Guerre selon Voltaire

“Le merveilleux de cette entreprise infernale, c’est que chaque chef des meurtriers fait bénir ses drapeaux et invoque Dieu solennellement avant d’aller exterminer son prochain.”

Voltaire – Dictionnaire Philosophique

.

Desde principios del siglo XVIII Europa era todo un hervidero. En Francia e Inglaterra se había iniciado un movimiento cultural conocido como la Ilustración, que acabaría culminando en la revolución francesa. Como piedra angular de ese movimiento, tenemos D’Alembert y Diderot en pleno proceso de redacción de L’Encycopedie, el ambicioso proyecto de condensar en una única obra todo el saber acumulado por el hombre, de forma a expulsar de una vez y para siempre la ignorancia y la superstición y la barbarie que su existencia conllevaba. Voltaire en cambio, concibió en teoría el “Dictionnaire Philosophique“, como una enciclopedia de bolsillo que reuniese las ideas y creencias fundamentales, que desde siempre habían sido poderosos motores de la humanidad (y digo en teoría, porque como veréis, su obra es mucho más interesante que una simple compilación enciclopédica).

El artículo guerra del Diccionario Filosófico fue el primer texto que leí de Voltaire. No sé qué edad podría tener, quizá unos 15 años (hay que empezar jovencito a leer filosofía, que si no se te entumece el cerebro😉 ).  Ni siquiera era el texto completo, solo el extracto de la parte más jugosa, pero quedé tan impresionado por su agudeza y mordacidad, por su uso brutal de la ironía para señalar al mundo la estupidez y la maldad del ser humano, que me dije: “Tío, yo de mayor quiero ser como tú”.

Mi pequeño viaje a París, de esta pasada semana santa, fue la oportunidad perfecta para hacerme con esta obra, que es cierto que podría haber encargado en España en alguna librería internacional, pero siempre tendría un regusto mucho más sabroso adquirirla allí…y os aseguro que lo tiene, porque lo compré en la boutique de recuerdos que hay a la salida del Pantheon, aún sobrecogido (y quizás un poco emocionado) tras haber visitado la cripta donde su catafalco tiene un puesto preferente.

Voltaire en la Cripta del Pantheon (París)

"Poeta, historiador, filosofo, engrandeció el espíritu del hombre y le enseñó que tenía el DEBER de ser libre"

Quería compartir con vosotros este articulillo, para que os hicierais una idea de cual es el tono de la obra y así, tal vez, entendierais porqué me gusta tanto. Estuve rebuscando en Internet, a ver si encontraba una traducción al castellano del texto, pero solo logré dar con una y bastante mediocre, así que lo he traducido yo mismo (de modo que si veis algún giro raro o lo que sea no dudéis en decírmelo) . Sin más aquí os dejo con el maestro, ya me diréis qué os parece. No voy a hacer un comentario al final, aunque me gustaría, porque me parece que alargaría demasiado la entrada, prefiero reservar el comentario para más adelante, especialmente si hay respuesta por vuestra parte.

El hambre, la peste y la guerra son los tres ingredientes más célebres de este triste mundo. Dentro del hambre, podemos clasificar todos aquellos malos alimentos a los que la hambruna nos obliga a recurrir, de forma a  abreviar nuestra vida con la esperanza de mantenerla. La peste, comprende todas las enfermedades contagiosas, que ascienden a unas dos o tres mil. Esos dos regalos nos vienen de la Providencia. Pero la guerra, que reúne todos estos dones, viene de la imaginación de tres o cuatrocientas personas esparcidas por la superficie del globo y que llevan el nombre de príncipes o ministros; y es por esa razón, que posiblemente, según algunos formulismos, se les califique de imágenes vivientes de la Divinidad.

Hasta el más motivado de los aduladores estará de acuerdo sin mucho esfuerzo, en que la guerra viene siempre acompañada por la peste y el hambre, a poco que haya echado un vistazo a los hospitales de los ejércitos de Alemania, y que haya pasado por algún pueblo donde se haya tenido lugar alguna hazaña bélica.

Es sin duda un arte muy hermoso este de desolar los campos, destruir las edificaciones y hacer perecer, cada año común, de cuarenta mil hombres a unos cien mil. Este invento fue cultivado primero por naciones congregadas en su conjunto, para su bien común; por ejemplo, la dieta de los Griegos declara a la dieta de  Frígia y de los pueblos vecinos, que va a partir sobre un millar de barcas de pescadores, para ir a exterminarles si puede.

El pueblo de Roma reunido en asamblea, juzgaba que era de su interés ir a batirse antes de la cosecha, contra el pueblo de Veies, o contra los Vosgos. Y algunos años después, todos los Romanos, encolerizados contra todos los Cartagineses, lucharon contra ellos durante mucho tiempo por tierra y agua. Las cosas son muy distintas hoy en día.

.

Un genealogista demuestra a un príncipe, que desciende por línea directa, de un conde, cuyos padres habían hecho un pacto de familia hace tres o cuatrocientos años, con una casa de cuya memoria ni siquiera hay ya constancia. Esta casa, tenía lejanas pretensiones sobre una provincia, cuyo último poseedor había muerto de apoplejía: el príncipe y su consejo sin mucha dificultad llegan a la conclusión de que esa provincia le pertenece a él por derecho divino. Esta provincia, que se encuentra a algunos centenares de leguas de él, bien tiene protestar que no le reconoce, que no tiene ninguna gana de ser gobernada por él; que, para dar leyes a las gentes, hay que al menos tener su consentimiento: estas diatribas no solo llegan a los oídos del príncipe cuyo derecho es incontestable. Inmediatamente encuentra a un gran número de hombres que no tienen nada que hacer, ni que perder; los viste de una gruesa tela azul de a ciento diez reales la vara, borda sus sombreros con un grueso hilo blanco, los hace girar a derecha e izquierda, y marcha a la gloria.

Los otros príncipes, que oyen hablar de esta expedición, deciden tomar parte, cada uno según su poderío, y cubren una pequeña extensión del país, de más asesinos mercenarios que Gengis Khan, Tamerlan y Bayaceto arrastraron tras de sí.

Pueblos bastante lejanos oyen decir que va a haber lucha, y que hay cinco o seis reales al día que ganar para el que desee formar parte de la partida: enseguida, se dividen en dos cuadrillas como los segadores, y van a vender sus servicios a cualquiera quiera emplearles.

Estas multitudes se encarnizan las unas contra las otras, no solo sin albergar ningún interés en el asunto, sino sin ni siquiera saber de qué va el tema.

Pueden acabar concurriendo cinco o seis potencias beligerantes, tanto tres contra tres, como dos contra cuatro o una contra cinco, detestándose todas por igual las unas a las otras, uniéndose y atacándose por turnos; todas de acuerdo en un solo punto, el de hacerse el mayor daño posible.

Lo maravilloso de esta empresa infernal, es que cada jefe de los asesinos hace bendecir sus banderas e invoca solemnemente a Dios, antes de ir a exterminar a su prójimo. Si un jefe no ha tenido la suerte de lograr que se degüelle a mas de dos o tres mil hombres, no da gracias a Dios; pero cuando son entorno a diez mil los exterminados por el fuego y el acero, et que como colofón, alguna ciudad ha sido destruida de arriba a abajo, entonces se canta a los cuatro vientos una canción bastante larga, que está compuesta en una lengua desconocida a todos aquellos que han combatido, además de estar toda plagada de barbarismos. La misma canción se emplea en matrimonios y nacimientos, así como para los asesinatos: lo que resulta imperdonable, sobretodo en la nación que es la mas célebre por las canciones nuevas.

La religión natural ha impedido mil veces a los ciudadanos cometer crímenes. Un alma bien nacida carece de la voluntad; un alma sensible se espeluznaría; pues se imagina a un Dios justo y vengador. Pero la religión artificial alienta todas las crueldades que se ejercen en grupo, conjuraciones, sediciones, razzias, emboscadas, asaltos a ciudades, pillajes, asesinatos. Cada uno marcha alegremente al crimen bajo el estandarte de su santo.

En todos sitios se paga a un cierto número de arengadores, para celebrar estas jornadas homicidas; unos van vestidos de un largo saco negro, cargado de un abrigo corto, otros llevan una camisa por encima de un vestido; algunos llevan dos pendones de tela abigarrada por encima de su camisa. Todos hablan largo y tendido; citan lo que antaño se hizo en Palestina, cuando es cuestión de un combate en Veteravia.

El resto del año esas gentes declaman contra los vicios. Demuestran en tres puntos, y por antítesis, que las damas que untan ligeramente sobre sus frescas mejillas un poco de carmín, serán eterno objeto de las eternas venganzas del Eterno; que “Polyeucte” y “Athalie” son obras del demonio; que un hombre que hace que sirvan a su mesa, marisco por valor de doscientos escudos un día de cuaresma, está ganándose sin falta la salvación, y un pobre hombre que come dos reales y medio de oveja se va para siempre a todos los diablos.

De cinco o seis mil declamaciones de esta naturaleza, hay unas tres o cuatro como mucho, compuestas por un galo llamado Massillon, que una persona decente puede leer sin sentirse asqueado; pero en todos estos discursos, no hay ni uno, en el que el orador ose revelarse contra esta plaga y este crimen que es la guerra, que en ella conlleva todos las plagas y todos los crímenes. Los lamentables arengadores hablan sin cesar contra el amor, que es el único consuelo del género humano et la sola forma de redimirlo; no dicen nada de los abominables esfuerzos que nos tomamos por destruirlo.

¡Habéis hecho un sermón bien cruel sobre la impureza, oh Bourdaloue! Pero ninguno, sobre estos asesinatos tan variados en forma, sobre estas rapiñas, sobre estos bandidajes, sobre esta rabia universal que desola el mundo. Todos los vicios reunidos, de todas las edades y de todos los lugares, no igualarían jamás los males que genera una sola campaña.

¡Miserables médicos de almas, clamáis durante cinco cuartos de hora sobre cualquier punta de alfiler, y no decís nada de esta enfermedad que nos desgarra en mil pedazos! Filósofos moralistas, quemad todos vuestros libros. Mientras que el capricho de algunos hombres haga que lealmente se degüelle a millares de nuestros hermanos, el capítulo del género humanos dedicada al heroísmo, será lo que hay de más espantoso en toda la naturaleza.

¿En qué quedan y que importancia tienen la humanidad, la buena voluntad, la modestia, la templanza, la dulzura, la sabiduría, la piedad, mientras que media libra de plomo disparada desde seiscientos pasos me quiebre el cuerpo, y que muera a los veinte años en indescriptible tormento, entre cinco o seis mil  moribundos, mientras mis ojos abriéndose por última vez me muestran la ciudad donde nací destruida por el hierro y la llama, y que los últimos sonidos que lleguen a mis oídos, sean los gritos de mujeres y niños expirando bajo las ruinas, todo por los supuestos intereses de un hombre que ni siquiera conocemos?

Lo peor, es que la guerra es un mal inevitable. Si uno se fija, todos los hombres han adorado al dios Marte: Sabaoth para los Judíos, significa el Dios de las armas; sin embargo Minerva, según Homero, llama a Marte, dios furioso, insensato e infernal.

N.T.: Me he permitido la libertad de traducir “sous”, cuya traducción literal sería posiblemente “sueldos“, por “reales” que es una unidad monetaria antigua de España y que fácilmente puede identificarse como de poco valor. Sin embargo he mantenido la traducción de “ecus”: “escudos”, porque aún no siendo española, para un lector hispano le sonará de un mayor valor.

En lo referente al texto, quería solo comentaros que he traducido la edición de 1765, que es el que viene recogido en mi libro. En mis pesquisas, he descubierto que posteriormente Voltaire lo amplió con un tercer bloque en el que básicamente ponía verde a Montesquieu y su “Espíritu de las leyes” (y no sin razón, el viejo Voltaire tan implacable como siempre…). Si he preferido dejar el texto ahí y no traducir esta última parte, es porque me ha parecido menos interesante y sin duda porque está mucho más descontextualizado.

"Combatió a los ateos y los fanáticos, inspiró la tolerancia y reclamó los derechos del hombre contra las servidumbres del feodalismo"

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Guerre selon Voltaire by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.

Acerca de Exiliado del Mitreo

Hago muchas cosas, pero principalmente me gusta pensar que soy un tipo que a veces escribe... Ver todas las entradas de Exiliado del Mitreo

2 responses to “Guerre selon Voltaire

  • sinBalas

    Sublime, educacional, Voltaire en la Cripta del Pantheon (París), “Poeta, historiador, filosofo, engrandeció el espíritu del hombre y le enseñó que tenía el DEBER de ser libre”, como te envidio este artículo para mi es una cascada de enseñanza educacional aunque parezca redundante, es como volver a estudiar aquellos días de flojera innata, toda un artículo filosófico, gracias por tu aporte a la educación.

  • Fer

    Me ha dejado boquiabierto, no me extraña que siendo un infante (aunque ya tendrías una barbaca) este extracto te marcara, a mí especialmente lo hace el penúltimo párrafo. Sublime la traducción también, uno echa de menos el (poco) francés que aprendió en el colegio y que figura como un falso B1 en su CV; me llama la atención que ‘prochain’ sea ‘prójimo’ (o vecino) y ‘prochaine’ sea ‘próximo’. Si cabe, me han dado más ganas de retomar esta lengua. ¡Gracias!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: