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Nihil (3)

Lunes 25 de Septiembre                                                  9:00 am

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Hace mucho que no publico nada por aquí, demasiado sin duda. Aunque igual, no me disculpo, he estado haciendo otras cosas y aunque escribir no ha sido lo que más he hecho, he estado publicando algunas cosillas aquí: http://laletrasalvaje.wordpress.com/, un blog colectivo, con visos de convertirse algún día en una publicación, quién sabe… el tiempo lo dirá.

Vuelvo con uno de estos textos algo nihilistas, de estos que escribo cuando estoy algo quemado con la actitud de mis conciudadanos. Esta vez con los llamados medios de comunicación, que hacen a las mil maravillas de cuarto poder –y viendo como se ejerce el poder en este país, está claro que no es un halago. Contra ellos, lo cierto es que mi descontento es algo crónico, especialmente con la televisión, que tiende a ser con bastante diferencia el menos riguroso –sí, aunque hay prensa escrita que vaya tela, ya –pero bueno, creo que es una perogrullada decir que en general el rigor periodístico va tendiendo a cero, conforme el tiempo avanza –que vamos de mal en peor, vamos, al menos en lo que respecta a los medios de mayor difusión –pero no sé, ya digo que últimamente ha habido un par de casos (al menos) que he encontrado ya demasiado sangrantes. Típicos ejemplos de noticias nimias, infladas hasta lo aberrante, que se han visto retroalimentadas grotescamente por el morbo que incitan en el común de la gente.

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Una de ellas es la del Ecce Homo de Borja. Una mujer mayor de este pueblecito aragonés, con más buena voluntad que conocimiento, desgració una pintura mural sin más mérito que el de ser figurativamente bonita y tener ciento y pico años. Salió en los medios a bombo y platillo, lo que atrajo a curiosos y a más medios y ya como culmen a este efecto bola de nieve, en un canal de televisión de Estados Unidos, hasta montaron un sketch al respecto –y sin querer ser suspicaz, me pregunto si no había cierta perpetuación de clichés racistas, en todo el cachondeíto este que se trajeron algunos en la comunidad internacional.

El caso es que cazurros que no han pisado un museo en su vida, recorren media España para hacerse una foto con el monigote, como si con reírse se de su ignorancia no tuviesen bastante. Nuestro patrimonio cultural y artístico se cae a pedazos porque no hay dinero para mantenerlo –coincide que esta semana se ha anunciado que Cultura ha sufrido el recorte más escalofriante de la historia de la democracia –pero cuando la cofradía, hermandad o lo que sea, que es dueña del templo, decide sensatamente cobrar un euro por ver el pintarrajo ese, en pocas semanas, son miles y miles los que recauda. Pero a la cadena de despropósitos aún no se le ha puesto el último eslabón, que va; ahora, sesudos abogados debaten bizantinamente si la buena mujer, que lo que debería haber hecho es quedarse quietecita, puede o no pedir el cobro de derechos de autor por su chapuza… una ración de “cuanto peor, mejor”, ya veis.

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El siguiente caso es si cabe mucho más sangrante, porque el escarnecimiento público al que se ha visto sometida una mujer, prácticamente sin motivo alguno, es a mi juicio indignante. Supongo que todos los residentes en España sabrán a qué me refiero; no voy a nombrar a la chica, ni voy a citar el nombre del pueblo de donde es concejala por el partido socialista; ya ha sido bochornoso en demasía como la pobre fue lanzada a la picota con total impunidad por los “informadores”.

Muy resumida, la historia es la siguiente; esta chica –de de cuyo nombre no quiero acordarme –de treinta y pocos años, mandó a un amigo –un chico de su pueblo aunque algo más joven –un clip de vídeo grabado con el móvil, en el que aunque solo se la aprecie desnuda de ombligo para arriba, claramente puede interpretarse que se está masturbando. El chico, como buen caballero (¡Y una mierda!), hizo lo propio en estos casos –fardar de ello –y el vídeo en poco tiempo acabó en la Red, a la vista de todo el mundo. Mal, ¿verdad? pero no por ella obviamente, sino por él que se comportó como un auténtico montón de mierda. Por lo demás, el hecho de que la chica esté casada, es irrelevante a mi entender; el que le pasara el dichoso vídeo al amiguete ese, es una cuestión que solo a su pareja atañe y la morbosa opinión pública –cuya mierda parece que no huele –en todo caso, a lo que debería de haberse dedicado es a abominar de el comportamiento del indiscreto fulano.

Pero no, después de estar como un mes o dos el vídeo circulando por Internet, cuando ya todo el pueblo sabía de su existencia, salta la “noticia” –lo entrecomillo, porque ni es noticia ni hostias –a los medios de comunicación de cobertura nacional, que como buitres a la carroña o moscas a la mierda, se vuelcan sobre el pueblecito toledano… a hacer “su trabajo”. La concejala entonces, ante el escándalo, comienza a plantearse el si dimitir o no dimitir. Se celebra entonces un pleno extraordinario del ayuntamiento para tratar el tema, en el que ella finalmente retira su carta de dimisión voluntaria –supongo que en vista del apoyo por parte de muchos políticos y personas en general, entre ellos un servidor. El dichoso pleno, que no pasaría de noticia curiosa de ámbito local o a lo sumo regional, tuvo una cobertura mediática, que ríanse ustedes de cualquier acto de investidura de un nuevo gobierno en cortes. Y por parte de la gente del pueblo… bueno, digamos que les faltó a algunos presentarse ante el ayuntamiento con horcas y antorchas…

Al cabo de los días: Nada. Ningún seguimiento de la noticia, porque está claro que aquello NO era noticia. De todas formas, el daño ya estaba hecho, porque el tratamiento que se dio al asunto por parte de las cadenas de televisión fue rapaz, morboso y humillante, plantándose incluso ante la puerta de su casa, a preguntar al marido si tenía que decir al respecto… me pregunto si se hubiese dado el mismo tratamiento a la noticia de haber sido un hombre el onanista.

Esta conducta basuril en los medios, vino acompañada de los típicos juicios de moral por parte de los omnitertulianos de televisión y se extendió, por supuesto, entre la ciudadanía en general. Y no me disgusta tanto la caza de brujas a la que la sometió alguna gente de su pueblo. No, porque entiendo que en los pueblo, donde todo el mundo se conoce, hay mucho de todo y bien seguro que las marujas que la llamaban “puta” a la puerta del pleno, lo hacían en satisfacción de viejas rencillas –sí, sí, soy deliberadamente indulgente con esas mezquinas cristianas de pro, que hubiesen apedreado a la Magdalena, y a Cristo también por no apartarse. Lo que sin embargo no me alcanza el esófago para tragarlo, es toda esa gente que se encarama tan seria a lo alto de un pedestal, para pontificar sobre la moral y las buenas costumbres, sin tener ni puta idea de lo que va la copla –¿Y si resulta que la concejala y su marido son una pareja liberal? ¿Y si ellos con el chico hacen tríos? ¿Y si…? ¡A saber! Y en realidad, como ya he apuntado antes, esto es algo que solo a la pareja atañe.

Históricamente los cuernos siempre han dado risa cuando no es a uno a quien se los ponen; es evidente que en todo el revuelo levantado por este caso, hay algo de esto. Se junta que la chica es hermosa y que ostenta un cargo público; la triada del morbo. Así que ya digo, entiendo el chismorreo; y si los medios de comunicación hacen de altavoz, entiendo que ese chismorreo cunda por la geografía española como la pólvora. Puedo entender la virulencia, los insultos rabiosos, que están ligados seguramente a la envidia más que a otra cosa. Pero con lo que no puedo, lo que me repugna sobremanera, es toda esa gente que aprovecha momentos como estos para darnos a todos muestra de su altura moral; cuando la verdadera altura moral radicaría en este caso, en ser indulgente, en dedicarse cada uno a sus asuntos en vez hocicar en la vida de los demás y en ahorrarse los chistes fáciles de cornudos. La verdad, leer a gente que por avatar en twitter tiene una foto de su pene, opinando que la chica debería dimitir, porque ha demostrado que “No sabe gestionar su vida privada”, me parece cuanto menos de una hipocresía nauseabunda. Es decir, yo puedo ser un cerdo putero, un sátiro sádico, bisexual/bi-curioso/gay en la intimidad/swinger o lo que sea, pero ojo, solo mientras no se sepa, de cara a la galería debo de ser como una cariátide, una fachada impecable que cumpla los cánones que impongan los arquitectos supremos de turno… qué cínico, vaya que sí.

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Y muchos diréis que con la que está cayendo, qué hago hablando de estas cosas; cuando grupos de mafiosos instalados en el parlamento sacan a sus perros de presa, para que zurren la badana a ciudadanos desarmados, a los que no les ha quedado otra que salir a la calle para mostrar su desaprobación ante tanto mamoneo y sobretodo, para pedir un cambio en la forma en la que son gobernados por sus “representantes”. Pues sí, estos dos casos son solo simples anécdotas de las que quizá pocos se acordarán dentro de diez años, notas al pie de página del libro de la macrohistoria; y sin embargo me parecen muy sintomáticas de la época en la que vivimos. Una época en la que reina la inmadurez, la irresponsabilidad y la ignorancia. Una época de liderazgo negativo, en la que gente que se lo curra, que se esfuerza por dar algo a este mundo fuera de los dictados de las grandes empresas, tienen poca o nula repercusión en los medios…

Nos han timado tíos, el “Futuro” ha llegado y no es lo que nos prometieron.

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Por: El Exiliado del Mitreo

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Nihil (2)

Miércoles 29 de Febrero                                                               1:00 pm

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No sé si leer a Bukowski exacerba mi misantropía, pero hay días malos y días como este.

No me está resultando fácil. No me está resultando fácil aguantarme los instintos homicidas hoy. Detesto a los idiotas. Todos somos idiotas a veces; en algún momento, en algún lugar o para determinada gente; pero amiguitos, hay gente que es lo es siempre y hoy con que lo sean aunque sea solo para mí, basta. Dios mío qué descargas de adrenalina; no sé si por consecuencia de la testosterona, de la úlcera de estómago, de ambas o vete tú a saber… los mataría, lo sé, por eso aprieto los dientes y empiezo a despotricar; entonces simplemente resoplo, miro a otro lado y pienso: “tranquiiiilo”.

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Ha sido duro, me ha costado contener la ira durante 2 horas, pero lo he logrado. He conseguido aguantar la clase sin estampar a alguien contra una pared. Y ahora estoy aquí, escribiendo. Rodeado de gente, pero discretamente aislado, gracias a unos tapones de oídos que me llevé de la fábrica donde estuve trabajando dos años hace otros dos. Me siento mejor, más relajado, aunque aún noto la tensión agazapada en el vientre. Puede que comiendo un poco se me pase. Puede que no. Ante la duda, ayunaré.

El caso es que me he propuesto escribir. Escribir y escribir como terapia. No como catarsis, como suele decirse por ahí, porque no voy a hablar de mí, de cómo me siento o a narrar alguna historia autobiográfica siempre, ni en todos los sitios donde publico. Pero me he propuesto escribir sin parar, aunque sin imposiciones, solo de lo que me apetezca en el momento. Así que cuando me sienta algo nihilista, algo destructivo, escribiré estos “Nihil” (nada, en latín) textos.

Iba a decir que lo siento por vosotros, queridas lectoras y lectores, pero tampoco tenéis que leerlos, así que… bueno, advertidos quedáis.

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Al hilo de todo esto quería comentaros algo de Bukowski. Ya escribí algo en su día, a penas unos apuntes; la verdad que se podía decir mucho, aunque creo que lo mejor sería que lo leyerais y llegarais a vuestras propias conclusiones.

Yo le he dado duro al viejo Bukowski en el último año. Me doy cuenta, ahora que lo pienso, que cuando me acabe Pulp, me habré leído todas sus novelas (y añadamos a esto un par de libros de poemas, uno de relatos y otro de reflexiones). Pero bueno, eso es lo de menos, porque no voy a hablaros de… yo que sé… de su (no) estilo o de su calidad literaria; no voy a plantear un análisis del realismo sucio, y ni siquiera quiero hablaros de su personalidad, de su misantropía, etc…

En realidad no sé muy bien de qué quería hablaros, tal vez solo quisiera incitaros a leerlo, a la vez que os propongo una reflexión sobre la verdadera utilidad de la escritura. Porque este hombre era casi un antiescritor, en el sentido de que no buscaba la ovación ni el reconocimiento del público, de hecho, no le importaba un carajo si le leían o no. Ni quién le leía… hay una frase muy emblemática de esta actitud en El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, cuando dice: “Yo no tengo nada que ver con la gente que me lee”. Él, comenta, escribe para él mismo, para no volverse loco, porque así se siente mas a gusto en su pellejo; que le lean o no, qué más da, sus letras seguirían siendo las que son pasen por los ojos de muchos o de nadie. Un Diógenes del siglo XX, vamos. Y yo me pregunto (y os lo pregunto a vosotros), si tiene sentido eso de ser un antiescritor o no; si el hecho de plasmar en algún sitio tus pensamientos o de contar una historia, no implica tácitamente, la existencia de un afán de trascender a ti mismo a los ojos de los demás, de la posteridad…

Y olvidándome de si tiene algún sentido, yo escribo y escribo, sin saber si alguien va a leer estas líneas. Pero después de acabar esta frase, respiraré hondo y me daré cuenta de que la escritura ha hecho que también yo me sienta mucho mejor en mi pellejo.

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Por: El Exiliado del Mitreo

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Nihil

Viernes 24 de febrero                                                         10:00 am

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Hace horas que me he levantado. Me despierto siempre pronto; haga falta o no.

Hoy no hacía falta, no tengo que entrar en el laboratorio hasta las 11 am, así que he empleado estas horas simplemente a vagar por la casa, escuchar algo de música mientras me ducho y a pensar este texto.

Ni siquiera he desayunado en condiciones, no tenía apetito, con una rebanada de pan de molde y una jarra de café con leche, he zanjado el asunto.

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Me he levantado con los ojos rojos. Inyectados en sangre. El izquierdo sobretodo. Las horas de ordenador o que el aire está muy seco y contaminado. No llueve en esta cochina ciudad; casi no ha llovido en lo que llevamos de invierno. Sé que soy injusto con Madrid, que no está lloviendo bien casi en ningún sitio de España. Pero yo es aquí donde vivo. Fin de la historia.

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Sé que en el metro tamizaré las reflexiones que han dado vueltas en mi cabeza, haré que las ideas cristalicen sobre una de las hojas sueltas que guardo en mi cuaderno de escribir, en el que no escribo sino poemas. Casi nada. Después, por la tarde, me sentaré ante el ordenador y batiré el teclado hasta dar con un texto que me satisfaga.

No soy capaz. No puedo escribir un texto directamente a ordenador. Bueno, poder puedo, pero me cuesta mucho más. Con bolígrafo y papel las palabras fluyen. Solo ante el teclado me disperso. Es cosa de Internet… la tecnología tiene sus pros y sus contras. Esta es la era de la dispersión.

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Tenemos tendencia a creer que cualquier innovación es siempre buena. Perdonadme, pero no lo veo así. En el caso de las armas es flagrante. Desde la porra con  pinchos a la bomba nuclear, hemos ido de peor en peor. Dile tú a un soberano de la Edad Media, que pulsando un botón iba a ser capaz de volatilizar una ciudad y es posible que por sugerir tamaña maldad, te ejecutara como claro servidor del Enemigo. Luego se haría a la idea como nos hemos hecho a la idea nosotros.

Nos vestimos de cinismo una vez más y decimos que las guerras de ahora son mucho mejores que las de antaño, más justas y justificadas. Y satisfechos apuntamos en nuestros cuadernos, que los crímenes contra la humanidad solo los cometen los que pierden las guerras.

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Y tomadme por ludísta, pero tenemos un ejemplo claro, en un objeto tan pacífico como es el libro electrónico. Y no me refiero al concepto en sí de que se pueda leer un libro en versión digital, sino concretamente a los soportes de lectura específicos para ebooks. Estos cacharros nos hacen creer que vivimos en el futuro, cuando en realidad vivimos en el pasado. El mundo pontifica cánones consumistas propios de siglo XX, terriblemente insostenibles e insolidarios. Insostenibles, porque su huella ecológica es enorme; con mucho, muy superior a la de la producción de libros, que entre otras cosas, no se ven afectados por el pérfido concepto de obsolescencia programada. Insolidarios, porque acrecienta la barrera tecnológica entre poblaciones humanas.

Parece mentira, que aún no hayamos tomado conciencia de que este mundo que creíamos tan grande, con los siglos ha resultado ser tan pequeñito que a penas cabemos todos. ¿Es necesario hundirnos hasta el fondo en la crisis energética antes de que empecemos a hacer algo?

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Será que me he levantado nihilista, pero en días como hoy no me apetece seguir subido a la rueda de la reencarnación.

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Por: El Exiliado del Mitreo

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