Archivo de la etiqueta: Sobrevivir

Extraño

Se vistió con la camisa de la víspera; como el despojo de un naufragio, yacía tirada en mitad del salón. El tejido al ser agitado inundó sus fosas de olor a ella.

Mientras tomaba un café que acababa de servirse de la cafetera aún borboteante, se puso a mirar distraídamente fotografías en las que no se reconocía.

.

Antes de salir, pasó a la habitación a darle un beso de buenos días. Ella sonrió entre murmullos perezosos.

Era pronto, apenas amanecía sobre la cúspide de los edificios altos.

Así tenía que ser; uno debía recogerse -junto a huella de su paso -antes de que llegase el otro, y partir en la madrugada como un extraño…

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Extraño by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at Exiliado.del.Mitreo@gmail.com.

Anuncios

Incertidumbre


Mete un gato en una caja

Y tendrá un principio.

Solo el fin del Todo

Le pondrá fin.

 

Nunca podrás saber

Por donde te saltará la liebre.

 

A veces es solo cuestión

De esperar,

Pero la espera

“It’s just the hardest part”

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Incertidumbre by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Almendros en Flor

La ciudad encarna para mucha gente una rutina cruel e intolerable. El pestilente humo de los coches, la prisa, el ruido, la constante invasión de nuestro espacio vital por parte de desconocidos que nos cierran el paso en las escaleras mecánicas, o nos empujan sin querer por la calle o en el metro…

Sin embargo, creo que hay cientos, miles de motivos a lo largo del día para no darse a la desesperación.  Puede ser el gesto altruista de un desconocido que desatasque las puertas de un vagón de metro para que podamos entrar; o la sonrisa de un bebe que nos contempla desde su carrito con ojillos curiosos; hay momentos que incluso ves algo tan atípico, que no puedes hacer otra cosa sino emocionarte. Un día estaba dando un paseo por la parte más remota y despoblada de mi barrio; un parque empresarial rodeado de autopistas y vías de ferrocarril; una urraca, majestuosa en su plumaje negro y blanco con ornamentos azul metálico, estaba dando caza a un joven gorrión. El córvido era enorme comparado con el pajarillo, no sé si os hacéis una idea de la desproporción de tamaños; todo indicaba que sus días estaban contados. De repente sucedió algo que hizo que me preguntara si no estaba soñando; como salidos de la nada, una muchedumbre de gorriones, pequeñitos y marrones, rodearon a la urraca. No se podría decir que la atacaran –que iban a hacer ellos tan pequeños, contra aquel monstruo ávido  de sangre –pero me pareció el ejemplo más admirable de resistencia pasiva que he visto en mi vida. Se limitaron a apabullarla con su número, a piar furiosos contra aquella injusticia manifiesta, a seguirla allí donde iba en persecución de su compañero. Al final, la urraca abrió su majestuoso plumaje al viento y se largó con viento fresco de allí, dejando a la pequeña criaturilla con sus compañeros… ¿Qué tontería, no? Pero aquella victoria, que ni siquiera era mía, me produjo una incontenible sensación de orgullo y no pude parar de sonreír como un idiota todo el camino.

Es cierto que los hechos puntuales como este, aunque hermosos y en ciertos casos bastante perturbadores, no dejan de ser eso: hechos puntuales, que exigen que estemos en el lugar correcto, en el momento oportuno. De modo que mientras esperamos el milagro, la súbita iluminación, tampoco está de más que encontremos la belleza en la repetición de lo irrepetible, como es la constatación del transcurso infinito de las estaciones. En mi caso, ver que han florecido los almendros me alegra el día, no lo puedo evitar, será que me recuerdan a mi tierra. Contemplo su ciclo anual cada día, pues en mi trayecto del portal al metro hay varios y algunos más en las inmediaciones, y esa súbita explosión de actividad primaveral aún en pleno invierno me hace sonreír. La vida no es tan mala después de todo, por mucho que la gente diga.

Detrás, al otro lado de la calle, veo la carcasa azabache del viejo almendro de Hortaleza, mucho más viejo que yo, mucho más viejo que cualquier otro ser viviente del barrio. Tras una larga agonía, creo que el año pasado nacieron de él las últimas hojillas verdes; ni siquiera llegaron a ver la llegada del otoño. No sé si el gigante está dormido o si aquel tímido alarde fue su canto postrero a la vida, antes de que abandonase para siempre su espíritu su esqueleto lignificado. No es una tragedia, creedme, no lo es. Junto a mi casa hay dos almendritos, nacidos hace muchos años de este padre anciano –hay uno que yo mismo vi nacer cuando era pequeño y jugaba en el parque cada tarde –sin duda de almendras que chavales al salir del colegio jugaban a lanzarse y la buena suerte dejo en un lugar propicio para su germinación. Hoy esos almendros se elevan un par de metros del suelo y puede que aquellos críos sean padres a su vez. Como veis, todo cambia y todo sigue igual aunque diferente a sí mismo.

 

La belleza de la vida está ahí afuera, brillando en todo su esplendor, para aquel que esté dispuesto a sacar los ojos del acenagado asfalto.

No podrán vencernos.

El otro, cómo está al sol, va más avanzado y ya ha tirado casi todas las flores y han empezado a brotarle las hojas.

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Almendros en Flor by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


¿Lloras?

La poesía es siempre una mierda, pero tiene su público (entre otros, yo). Aquí os dejo un poema que a lo mejor hasta os gusta y todo, vosotros diréis.

 

¿Por qué te haces preguntas

Y lloras? (pequeña)

¿Por qué?

¿Por qué no haces como el resto?

 

Acabarás por ahí,

de copas con Sócrates.

No se debe ser incómodo.

Mejor cállate y asiente.

Como mucho piensa en otra cosa

(si aún sabes).

 

Alístate en el ejército de los muertos,

Viste todos los árboles de invierno,

Pide la vez para el festín de los cuervos

Roba al niño Jesús de los Nacimientos,

Sigue la ruta que te han marcado.

No vale mirar a los lados,

Ni hacia atrás.

 

¿Aún te resistes?

Ya te rendirás

Mañana.

Imagen gentilmente cedida por "A4-Autovía del Sur" (http://www.flickr.com/photos/autoviadelsur/)

 

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
¿Lloras? by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


La gente es extraña cuando eres un extraño

La gente es extraña cuando eres un extraño. Así es cómo se sentía Jim Morrison en 1967. Y así es como me siento yo hoy.

Que extraño es todo lo que me rodea. Colas y colas para comprar un maldito billete de lotería que no les va a tocar. Gente gastando compulsivamente en un intento de ser feliz. Televisiones y sus cánones anoréxicos de belleza. Convenciones sociales y normas absurdas que respetar. Profesores presentándote una vida laboral confinada en una oficina. Tendencias musicales carentes de sentimiento. Publicidad andante que llama a tu casa. El rencor acechando en cada ser etc… Y lo que más me aterra, el aspecto por encima de todo y la predominancia del dinero sobre valores éticos.

Todo me es ajeno. Me rodea pero no llega a atravesarme. Corrientes que fluyen a mi lado mientras yo permanezco en medio, quieta y sin saber que hacer. Tan sólo, en un intento de liberación, mis labios pueden mascullar un ligero “déjadme en paz” a la vez que cierro los ojos y cubro mis orejas con las manos…

Tras muchas horas de reflexión, mi mente consigue fijar una idea. Corta pero contundente. Un letrero de neón que espero que no se apague antes de tiempo. “Aíslate del mundo”.

Pero hasta que llegue ese día, seguiré repitiéndome noche tras noche antes de dormir: “Tranquila Mandioca, mañana será un nuevo día”.

 

 

 

Por: Mandioca

Licencia de Creative Commons
La gente es extraña cuando eres un extraño by Maje Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at mjmontes@hotmail.com.


Hay Días

 

Hay días,

en los que la vida

te pesa insoportablemente;

.

Días,

en los que todos los años

que tienes,

se te echan encima

y miedo te da

pensar qué pasará

cuando esos años sean más

.

Esos días amanecen nublados,

con el ceño fruncido,

con dolor en la úlcera

y angustia en las entrañas.

.

Hay días de esos

de vez en cuando,

cada vez menos,

pero siempre

uno más.

.

Y lo único que te alivia

en esos días

de mierda,

es el pensar

que esos días

pasan…

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Hay Días by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


November Rain; el mundo a través de mi espejo retrovisor

No dejaba de pensar en ella.

No podía apartar la vista de la huella intangible que ella había dejado en su memoria. Algunas veces le resultaba algo incluso viciado; como cuando te cruzas con alguien con alguna notoria tara física y no logras impedir que tus ojos se dirijan una y otra y otra vez, hacia ella…

Lo cierto, es que cuando miraba en su interior, veía que era más un hueco y una paradoja, que una huella propiamente dicha…

¿La paradoja?

Pues que curiosamente, la sensación de vacío que experimentaba hacia que se sintiera bien; mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo.

 

Ángeles de luz corrían fugaces por los espejos como estrellas de Bethléem. Se arrastraban por el asfalto, para guiar a través de la lluvia los coches que circulaban por el carril que aún iba fluido y que como siempre, no era el suyo.

 

Pensaba en lo bien que había estado con ella, y en lo mucho mejor que estaba ahora que ella no estaba; que le había dejado.

 

Lo complacía el relajante sonido, que hacía la lluvia al estrellarse en la carrocería del coche.

Lo cierto es que la lluvia siempre le había encantado, fuera cual fuera el momento del día o de la noche en que llegara.

 

La lluvia es como el consolamentum de los perfectos cátaros, que lava todas las penas y todas las culpas.

Sentía que una parte de él se había agotado, posiblemente la misma sensación que deben tener las velas cuando han quemado todo el cordón y se ha consumido toda la parafina. Era una agradable sensación de ausencia y de vacío.

 

Las lunas, delantera y trasera, competían entre ellas por ver cuál iba a estar más empañada.

<De momento la trasera iba ganando>

Un embotellamiento matutino, escondido tras un filtro de vaho y lluvia, tiene un fantasmagórico aspecto, más propio del sueño y de la irrealidad, que de la dolorosa vigilia…


De todas formas el encantamiento siempre acaba por romperse y uno vuelve a darse de bruces con un mundo que difícilmente puedes cambiar…a corto plazo.

Es todo un atentado contra la moral y el buen gusto atreverse a soñar e ir por ahí de enamorado como un vulgar adolescente.

Sonaba November Rain en la radio, y en su interior chocaban las ganas de ironizar sobre la obviedad que acababa de perpetrar el locutor con el evidente placer que le producía escuchar un tema tan bueno.

 

Miró adelante y atrás, como para cerciorarse de que el atasco en el que estaba atrapado no se había disuelto durante su ensoñación como por ensalmo. Dirigió la vista al fin hacia la ventanilla del acompañante, donde tras una trama de gotitas de lluvia, se extendían campos del color del otoño y un poco mas lejos, llegando al horizonte, empezaba Madrid.

Sonrió para sí, puede que amargamente (o tal vez no), y pensó en lo estúpido que era estar encerrado en aquel cubículo de vidrio y acero aquella mañana lluviosa de Noviembre, dirigiéndose a un trabajo monótono y rutinario, en lugar de perderse por entre los terraplenes y la tierra inculta…en libertad…

 

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
November Rain; el mundo a través de mi espejo retrovisor by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


A %d blogueros les gusta esto: