Archivo de la etiqueta: Crónica

Stockholm Artic Suite

En Estocolmo, llegándose el invierno, brilla un sol crepuscular desde el amanecer.

Se mantiene siempre cercano a la línea del horizonte, como si temiera helarse y caer a plomo de elevarse más en el cielo.

 

Es cierto que Estocolmo no está en el polo Norte. Como todas las grandes ciudades de Escandinavia, se encuentra bastante meridional y junto al mar. De modo que no quiero ni imaginarme lo que debe ser la auténtica noche perpetua y su característico sol de medianoche.

Dudo que las auroras boreales, provocadas por la incidencia del viento solar sobre la ionosfera terrestre, puedan suplir con su belleza la falta de luz total. Cada vez más me doy cuenta que soy como las plantas, que necesito luz solar para vivir en condiciones.

 

El clima forja el carácter; no me extraña que a los suecos les dé por el Metal Extremo y el suicidio.

Antaño les dio por lanzar incursiones sobre los países del Sur, bien fueran a sangre y fuego o comerciales. Estas últimas dieron por fruto la creación de principados mestizos varego-eslavos entorno a los principales centros comerciales, como Novgorod o Kiev, que fueron el germen del pueblo ruso. Suele decirse que no hay mal que por bien no venga; cuando se habla de historia lejana suele ser así.

 

Aún sueño con esa meseta nevada. Un páramo blanco; mucho más brillante de noche que de día, debido a la iluminación artificial.

En verano una pradera tal vez, en un invierno una playa, un desierto, en el que la brisa glacial  levanta granitos de nieve suelta que forma dunas, ondulaciones, acumulándose en las pequeñas protuberancias del terreno.

Aquella llanura, aquella brisa que me escarchaba la barba, remplazará la imagen que tengo del infierno en mis pesadillas.

Lo curioso es que la nieve allí no se apelmaza, ni se congela formando resbaladizas placas de hielo que dificulten transitar por las calles  como en Madrid (que para lo poco que nieva, hay que ver lo que molesta), sino que de queda suelta y móvil, y caminar sobre ella es como andar por la playa…aunque con botas y dos calcetines, en vez de descalzo o en chanclas.

Además, para combatir la compactación, se esparcen en los lugares de paso piedrecitas, gravilla que tiene un efecto parecido al de ponerle cadenas a los neumáticos de los vehículos, lo que mejora bastante la adherencia.

Y esa es otra, impacta la indiferencia al clima, tanto de los transeúntes como de los conductores. No ya que nos miren pensando “¡Qué turistas!”, cuando combatimos a bolazos por los lugares más insospechados de Estocolmo, sino que horrorizado vi chicas en minifalda y un chico en camiseta y con el abrigo abierto, cuando yo debajo de los vaqueros llevaba la ropa interior más grande y calentita que encontré por casa…

¿Inmunes al frío? No creo que sea eso; están acostumbrados eso es cierto, lo que les hace proyectar esa imagen de indiferencia, pero creo que el secreto es que ellos no permanecen en la calle horas y horas como mis amigos y yo, a temperaturas que en ningún caso subieron de los -6ºC y llegaron a los -11ºC…normal que se nos helase hasta el alma…

 

Una bella puesta de sol a la una del mediodía.

 

He creado un set con las mejores fotos del viaje en mi renovada cuenta de flickr. Aquí os dejo el link para que echeis un ojo, iré subiendo más hasta cubrir las 18 máximas que imponen los de flickr 😉 :

http://flickr.com/gp/mitraista/1YX8X2

 

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Stockholm Artic Suite by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.

Anuncios

El zascandil o De botellón en Cáceres

Este es un textillo que escribí casi por completo mientras desayunaba en la plaza mayor de Cáceres, durante mi reciente viaje a primeros de este mes, y está dedicado a mi buen amigo Naked Saturn y a su chica, Irene 😉

.

-Hijo, ¿Y qué has hecho en Cáceres?

-Pues mama, cosas que nunca hago en casa,…como ir a un macrobotellón en un descampado de las afueras.

 

 

Debería de haberle dicho también, bajarme a la plaza mayor a desayunar como un príncipe (porque este desayuno deja muy por detrás, incluso el nivel de señorito de provincias).

Como un puñetero príncipe, tendríais que verlo; no digo más, que el olorcillo que sale del jamón embadurnado en aceite de oliva virgen, no me deja concentrarme del todo en lo que estoy escribiendo. Además, llevo un buen rato comiendo y esto no se acaba, no digo nada y lo digo todo.

Y esto mejora por momentos, porque acaba de salir el sol por entre las almenas de la ciudad vieja y está dando de plano en mi mesita de la terraza.

Podría ponerme a hacer metáforas sobre el carro de Apolo, el Astro Rey y toda esa hostia, pero lo que en realidad querría decir, es que no se puede estar mas a gusto en la vida, poco más o menos, y diciéndolo tal cual creo que se me va a entender mejor.

Bueno, si algo lo afea, es que no me he bajado gafas de sol y algo de fotofobia sí que tengo…es lo que tiene el beber; ya veis que el título de la entrada va cobrando sentido…porque de eso quería hablar; del botellón.

Para los que sean de fuera de España, hacer botellón consiste en ir al supermercado, comprar algunas (o muchas, según la sed que se tenga, jajaja, ¡mentira!) botellas de bebidas espirituosas (qué bonito palabro), alguna que otra de refresco para mezclar, vasos de plástico y toneladas de hielo. Una vez ejecutada esta primera etapa, la siguiente, y mucho más interesante, consiste en bebérselo socialmente en algún parque o plaza (cada vez menos, por las leyes anti-botellón que se han ido imponiendo en todos lados) o en su defecto, en algún lugar habilitado para ello (normalmente alejado del núcleo urbano), hasta que el cuerpo aguante o hasta que salga el sol por donde quiera.

El alcohol es el catalizador de las relaciones sociales humanas. Te libra de hablar de cosas demasiado profundas o demasiado tiempo, sin por ello dejar de parecer interesante y/o simpático.

La verdad que después de los primeros momentos de “¿Qué hago yo aquí?” Y “Soy demasiado viejo  para esto” (aunque era más bien Naked Saturn el que se sentía más perdido; a mí me tiran contra un muro y me quedo pegado), mi buen amigo el Bourbon se encargó de allanarme el camino.

Desayuno de príncipes por 5€ está bastante bien (estoy pagando ya para volverme a casa de mi colega). Se hubiese ganado un “muy bien”, de haber sido más grande el café (o más barato), pero lo cierto es que yo soy muy de tanque de café por las mañanas, así que supongo que será más bien cosa mía…

Como iba diciendo, el Bourbon hizo que enseguida empezara a pasármelo bien, aunque cómo ya he comentado, en general suelo pasármelo bien en cualquier lado si estoy de humor o el ambiente no es especialmente hostil. Un aliciente adicional es estar rodeado de chicas, que con el alcohol van soltándose (en plan bien) y se vuelven más simpáticas y extrovertidas.

Cómo dijo mi buen amigo Naked Saturn, por cortesía del cual estoy ahora zascandileando por Cáceres, esto de los botellones es como para hacer un estudio antropológico. Desde luego, no me considero lo suficientemente formado para llevar a cabo tal estudio, pero creo que puedo permitirme el dejar algunos apuntes, al margen de los ya realizados, como modesto observador y participante de tal evento.

Posiblemente, lo que más escandalizara a Naked Saturn,  es que la gente se pusiese sus mejores galas para reunirse en un descampado a beber alcohol barato (o caro como nosotros) en vasos de plástico. Añadamos que las mejores galas femeninas, suelen elevar al cubo las de los chicos; la verdad, había algunas chicas que parecía que iban de boda. ¿Acudía la gente al botellón más arreglada que en Madrid? Pues debo decir que sí tuve esa impresión. Es pura especulación, pero me atrevería a decir, que puesto que en Madrid hay muchas más oportunidades de ocio, este tipo de acontecimientos sociales ha perdido ese carácter ritual que aún se le confiere en Cáceres. Porque lo que está claro, es que en una ciudad pequeña y con fuerte población universitaria este tipo de eventos anuales (para el caso, el principio de curso) son todo un acontecimiento social. Por esa razón, y al ser una ciudad pequeña, donde es posible conocer a un gran número de personas en persona y/o de vista, se precisa vestir las mejores galas como signo de estatus así como de integración en el grupo.

Así que en conclusión , podríamos decir de además las funciones habituales, como la sociabilización fuera del marco cotidiano o la necesidad de exhibición ante posibles parejas, el engalanamiento aquí tiene por función el exhibirse ante sus semejantes.

 

Como no hice ninguna foto en el botellón, pongo una de la plaza mayor en la que me he tomado un desayuno cojonudo. 😉

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
El zascandil o De botellón en Cáceres by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


A %d blogueros les gusta esto: