Archivo de la etiqueta: París

La chocita del Rey Sol

 

"¡El estado soy yo!"

 

Para Anita que está gozando de las nubes en el país del Rey Sol.

.

De nuevo recurro a mis notas. No es que ande falto de ideas, es más, tengo más ideas que tiempo para materializarlas, pero anteayer estuve mirando las fotos que tomé en Paris esta pasada Semana Santa, y mi corazón me pidió escribir algunas reflexiones sobre Versailles. Tenéis que entenderlo, a mi pobre corazón le digo tantas veces que no, que cuando me pide un caprichito tan pequeño, estoy obligado a decirle que sí…

En realidad como mis notas no me convencen demasiado, me parecen demasiado descriptivas y el objeto de este artículo no es el de servir de guía turística. Así que creo que voy a improvisar; ya veremos qué sale de esto…espero que nada bueno.

.

Debo empezar diciendo que Versalles es un lugar muy impresionante…daos cuenta, que esta aseveración tiene si cabe aún más fuerza, viniendo de una persona que no siente un especial interés por los palacios ni en general por ese arte neoclásico que es tan típico de los Borbones. Hay cosas que no es fácil explicar porqué no te gustan; una iglesia románica o gótica me parece maravillosa, una del siglo XIXº me parece aborrecible, me encantan los castillos, pero los palacios me dejan frío; qué le vamos a hacer, en términos generales tengo esas manías.

.

El palacio fue expoliado durante la revolución, su mobiliario fue vendido y actualmente se encuentra esparcido por media Europa. Versalles sufrió de abandono durante muchos años, pues nadie quería hacerse cargo del símbolo supremo del Absolutismo (aunque Napoleón tomara como residencia el más modesto Grand Trianon, también en el recinto de Versalles), se habló de demolerlo, hasta que Louis Philippe d’Orleans, el conocido como rey burgués, lo convirtiera en el palacio de la reconciliación nacional y/o museo de las “Glorias de Francia”.

Es por eso que resulta bastante complicado hacerse una idea del aspecto que debía tener en tiempos de Louis XIV. Hay alas enteras del château, que están completamente convertidas en museo. En ese sentido resulta incluso más impresionante que la construcción en sí misma, la tarea historicista del siglo XIXº; en la sala de las batallas, en pinturas de escala superior a la natural se narran las grandes victorias del reino de los francos, desde Carlos Martel enfrentándose a los musulmanes en Poitiers, hasta las victorias más sonadas del Emperador y terminando con la entrada de Luis Felipe en París y el perdón de los conflictos del pasado. En las columnas, los nombre de todos los generales, mariscales, almirantes etc… de Francia, junto a la batalla y la fecha en que habían dado la vida por la Patria…en fin, que los historiadores debieron de tener trabajito durante muuuchos años.

Me habían dicho que el salón de los espejos, es interesante visitarlo en un día soleado (por razones obvias). No tuve opción a eso; tuve un tiempo parisino toda mi estancia y el día que decidí colarme en un tren para Versalles, el cielo estuvo bien nublado toda la mañana.  No es que me decepcionara, pero debo decir que me lo imaginaba mucho más grande…para ser sincero, no entendí muy bien de donde viene su fama si no es de los muy numerosos hecho históricos que han tenido lugar en él, como la proclamación del IIº Reich alemán o de la firma del tratado de Versalles que puso fin a la primera guerra mundial… pero estas no son razones estéticas y la mayor parte de la gente, tiene de estos un vago conocimiento (por decir algo). Es verdad que el entarimado es fantástico, pero lo es el de todo el palacio; y los espejos… la verdad que me gustaron y me horrorizaron… como buenos espejos antiguos de metal bruñido, el oxido los ha empañado de modo que tu reflejo es una forma fantasmal no exenta de cierta poesía… me horrorizó mucho, muchísimo, que generaciones de turistas hubiesen grabado sus nombres en ellos…no tiene nombre (si lo tiene, pero no quiero llenar el blog de palabrotas).

Detalle de la célebre galería de los espejos.

Mi reflejo fantasmal en un espejo ancestral (jejeje, qué tontería)

Salí del palacio con la sensación agridulce que suelen producirme todos los palacios y con la reflexión del ingeniero hidráulico, Sexto Julio Frontino, dándome vueltas en la cabeza.

Frontino fue un simple ingeniero que ocupó el cargo de curator aquarum (magistrado de las aguas) de la ciudad de Roma en tiempos del emperador Trajano.  Pero en su tratado sobre el cuidado y diseño de las instalaciones hidráulicas, hablaba en estos términos del pragmatismo de la civilización romana:

“Comparad si os parece, con las pirámides ociosas o bien con las inútiles aunque famosas obras de los griegos, las enormes proporciones de los tan necesarios acueductos.”

Louis XIV os recibe en el antepatio de armas del palacio con cuya construcción arruinara a su país...

Versalles me parece un completo y absurdo despilfarro de los bienes del estado. Louis XIV lo construyó con la sola intención de demostrar su poder y riqueza, en una época donde se entendía que la riqueza del reino era la del rey.

De modo que se construyó la choza con dinero que no era suyo, que había caído en sus manos vía impuestos y que en vez de revertir en beneficio de la nación en su conjunto a través de obras públicas, lo había despilfarrado hipotecando el futuro de su propia dinastía.

Si os fijáis, él, que había sido el buque insignia del Absolutismo europeo, sin quererlo, comenzó a cavar la tumba de esa manera de hacer las cosas. Su amor por el lujo y la ostentación y sus incesantes aventuras militares (para ayudar a sufragar los gastos de algunas guerras, tuvo incluso que vender algunas piezas de oro y plata del palacio), dos fuentes de gasto que no contribuyen en nada al desarrollo de un país, llevaron a su nieto, en el espacio de solo dos generaciones a verse son el cuello tendido en el cadalso de la plaza de la Revolución (hoy plaza de la Concordia); las ganas de cambio por parte de una burguesía culta y rica y de un campesinado que lo pasaba muy mal, hicieron el resto y dispararon la hoja de la guillotina.

.

El palacio puede ser hermoso en su esencia, pese a que al estar vacío y haber perdido su función primigenia, no sea fácil verlo en su correcta perspectiva artística. Aunque como ya dije al principio, el amaneramiento y la ostentación del neoclasicismo, no me acaba de convencer.

En cuanto a su contexto histórico, me parece un derroche deleznable, por parte de un tipo que se creía que el estado era él, pero que no se preocupó de evitar caer en deudas que lo pudieran llevar a tambalearse hasta los cimientos.

 

Louis XIV aplastando a sus enemigos en el Salón de la Guerra...no se había dado cuenta que él era el peor enemigo de su país.

Mención aparte merecen los jardines, de los que hablaré en un PROXIMO ARTÍCULO.

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons

La chocita del Rey Sol by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.

Anuncios

Recuerdo del Père Lachaise

Ya que muerto el veranito de San Miguel, el otoño ha lanzado sus garras sobre la península, aunque hoy, un engañoso sol haya reemplazado a los chubascos de ayer, destemplado y con los pies helados, me he levantado con ganas de hablaros de un cementerio. No me preguntéis porqué, pero el día lúgubre de ayer me ha impulsado a recuperar un texto que dormía en mi cuaderno de notas desde el marzo pasado.

Creo que ninguna o prácticamente ninguna otra ciudad del mundo, tiene cementerios tan emblemáticos como Paris. Pensé que iba a estar solo aquel sábado gris de marzo pero me equivocaba… los peregrinos están dispuestos a cumplir a rajatabla los ritos y actos litúrgicos exigidos por sus particulares misales, que toman la atractiva forma, ilustrada con fotitos, de guías de Lonely Planet y demás…

.

El Père Lachaise. Se oyen croar los cuervos. Abundan por todo París, ya me había llamado la atención, pero aquí se siente mucho más su presencia maldita y amenazadora.  No dejan de mirarte mientras se atusan las plumas, encaramados en lo más alto de los panteones en ruinas.

Ruina, ruinas y más ruinas. Ruinas por todas partes. Hay algunas tumbas nuevas, pero la mayor parte, el tiempo las está reduciendo a ruinas. Gloriosas ruinas, hermosas ruinas cubiertas de musgo y uñas de gato. Los árboles crecen entre ellas; sobre ellas; dentro de ellas, levantándolas, reduciéndolas a escombros. Una simple semillita que el viento arrastra, puede con el tiempo reducir el mármol a polvo.

Melancólica desolación

Croar de cuervos. Parece que te estén esperando. Tal vez creer que tu final vendrá pronto.

Una fina lluvia cae de tiempo en tiempo, reforzando la serena melancolía del lugar.

Cómo me alegro de estar vivo...

La roca pulida, el tiempo la ha erosionado, y con el verdín que ha crecido en los nombres, muchos se han borrado. De esta forma ha desaparecido el último testimonio del paso por esta vida de muchas gentes, que jamás hicieron nada que hiciera que se recordara su nombre, antes de que fueran gravados en la piedra traicionera. Así muera la memoria. Es la muerte de la muerte.

Cómo me alegro de estar vivo.

.

He venido a ver a Jim Morrison. Quería ver con mis propios ojos donde descansa el mito; qué es lo queda del genio de versos beat entre psiquedélicos y psicóticos. En el fondo yo también soy un peregrino, aunque yo por lo menos sé quien fue, su música me hace vibrar y me impulsa a mundos lejanos, poblados por amores caníbales, carreteras infinitas y chamanes danzando a la luz de la luna y las estrellas.

James Douglas Morrison 1948-1971 - Fiel a su propio espíritu

Dando vueltas y vueltas acabo dando con su tumba. En el fondo tampoco es muy difícil, basta con seguir a la gente. La hay en abundancia, como he dicho, paseando entre los muertos con un planito en la mano. Llegan, se asoman, intentan ver lo que pone en la lápida y echan la foto de rigor y se marchan…tiempo total trascurrido un minuto y poco. Puedo oír con horror a un chaval preguntar en castellano, que quien este tío… en realidad no tiene la culpa, el producto de este turismo plastificado que te hace hacer cosas que no entiendes.

Desde luego yo tampoco he encontrado lo que buscaba. A diferencia de otros sitios que ansiaba visitar, aquí no he sentido nada en especial. Hay demasiada gente y pese a que quedo sentado un buen rato esperando un momento de calma, este no llega. Aquí no hay nada, solo es una piedra rodeada de idiotas. Creo que Jimmy se merecía algo mejor.

.

Sin embargo, perdido, buscando una salida que me lleve a la boca de metro deseada, doy con otra cosa. Os dejo la imágenes…las hice con lágrimas en los ojos y la carne de gallina…al final la visita al Père Lachaise no fue tan infructuosa como me temía. 😀

En memoria de todos los españoles muertos por la libertad

"Esta urna contiene tierra de todos los campos de batalla, así como de los campos de concentración nazis, donde millares de Republicanos Españoles murieron por la libertad"

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Recuerdo del Père Lachaise by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Crónica de un Viaje (II)

Domingo 28 de Marzo

3º Parte: Alzando el vuelo

Kilómetros y kilómetros de pista van quedando atrás. Así como los minutos que se hacen infinitos, eternos.

Sobre una colina, una cruz gigantesca se acuesta. Qué falta de tacto, pienso distraídamente, que te recuerden un accidente aéreo justo cuando tu avión va a despegar.

Una brusca aceleración y….el cacharro se eleva de la tostada tierra de España, para recibir el abrazo del aire.

En su ascenso, las urbanizaciones y pueblos se van quedando más y más abajo. Las colas de pantano Surcan la tierra como cometas. Son colmillos aguzados, las montañas, que desgarran la bruma. Ríos de asfalto serpentean entre ellas y entre las lindes, que parcelan en mosaico la tierra a nuestros pies. Entonces como si fuéramos en alas de un pez volador, rompemos la superficie infinita del mar de nubes. Ahora, a perder de vista, solo hay cúmulos algodonosos de aspecto casi comestible.

El Sol no puede resistir la tentación de curiosear en el interior del aparato. Se asoma por el ojo de buey que hay a mi derecha. No es que esté sucediendo nada interesante. La tripulación sirve el desayuno a quien se lo pide. Pero el Sol no se desanima y me obliga a cegarlo (para que no me ciegue él a mi) bajando la persiana hasta la mitad.

Veo por un instante crestas nevadas y después el mar de nubes de nuevo, igualmente níveo. El Sol, recién levantado, hace que brille como una extraña escultura globular de plata bruñida.

Bajo la persiana y cierro los ojos para tratar de engañar al tedio. Pero es imposible dormir, demasiada cafeína. Es la droga que mejor me define. A todo esto, los dos litros de café con leche que he tomado, empiezan a apretarse en la vejiga. Habrá que darles paso, y así aprovecho para estirar  las piernas. La cabina del retrete es infinitesimal, no puedo sino admirar a la gente que se lo monta en los baños de los aviones. Hacinamiento de categoría Tetris y confor nulo, a la par que tienes a las azafatas sentadas junto a la puerta…

Tras vaciar el depósito, empieza a darme hambre. Sí, sé que no tiene nada que ver, pero que la vamos a hacer, soy así… Hay que seguir el principio de conservación de la masa…las gallinas que entran por las que salen…La Física manda.

Los niños que ocupan los otros dos asientos que hay junto al mío no paran de estornudarme y toserme encima. Como también estoy acatarrado, dispongo de carta blanca para socializar gérmenes con ellos. Y dad por sentado que no me privé.

La verdad que son dos niños muy monos. Franceses. La cría de unos seis años, pecosa, con ojos azules, del color de la mar embravecida, preciosos. El niño es más pequeño, tendrá unos tres años o cuatro. A ratos le descubro mirándome muy serio mientras escribo. Le digo algo en francés, y se me quedan los dos mirando muy severos, los ojos abiertos de par en par, como dos lechuzas de las nieves. Qué éxito –pienso –solo faltaría que empezasen a gritar que les quiero secuestrar –así que me sumerjo de nuevo a ratos entre la lectura y la escritura.

Roncan a mí alrededor. No sé como lo hacen, porque el asiento es demasiado incómodo hasta para estar sentado más de media hora…es lo que tienen los vuelos baratos…Como dice mi padre: “Cuando la merluza entra en la casa del pobre, es que uno de los dos está malo”.

Subo la persiana e intento adivinar por donde vamos. Es imposible saberlo, abajo solo se ve brillar el infinito. En algún momento, por donde clarean las nubes, me parece ver que estamos volando sobre el mar. Por la hora que es, debemos de estar dejando atrás España, si no la hemos dejado ya. Una lástima, me hubiese gustado ver los Pirineos desde arriba, aunque lo más probable es que no se los sobrevuele, como ya he dicho, parece que estamos volando sobre el mar.

Tras un rato que me parece sorprendentemente breve, se oye la voz metálica del comandante. Está diciendo algo en un extraño intento de inglés. Creo que dice que vamos a aterrizar en quince minutos.

Entonces el avión empieza a virar para enfilar el aeropuerto Charles de Gaule. Nos sumergimos en las entrañas del mar de nubes. Entre los rasgados jirones de agua en suspensión, se ven campos verdes, bosques oscuros y grandes pueblos y ciudades. El Sena o alguno de sus afluentes culebrea, verde sobre verde. Volamos vertiginosamente hacia París. Quedan atrás polígonos industriales, campos surcados por la huella del arado, granjas, abadías y pueblecitos de tejados rojos de dos aguas.

Llegamos. La pista está en la trayectoria descendente del aparato.

Nos acercamos.

Nos acercamos…

Y al fin… ¡La tierra!

Tras un vuelo de escasamente una hora, ya estoy en la capital francesa, con nueve días por delante para conocerla y que con suerte me abra sus secretos…

Por: El Exiliado del Mitreo

Creative Commons License
Crónica de un Viaje (II) by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Crónica de un viaje (I)

Creo que ya ha llegado el momento de ir pasando a limpio las notas que fui tomando durante mi reciente viaje a París, ya han madurado suficiente en su cuaderno 😉 .

Esta semana empiezo con el madrugón y la espera en la terminal…sin duda uno de los lugares más deprimentes del mundo junto con la sala de espera de cualquier hospital, un velatorio o una sala de detención:

.

A fecha de:…demasiado pronto, los relojes no empiezan a trabajar hasta dentro de un par de horas…

1º Parte: En el suburbano.

Vagón de los sueños que apuñalas las entrañas de Madrid con nocturnidad y alevosía.

Voy con los ojos abiertos del color de la madrugada.

En el andén, trajes de fiesta, párpados pesados, olor a combustible en los estómagos, que escapa por las bocas que bostezan. Acentos extraños en voces roncas por el humo y el frío de la noche. A estas horas la fiesta bien se cambia por una cama.

Por otro lado maletas y risas, de los que no han podido (porque no les han dejado) esperar al alba para emprender camino.

Permanezco de pie todo el camino apoyado contra una las puertas, ya estaré sentado un rato suficientemente largo durante el vuelo. El desayuno llama a la puerta del estómago por haber tenido que tomarlo casi sin tiempo para coger aire.

Aquí estoy al fin. Las semanas previas veía este día como algo irreal. Emprendo camino con la sola compañía de una libreta en blanco, comprada para la ocasión, y a Hemingway en el bolsillo, que ya es más que los bostezos y el tedio que acompaña a muchos en este tren…

.

2º Parte: La Terminal.

El metro llega a su destino, donde sobre la meseta solitaria, la terminal se extiende como un lagarto gigante de acero y hormigón armado echado al sol.

En sus entrañas una infinitud de pasillos a media luz por donde deambular.

Almas solitarias, a veces en grupo o en pareja, otras como yo, con la única compañía de si mismos. Pero en definitiva todos caminando igual de solos cargando con sus equipajes, extraños en esta inmensidad, desarraigados de dondequiera que pertenezcamos.

Mi equipaje pesa como el plomo. Es una maleta pequeña, compacta, de cuero marrón. Parece recién salida de los años 30’. Es como si el propio Hemingway, harto de la sangre de los toros hubiera decidido cambiarlos por un tiempo por los distinguidos cafés parisinos. Sonrío para mí mismo por la comparación.

Tras una eternidad de pasillos y más pasillos, arribo hasta el control. Pensaba que esto no iba a acabar nunca, pero el largo paseo me ha acabado de despejar. Mejor, prefiero estar bien despierto cuando debo pasar un control.

En realidad no es que sienta rechazo hacia la autoridad, sencillamente me molestan las cosas que me vienen impuestas porque sí, cuando resulta obvio que escapan a toda lógica o que la lógica primigenia por las que fueron puestas en marcha, hace tiempo que se haya en el cajón del olvido.

Menos mal que en Barajas el control es un mero trámite y no es que se desgañiten en explorar todas las posibilidades existentes en la creación para esconder un arma (real o imaginaria).

Tras mi paso fugaz por el control y unos breves minutos de duda hasta lograr discernir por qué puerta sale mi vuelo, me llego hasta allí y me pongo en cola. Una de las cosas buenas de vivir a 15min en metro del aeropuerto, es que no tienes que madrugar tanto para poder llegar con el margen justo de tiempo a la apertura de puertas. Esto te ahorra mucho rato de espera en este lugar, que me repugna tanto como un hospital.

En esta clase de colas se conoce a mucha gente interesante,…pero también a mucho imbécil, y cuando se trata de París y en vísperas de Semana Santa, la apuesta era segura. El tipo que había detrás de mí, estuvo a un pelo de recibir un (merecido) maletazo de cuero en plena jeta, a ver si eso le incitaba a cerrar la boca, ya que ni su madre ni su hermana eran capaces de hacerle callar. Lo cierto es que en un principio, ellas tampoco me inspiraron especial simpatía, pero las compadecí al instante en cuanto llegó él. Ya se sabe: “Otro vendrá que bueno te hará” (nota: era estudiante de ingeniería y presumía de ello…por sus actos les conoceréis…). Como podréis imaginar tuve buen cuidado de sentarme lo más lejos posible de aquel bocazas idiota. Aunque por otro lado, no dudo de la gran importancia de su existencia para el orden cósmico, ya que sirven para dar valor al concepto de silencio.

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Creative Commons License
This work by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


A %d blogueros les gusta esto: