abandona el mitreo. Aquí en la oscuridad se está a gusto. Uno se siente bien en la humedad de esta caverna, se siente reconfortado con la sensación de seguridad que da el saber que hay varios metros de tierra sobre tu cabeza. Es un poco como volver al vientre materno, pensadlo, en el fondo tampoco es tan disparatado. Los hombres que existieron mucho antes que nosotros, hombres que vivían mirando al cielo y cavando el suelo, siempre habían querido ver en la tierra a una madre. Pero nosotros hemos sido más listos y para que no nos nuble la vista la hemos cubierto oportunamente de asfalto y hormigón.

Cuando salía de mi catacumba buscando el sol no lo encontraba, y en su lugar es la luz de los neones la que me deslumbra. Las luces de la ciudad, diréis. Y yo digo sí y no: las luces de la sociedad. Dicen que hace siglos (me temo que demasiados pocos) que la esclavitud ha sido abolida en el mundo occidental. ¡Que grotesca ironía encierran estas palabras! Pues en el fondo solo somos libres nominalmente, únicamente han cambiado las condiciones de nuestra servidumbre.

Creemos que nos hemos librado de los viejos grilletes: la religión, el estado…, que necedad, es que acaso no sufrimos la presión de nuevas ataduras que han surgido para sustituir a las viejas herrumbrosas. ¿O es que no reconocéis en el mercado de consumo al patrón que desde mediados del siglo XX nos bendice con las cadenas que agradecidos nos colgamos? Prácticamente nada ha cambiado, porque en realidad todo esto no son más que síntomas de un mismo mal.

¿Nunca habéis tenido la sensación de no ser más que un títere que camina por sendas que otros le han marcado? El hecho es que la sociedad nos condiciona, nos moldea y nos uniformiza, y lo hace mucho más de lo que queremos reconocer. La Sociedad: el bien pensar, el bien hacer, delimitada por los severos prejuicios que separan el bien del mal. Ese mar de prejuicios sobre el que la humanidad flota. Ese mar que se torna tormentoso para hacer naufragar a todos aquellos que se atreven a navegar a contracorriente. ¡Qué difícil es salirse del redil! ¿O acaso hay muchos que os atrevéis a actuar de forma distinta a lo que se espera de vosotros?

Por favor, no quiero que penséis que es a vosotros a quienes increpo, vosotros, que estáis teniendo la bondad de leer este texto, aunque puede que más de uno se haya dado por aludido. No, en el fondo me increpo a mi mismo. Pero no podéis ni imaginaros (o tal vez sí) lo difícil que es sobrevivir sin enloquecer, cuando una parte de ti te dice “¡Habla!” y la otra “¡Calla!”, cuando una te sugiere la sensata sumisión, mientras la otra te grita “REBELION”.

Sabed que aquí, en el corazón de la tierra, soy libre, y mientras bajo el sol tiro del arado, uncido por un yugo que aprieta como un diablo, en la sombra, mi voluntad grita. Aúlla al viento: “Tendrán mi esfuerzo, pero jamás, jamás doblegarán mi espíritu”.

Por: el Exilado del Mitreo

Ganador del segundo premio del concurso de relato corto AWA 2007-08



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