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Las 3 Cartas

Dicen, que cuando el camarada Brézhnev, tras la destitución del camarada Jrushchov, tomó posesión de su cargo como  Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, al llegar el buen hombre (que abanicaba a la humanidad con sus cejas) a su despacho en el Kremlin, encontró sobre la que iba a ser su mesa de escritorio, tres sobres numerados y lacrados junto a una nota, en la que decía: “Abre el primer sobre cuando sobrevenga una crisis”.

El camarada Brézhnev, aunque muy intrigado (imagináoslo frunciendo las cejas, debió de producirse un eclipse ese día), guardó los tres sobres en un cajón y con el tiempo, hasta se olvidó de ellos.

Pero llegó la primera crisis y como la necesidad, según dicen, nos obliga a agudizar el ingenio, se acordó de súbito del juego de sobres que le había legado su predecesor. Revolvió en los cajones, hasta dar con ellos. Rompió el lacre del sobre marcado con el número uno y extrajo la nota que había en su interior. En la cuartilla había solo estas palabras: “Échame a mí la culpa de todo. En caso de producirse otra crisis, abre el segundo sobre.” Y eso fue lo que hizo, compareció muy serio diciendo que los problemas a los que se enfrentaba la URSS se debían a la pésima gestión del camarada Jrushchov. Sacó a gente de las cárceles, metió a otra en su lugar, derogó un par de leyes y de esta forma las aguas parecieron volver a su cauce.

Transcurrió un tiempo y una nueva crisis volvió a amenazar su gobierno, de modo que se vio forzado a recurrir al segundo sobre.  En su interior, otra nota tan escueta como la anterior, que suscribía: “Culpa de todo al extranjero. En caso de producirse una nueva crisis, abre el tercer sobre.” De modo que el camarada primer secretario, desveló que la crisis se debía a un complot de las potencias capitalistas, que odiaban la armoniosa prosperidad de la patria de obreros y campesinos y ambicionaban su desaparición. Y la crisis, nuevamente, pasó de largo.

Pasaron unos años, llego una tercera crisis, y el camarada Brézhnev, viendo que su puesto volvía a peligrar, recurrió al tercer sobre en busca de una fácil solución. En la tercera nota había escritas estas simples palabras: “Escribe tres cartas para tu sucesor”…

En blanco y negro y con esta carita de pena se quedó Nikita Jrushchov cuando se enteró que le habían dado la patada.

Y aquí el camarada Leonidas Brézhnev, perfectamente equipado para el frío clima ruso, con gorro y cejas de astrakhan

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Lo más probable es que la historia sea apócrifa, es más, estoy casi seguro de ello. Tiene toda la pinta de no ser más (ni menos) que un chascarrillo, de esos que circulaban en esa Europa del este escondida tras un pesado telón de acero. Un análisis a la par jocoso y macabro, de ese triste día a día en el que tenían que sobrevivir millones de personas, a las que ya no engañaba el rojo de las banderas, que sabían no ocultaba sino el gris de plomo de la burocracia estatal y de los mecanismos de represión, en manos de viejos y caducos dirigentes.

El levantarte por la mañana y que no haya café digno de ese nombre (mientras que en Brasil por esa época se estaba usando para alimentar locomotoras, tal era el excedente), y de que tampoco tengas leche para mojar las magdalenas o las galletas, porque tras esperar en cola durante dos horas, cartilla de racionamiento en mano, a la puerta de la tienda de avituallamiento para recibir tu ración, el funcionario al cargo te dice con indiferencia que se ha terminado, son desde luego razones para darse al humor negro. Estas pequeñas cosas, estas jodiendas del día a día, son las que liquidan el amor y la confianza de la gran masa del pueblo en su gobierno y hasta al mejor de los oradores le resultaría muy difícil recuperarla.

Aunque aparentemente el contexto sociopolítico del bloque comunista sea bien distinto del de las viejas democracias de hoy (lo que en épocas de la guerra fría se llamaba pomposamente el mundo libre), la principal razón que me ha llevado a escribir este texto, es que a mi entender, y é aquí lo triste, esta historieta va resultando cada vez más sincrónica con un mundo donde, en términos generales, la clase política gobierna cada vez más y más distanciada de los problemas y preocupaciones de sus gobernados. Un mundo, donde en los últimos tiempos, estamos viendo un lento retroceso, de los valores democráticos. Un mundo en definitiva donde los jóvenes que como yo, nos hemos criado siempre en democracia, están perdiendo totalmente el interés y la ilusión por la política y en definitiva la esperanza de que el mundo pueda cambiar, que pueda ser un lugar mejor del que es.

¿Hacia donde derivará está situación de lenta decadencia de la democracia occidental?

Anteayer leía en el periódico una entrevista al filósofo Slavo Zizek (al que hasta entonces, no tenía el gusto de conocer, la verdad), donde en un momento dado, comenta que llegará un capitalismo con valores asiáticos y autoritarios, que algo nuevo está surgiendo en Oriente, donde por ejemplo en China el capitalismo es muy activo y funciona sin democracia. El autoritarismo y el control van en aumento, y en Europa eso ocurre en Italia.

Espero sinceramente que esté equivocado, y que aún haya espacio para una renovación democrática.

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Por: El Exiliado del Mitreo

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Sherezade

Desde que dieron comienzo los primeros acordes del concierto para toses y banda en Sin Tos Mejor, comencé a preguntarme que coño se me había perdido en aquel auditorio…

…bueno, en realidad, ya había comenzado a preguntármelo instantes antes, cuando dejé atrás las puertas de la sala y comprobé que el 99,9% de los asistentes como mínimo me doblaban la edad y una gran parte incluso me la triplicaban.

Nota mental: No me vuelve a liar para verme en otra así –pensé mientras me sentaba en mi butaca, ante la mirada de intenso y mudo reproche de la señora de delante, cuyo asiento había rozado minimamente intentando encajarme en el mío. Esas mudas espadas de desprecio me seguirían apuñalando durante todo el concierto, cada vez que intentase acomodar mis rodillas en el inverosímil espacio entre filas…al menos la buena señora tuvo la inteligencia de callarse…

Entonces empieza el concierto. Se van acumulando las notas fallidas. La coral de maestros tosedores por su parte, inicia su estereofónico acompañamiento desde todos los ángulos de la sala. En sincronía con estos, la sección de tañedores de envoltorios de caramelo, comienza con su pizzicato de celofán. Coño, que con algo habrá que aplacar la tos…y claro, mi mente lucha con desesperación por huir de semejante horror…Así que empiezo a desnudar mentalmente a todas las instrumentistas solistas de la banda…La clarinetista de la primera fila a la izquierda del director, una flautista que toca de forma celestial dos filas más atrás…Desisto cuando me doy cuenta que había empezado a fijarme en una oboe, que era en realidad un tío con melenas. La verdad que desde mi sitio, encaramado en lo más alto de la más alta torre, del escenario veo tan poco y tan borroso, que si por mí fuera, bien podían haber puesto un CD, unos maniquíes y haberse largado todos al bar…

Tras la primera parte empieza lo bueno, o eso esperaba…

Sherezade. Me encanta esa obra. Es de las pocas piezas de música antigua, que en este momento de mi vida me hacen sentir algo. Es por ella por quien estoy aquí esta tarde. He venido, porque Sherezade es como una chica guapa y lista que hace contigo lo que quiere. Tal vez por eso me duela tanto oírla sonar así.

Las toses que han estado templándose en la primera parte, no molestan tanto si haces por no oírlas. Con concentración hasta puedes transformarlas en un ruido blanco.

Al solista de cello deberían colgarle del palo mayor, es cierto (yo instituiría la construcción de palos mayores en los auditorios, para colgar a los músicos que jodan así su recitativo…), pero eso no es lo peor de todo…

No…

Definitivamente no…

Lo peor de todo es la falta absoluta de pasión. Basta con mirar la cara de aburrimiento de los percusionistas. Sherezade, niña, esto es un polvete de rutina. Yo que siempre te había tenido en un pedestal, no me lo hagas con tanta desgana…

En fin, ante esto lo único que puedo hacer es sumergirme en mis ensoñaciones, tratando de que el tiempo pase así lo más rápidamente posible…

Poco a poco, la música me va llegando desde un lugar más y más lejano y se convierte en un simple telón de fondo, en un dulce murmullo, que ameniza el cuento oriental que habita en mi cerebro.

La verdad que es un poco como cuando estás con los ojos cerrados imaginando que estás haciéndolo con otra persona…lo siento Sherezade amor, pero es que esta tarde has estado tan fría y distante…

Cuando acaba la pieza, la sala prorrumpe en aplausos. Se hunde en el más absoluto delirio. Los abueletes se ponen en pie. Baten las palmas en éxtasis, gritan, aúllan…

-Eso es –pienso yo –ahora se irán a casa tan contentos, como cuando sacas notaza en un examen que te has estudiado la noche antes y un rato de camino en el metro.

Pero es que antes de mejorar, esto aún puede ir a peor.

Porque como no, hubo propina. ¿Y que pensáis que fue, dado el respetable que abarrotaba la sala, pasodoble o zarzuela? Pues fue un pasodoble, que se será muy español y todo eso, pero que me gustan tirando a poco…bueno, creo que lo que más me horrorizaba eran las circunstancias propias del momento.

Es que como podéis imaginar, se extiende el delirio en el graderío. Poco les falta a los viejetes para ponerse a bailar entre los asientos.

¡Ja! Esto es performance y no eso que hacen los artistas culturetas modernos…

Y ya poco más que contar.

Colas interminables a la puerta de los servicios…de caballeros. La próstata no perdona.

Empujones en las escaleras. Ya sabéis que las personas mayores siempre tienen prisa. Dicen que porque saben que les queda poco tiempo de vida, que pronto morirán y todo ese rollo. Yo no creo que sea por eso (o no solo), creo que es más bien por simple y llano revanchismo. Les encanta colarse delante de una persona más joven.

Veo la boca del metro, como si ante mí se abrieran las puertas del cielo de par en par. Me sumerjo en las profundidades de la tierra, con la vana esperanza de que durante el trayecto a casa se aplaque un poco la decepción que siento…como veis no fue así.

Por: El Exiliado del Mitreo.



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