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La represión de género en la posguerra

(Ensayo breve para la asignatura “Historia Contemporánea de España. Desde 1923”, UNED, abril de 2015)


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El 1 de abril de 1939 terminaba la guerra civil con la victoria del bando sublevado el 18 de julio de 1936 contra la legalidad republicana. Al impacto moral de la derrota, se sumó una dura represión sobre los vencidos, que se había ya instaurado de forma sistemática durante el conflicto en la retaguardia de la zona nacional y que se extendería en el tiempo durante buena parte de la posguerra.

La represión, una depuración ideológica en toda regla, un terror de estado dirigido a someter, cuando no a destruir físicamente, a sus oponentes políticos, afectó igualmente a hombres y a mujeres, aunque no de igual manera. Con todo, carece de sentido entrar a valorar quién sufrió más, pues si bien la proporción de hombres encarcelados y ejecutados durante la posguerra fue unas nueve veces mayor que la de mujeres, la represión ejercida contra las mujeres en su conjunto, privándolas de gran parte de sus derechos, y muy particularmente contra las mujeres que en tiempos de la república y durante la guerra habían dado un paso al frente y habían ejercido y reivindicado sus derechos públicamente, dada su transversalidad, fue de mucho mayor calado y duración en el tiempo.

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En ese sentido, el compromiso actual por parte de la historiografía está en la puesta en valor de la lucha y subsiguiente represión de las mujeres, descuidada prácticamente hasta los albores del siglo XXI. Este retraso, una vez superado el pacto de silencio de la Transición, obedece por un lado al menor número de fuentes, posiblemente porque el analfabetismo golpeaba con más fuerza a las mujeres, a la imposibilidad a acceder a archivos militares hasta fechas recientes y además de a la menor participación directa de las mujeres en la guerra, al secular machismo de la sociedad española, agravado por la losa de cuarenta años de dictadura franquista.

Porque en efecto, la primera ola del movimiento de liberación de la mujer apenas había empezado a germinar en España. El voto femenino, en cierta forma constituía el reconocimiento de la mujer como ciudadana de pleno derecho, se había aprobado para las elecciones de 1933, pero no sin una cierta oposición por parte de las organizaciones de izquierdas, que fruto de sus prejuicios consideraban que esto favorecería a las derechas. Del calado aún superficial de las ideas igualitarias feministas en la sociedad españolas en general da testimonio Émilienne Morin[1], anarquista francesa, compañera de Buenaventura Durruti hasta su muerte: Sí, los anarquistas siempre hablaban mucho del amor libre. Pero eran españoles al fin y al cabo, y da risa cuando los españoles hablan de cosas así, porque va contra su temperamento (…) Los españoles nunca estuvieron a favor de la liberación de la mujer. Yo los conozco bien a fondo, por dentro y por fuera, y le aseguro que los prejuicios que les molestaban se los quitaron enseguida de encima, pero los que les convenían los conservaron cuidadosamente. ¡La mujer en casa! esa filosofía sí les gustaba, una vez un viejo compañero me dijo: “Sí, son bonitas sus teorías, pero la anarquía es una cosa y la familia es otra, así es y así será siempre.”

No obstante existió un creciente número de mujeres comprometidas, que exigieron que sus compañeros les dejasen ocupar un lugar en la vida pública, militando codo con codo con ellos en las organizaciones políticas, incluso llegando a crear organismos expresamente femeninos como Mujeres Libres dentro de la CNT. Desde primera hora algunas mujeres no dudaron en acudir al frente a defender las conquistas alcanzadas gracias al régimen republicano. Y cuando las autoridades hicieron por evitar su participación en primera línea, aludiendo al supuesto efecto de su presencia sobre la moral de combate, continuaron contribuyendo al esfuerzo bélico en la retaguardia, por ejemplo en tareas organizativas o colaborando con el Socorro Rojo.

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Y tuvieron que pagar por ese compromiso, pues aunque en la posguerra solo entorno a una décima parte de los presos políticos fueran mujeres, los penales de mujeres, como el de Ventas en Madrid, estaban atestados. Y si las penas que se les impusieron fueron en general más leves que las de sus compañeros varones; conmutadas las condenas a muerte por la inmediatamente anterior y después revisadas; esto obedece a la concepción paternalista y porqué no decirlo, patriarcal, del nuevo estado, que no reconoce personalidad jurídica a la mujer, que a partir de entonces deberá encontrarse bajo la tutela de un varón de su familia, tratada en definitiva como un perpetuo menor de edad.

Pero no pocas fueron las que acabaron fusiladas tras la farsa judicial de un consejo de guerra o víctimas del terror en caliente cuando los golpistas se hacían con algún pueblo. El colectivo de las maestras, motor de cambio social, fue de los más afectados. En otros casos, como el de las Trece Rosas Rojas, su ejecución buscaba ejemplarizar y atemorizar al resto de reclusas. Pues lo que es evidente es que no escatimaron es esfuerzos para segar al ras el incipiente movimiento de emancipación de la mujer. Las mujeres liberadas, empoderadas, no tenían un lugar en la idea que los vencedores tenían de la Nueva España. Y al fin y al cabo, por eso fueron condenadas y ejecutadas las que lo fueran, como castigo colectivo por querer subvertir el orden social y moral de España. De modo que, aunque sobrevivieran a los insalubres años de reclusión, tuvieron que cargar a su salida con el estigma social de ser expresidiarias condenadas por “rojas”, haciendo muy difícil su reinserción. En prisión, tenían que sufrir el rechazo de sus hijos, adoctrinados por las instituciones benéficas para huérfanos que los tenían acogidos, cuando no, en el caso de los recién nacidos, eran directamente robados y dados en adopción a familias del régimen.

Y es que dentro de ese concepto patriarcal de la familia, el nuevo estado castigó a través sus familias, a los presos, los huidos o incluso a los muertos. Las mujeres vinculadas de una u otra forma a ellos tuvieron que sufrir la marginación social y las penurias de tener que sacar adelante una familia con un salario femenino. A esto se acompañaba en ocasiones la trashumancia de un punto a otro de la geografía española siguiendo a su familiar preso.

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En definitiva, a las cárceles y pelotones de fusilamiento, a las depuraciones profesionales y los robos patrimoniales por el tribunal de responsabilidades políticas, al exilio y a las penurias económicas, se sumó una represión específicamente dirigida contra las mujeres, a base de humillaciones y escarnio público, violencia física y sexual, restringiéndoles el derecho a la educación, marcándolas por pequeña que fuera muchas veces su relación con las izquierdas, con una huella indeleble, que las abocaba muchas veces a la exclusión social y a la marginalidad.

 Es innegable que el aparato represivo del nuevo estado se centró en castigar todo aquello que se saliese de su idea de feminidad, representada por las consignas de la Sección Femenina y patrocinada por los preceptos de la iglesia católica, una mujer que supiese que su lugar era estar sometida al hombre, y su razón de ser la maternidad y el hogar.

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[1] ENZENBERGER, Hans Magnus, El corto verano de la anarquía. Vida y muerte de Durruti. Frankfurt, Roman Suhrkamp, 1972 (Edición original), Barcelona, Anagrama, 3º edición en Colección Compactos Anagrama, 2010 (presente edición).

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Dignidad

“Pasé, pues, de manos de los gendarmes franceses a las del comisario civil del puesto fronterizo español. Este me tomó la filiación y me hizo varias preguntas. Una de ellas, nada nueva para mí, consistía en saber cómo siendo albañil antes de la guerra civil, pude llegar a mandar todo un cuerpo de Ejército. Le contesté que las circunstancias obligaban a los hombres a desempeñar funciones en las que habitualmente no pensaban. El comisario me respondió que teníamos que perder fatalmente la guerra, puesto que los albañiles nunca podrían actuar como buenos militares. Se me antojó un comentario bastante conformista, desmentido no pocas veces a lo largo de la historia. No era caso de entablar una polémica, pero sí consideré necesario decirle, después de haberle preguntado si podía hacerlo, lo siguiente:

-Un hombre puede nacer, señor comisario, con cualidades innatas para ser militar o artista, pero las exigencias sociales le obligan a ser albañil o zapatero u otra cosa cualquiera. Yo fui albañil por necesidad y no porque me encantara serlo. Además, sepa usted que los albañiles solemos tener una rara intuición, tal vez estimulada por la índole de nuestro trabajo, que puede servir para ejercer con cierta destreza otras profesiones”

Cipriano Mera. Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalistaEditorial LaMalatesta (2011) 

Cipriano Mera Sanz


Adiós Jorge

El otro día murió Jorge Semprún; en concreto el pasado martes día 7 de Junio.

Hoy no voy a escribir una reseña biográfica, no. No voy a contar como muy jovencito, al acabar la guerra civil, se exilió con su familia en Francia, tampoco que sobrevivió al campo del horror de Buchenwald, a donde fue llevado por pertenecer a la Resistencia; ni que en los años siguientes, como miembro del PCE, estuvo entrando y saliendo de España con varias identidades falsas, para tratar de organizar la resistencia interna a Franco; tampoco que fue expulsado del partido en los 60′, por discrepar sobre la línea marcadamente estalinista dictada por Moscú; ni siquiera, que fue ministro de cultura durante unos años, en uno de los gobiernos de Felipe González, como una forma de hacer una reparación histórica, algo que él no dudaba en reconocer… No soy su biógrafo, sin duda no lo soy. Además es realmente difícil escribir mejor que él sobre todos esos episodios de su vida; a su obra me remito…

El decía que su vida era una vida ligada íntimamente, para bien o para mal, a la historia del siglo XX.  Creo que no le faltaba razón. Yo diría que por su formación y sus cualidades intrínsecas, fue capaz de poner voz a muchos miles que no hubiesen sido capaces de expresarse con la precisión, con la concisión y con la calidad con la que lo hizo él; por eso yo lo calificaría de leyenda viva… pero ahora ya no vive y a pasado a ser historia.

Este texto pretende ser solo un pequeño punto de homenaje, así como una invitación a que se lean sus obras, interesantes no solo para los que quieran internarse en el conocimiento de parte de la historia del siglo pasado de la mano de un testigo privilegiado, sino como por su valor literario inherente.

Como parte de este humilde homenaje quiero hablaros para empezar, de la primera vez que oí hablar de él. Y fue en clase de francés, para que veáis que sorprendentemente siempre gozó de una fama y una reputación en Francia que en España siempre la fue esquiva; hay muchas cosas que los españoles tenemos que superar, una de ellas sin duda es el franquismo y su ramificaciones, con el que mucha gente de niega a romper.  Estábamos leyendo un extracto de “Le Grand Voyage” (El Largo Viaje) o de “L’Écriture ou la vie”; ahora mismo no recuerdo, pero era cuestión de Buchenwald. La profesora, francesa claro, bromeó con nosotros sobre si era un autor francés o español ya que la mayor parte de su obra la había escrito en lengua francesa. El caso es que yo, con mis catorce o quince años, no había oído nunca hablar de ese español que despertaba tanta admiración en mi profesora y como descubrí después, en muchos, muchos, franceses. Eso fue algo que se me quedó muy grabado.

El último libro suyo que he leído ha sido este del que podéis ver más abajo una foto y que aún obrará un tiempo en mi poder hasta que decida liberarlo en algún sitio donde vaya a ser debidamente apreciado o hasta que alguien interesado en él me lo pida: Autobiografía de Federico Sánchez. Reconozco que en un primer momento me chocó un poco su sintaxis, pero en cuanto me habitué a sus reglas de juego y empecé a disfrutarlo plenamente, me pareció una maravilla además de muy revelador, ya que narra de primera mano una historia del PCE en el destierro casi desconocida o muy contaminada por la reescritura perpetua de acuerdo con la línea oficial del momento. Federico Sánchez era su seudónimo oficial para la clandestinidad y el libro a priori gira sobre su expulsión del partido en el 64, aunque da saltos constantemente adelante y atrás, para ir pintando varias estampas de su vida, especialmente de sus años de clandestinidad en Madrid.

En mi mesita de noche espera “La segunda muerte de Ramón Mercader”, que he rescatado de casa de mi abuela. Cuando tenga ocasión de leerlo a lo mejor os vengo con la noticia, hasta entonces, sed buenos y leed mucho  (eso no os lo deben quitar nunca 😉 ) .

El último libro suyo que he tenido ocasión de leer cortesía de BookCrossing. Esto me recuerda que tengo liberarlo ya...

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4 días después del 15M

Yo soy viejo: tan viejo, que el primer hombre late

dentro de mis vividos y veintisiete años,

porque combato al tiempo y el tiempo me combate.

A vosotros, vencido, os trata como a extraños.

Miguel Hernández

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No escribiré un texto largo (aún); no ha lugar para eso.

No puede hacerse un análisis profundo (todavía); es demasiado pronto para todo eso.

Algo acaba de nacer; no se sabe muy bien el qué, ni si se traducirá en algo más allá de las palabras.

Solo el tiempo.

Solo el tiempo dirá cuál es el verdadero significado de este movimiento que inunda las calles.

Que hace que en toda España, la gente levante la vista de lo que está haciendo, de su cotidiano, de su día a día, para mirar qué es lo que está pasando.

Para preguntarse cuál es el significado de todo esto.

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Han pasado cuatro días y ya han surgido, como los buitres a la carroña, los que intentan pescar en las aguas revueltas.

Solo el tiempo.

Solo el tiempo dirá si consiguen hacer alguna captura con sus largas redes, o si los remolinos les volcarán la barca y la corriente arrastrará sus cadáveres hasta el mar.

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Solo sé que esto no es una revolución, ni siquiera una revuelta, como dicen algunos; el pueblo no pone toda la carne en el asador, si no ve que puede ganar más de lo que puede perder.

No, esto es un movimiento cívico, que dista mucho de ser global, pero que en mi opinión es crucial, pues es el primero que se produce desde hace mucho, mucho tiempo.

Si cambiarán las cosas o no, eso es difícil saberlo, pero esto un rayito de esperanza, una prueba de que aún es estos tiempos, los ciudadanos son capaces de organizarse por su cuenta sin necesidad de que el “estado”, en sentido amplio, intervenga.

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Así estamos, a saber a donde llegaremos, pero no podrán culparnos de no haberlo intentado…

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Paradoja -La guerra de Libia

Paradoja. No sé si es esa la palabra…

A ver:

paradoja.

(Del lat.paradoxus, y este del gr. παράδοξος).

1. adj. desus. paradójico.

2. f. Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas.

3. f. Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera.

4. f. Ret. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción. Mira al avaro, en sus riquezas, pobre

Ummm, sí,…  la RAE, que limpia fija y da esplendor, me confirma que esta es la palabra que busco…y en más de un sentido además: paradoja…

paradoja…

paradoja…

paradoja…

Me parece una paradoja y un ejercicio de cinismo la súbita preocupación que ha surgido en todo el mundo “occidental” por la democracia en Libia. No sé, es como si estos grandes señores que hacen y deshacen en el mundo y marcan la tendencia de lo que se debe pensar y opinar, acabaran de despertarse de un sueño… o al menos eso es lo que tratan de hacernos tragar.

-Este señor es un tirano y un iluminado- Pues vaya novedad, será que ya se les han olvidado los tiempos en los que hacía de las suyas; aviones volando por los aires incluidos;  amparado por el paraguas de impunidad que le daba la Guerra Fría. No sé, yo soy muy joven, a penas viví esos tiempos, pero ellos debe de ser que estaban todos en el baño o echándose la siesta cuando lo dijeron, porque en estos últimos tiempos no se han privado de comerciar con él.

Acaban de descubrir que Gadafi es un dictador, que resulta que tiene sometido a su pueblo mediante la coacción y lo que es peor, mediante el paternalismo. Ahora le atacan para que no mate a su pueblo, pero las armas que le están destruyendo, no las ha fabricado él, se las han vendido países como España, donde el presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, ahora se da de codazos por ofrecer a la coalición la mediocre potencia militar española.

Y es que una guerra en Libia es mala para los intereses de España ¿De España? No, no, perdón, de empresas españolas. ¿Y la democracia? Bueno pues ya de paso, ¿Y por qué no? Además con el rollo de la revuelta democrática en Libia (que habría que ver si es cierto, porque la palabra democracia vende mucho y sirve para todo…hasta para denominar a la dictadura China o al régimen de Franco: Democracia orgánica…) ya tenemos un Casus Belli que nos da carta blanca para hacer y deshacer a nuestro antojo.

Y mi pregunta es: ¿Y quién es nadie para meterse en peleas que difícilmente entendemos, en estados cuya conformación social es muy diferente al nuestro y encima tratando hipócriatamente de meternos sin comprometernos en conflictos que en el fondo hemos montado nosotros?

Todo el mundo le reía las gracias -Mirad la nueva excentricidad de Gadafi -y a recibirle en todos sitios aceptando sus absurdas condiciones -Hay que respetar otras culturas, otras costumbre -Ajá, sí, sí, pero solo cuando nos interesa ¿o es que los misiles se los mandan con sumo respeto? Bueno, espero que al menos alguno le acierte y no tengamos que ver su fea cara más, pero me temo que él duerme a buen recaudo mientras que las bombas les caen siempre a los mismos…

Me gustaría creer que esto va a servir para algo; que le espera un futuro mejor al pueblo Libio, que en un futuro cercano va a poder gobernarse a sí mismo de forma soberana. Pero no me da la gana, ya estoy harto de creerme mierdas y luego ver los desastres que hacen las potencias occidentales+rusos/soviéticos (y ahora China) cuando se meten, porque en el fondo van a lo que van, no hay más que ver los casos de Irak y Afganistán, por citar algunos ejemplos…

Suceden en este mundo muchas cosas que no entiendo, es decir, que las entiendo perfectamente pero que no quiero entenderlas. Y me niego a aceptar como normal, cosas que no lo son en absoluto, pero como yo no puedo hacer nada, salvo indignarme y escribir este texto, pues es eso precisamente lo que hago…

Por: El Exiliado del Mitreo

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Reflexiones de un castellano-parlante

Este blog es eminentemente “literario”, y no me gusta hablar en él de temas políticos, o cuanto menos, exclusivamente políticos. Hay dos razones para ello, la primera es que en muchos casos, estas tienen un carácter muy perecedero, además de local; la segunda razón es que la gente suele ser de un sectarismo y un frontismo atroz, y por decirlo de alguna manera, tienden a considerarte como “el otro” (o directamente, “el enemigo”) si defiendes posturas distintas a las suyas, en vez de darse cuenta, que como seres humanos, tenemos más cosas que nos unen de las que nos separan. Tras decir esto, entro directamente en materia.

Este post viene al hilo de la polémica que se produjo hará cosa de un mes sobre el futuro dispendio de una “abultada”, según unos, “nimia”, según otros, suma de dinero, en el pago de los servicios de traductores e intérpretes, para que en el senado, los senadores que lo desearan, pudieran expresarse en idiomas españoles distintos del castellano.

Sé que ya ha pasado algún tiempo, tanto que en este mundo acelerado y de una promiscuidad intelectual pasmosa, este conflicto ya ha quedado relegado al olvido; pero qué queréis, me han pillado los exámenes y en esos días del año no estoy para nadie… 😉 El caso es que he querido recuperar este asunto, porque me pareció lamentable entonces y me lo sigue pareciendo ahora.

Pero lo lamentable no es que se gaste un cierto dinero de los presupuestos en esto (en tiempos de crisis y blablabla…), sino que nuestros queridos padres de la patria, que poco hacen a lo largo del día para ganarse el sueldo, necesiten de traductores para entender los discursos en catalán, gallego o vasco, sencillamente porque no se han molestado siquiera en tener un vago conocimiento de estas lenguas hispánicas.

 

La lengua vehicular de todos los españoles es el castellano (aunque en algunos medios rurales esto no sea del todo cierto, por no decir que no lo es en absoluto), esto es así por avatares históricos que no vienen al caso, pero este es el estado actual de las cosas.

De forma que, cómo se ha venido argumentando al respecto, en el senado se debería hablar solo en castellano que es la lengua que todos comprenden sin necesidad de intérpretes. ¿Esto tiene lógica? Pues en principio sí; la lengua es una ordenación de sonidos arbitrarios puestos en común, concebida para que podamos trasmitir las ideas de nuestras cabecitas a las cabecitas de nuestros semejantes; de forma que para que la comunicación sea efectiva tenemos que tratar calibrar nuestra forma de hablar para que el otro nos entienda.

Ahora bien, es precisamente esta imposición lingüística, en un país que tiene la fortuna de ser muy multicultural, lo que da pábulo a que los nacionalistas hagan este tipo de reivindicaciones y a que de hecho existan partidos e ideologías nacionalistas (entendidas en un sentido excluyente, es decir, que pretendan el llevar a su cultura fuera de la cultura española que la engloba, por otro lado defender tu cultura y luchar contra la uniformización es algo que me parece no solo legítimo, sino muy positivo).

¿Qué pasaría en el momento en que los traductores dejaran de ser necesarios? Pues que las reivindicaciones dejarían de tener sentido, ya que perderían su utilidad como fórmula de agitación y de creación de conflictos.

 

Y ahora voy al centro del asunto, que es la deplorable política lingüística que se ha llevado en este país desde hace mucho tiempo. Pero no es cuestión aquí de hablar del franquismo o del rey Felipe V y la famosa Guerra de Sucesión, eso ya no importa, es historia, me parece mucho más interesante hablar del ahora, del presente, donde podemos actuar y corregir esas desigualdades y esas imposiciones pasadas.

No comprendo como es posible que a estas alturas (después de más de 30 años de Democracia y de Estado de las Autonomías), no se haya fomentado de una forma seria el conocimiento entre las distintas lenguas y acentos de España.

Creo que con una hora a la semana en la enseñanza obligatoria, es más, con solo una hora cada dos semanas, alternándose por ejemplo con Educación Cívica (único país de Europa en la que la implantación de esta asignatura ha causado grandes discrepancias…es increíble), de una asignatura que podría llamarse “Sensibilización Lingüística”, en la que a través de películas, documentales, música, textos, comics…etc, se enseñara a conocer y apreciar esas otras lenguas, tanto tiempo marginadas en beneficio del castellano.

Sería además bastante razonable, el pretender que los estudiantes adquirieran algunas nociones básicas, que les permitieran desenvolverse un poco cuando fueran de visita por esas zonas cuyos habitantes poseen una lengua materna distinta del castellano. Cuanto menos lo suficiente para establecer los primeros vínculos de mutua simpatía.

Siempre he creído que no hay mejor forma de mostrar respeto por una persona, que esforzarte en hablar en su propio idioma.

¿A vosotros qué os parece?

 

Por: El Exiliado del Mitreo

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Vivir en la España Transgénica

Era hora de volver a tocar un tema científico, aunque me temo que una vez más, va a haber en este artículo mas de reflexión político-social que de divulgación, como yo querría. Lo cierto, es que si he tenido que aparcar para tiempos mejores el  proyecto que inicié hace muchos meses, de divulgar en forma de artículos cortos algunas claves de biotecnología, es porque para redactarlos con el rigor que la ciencia requiere, estaría obligado a  invertir una cantidad de tiempo de preparación y redacción que hasta pasado febrero no voy a poderle dedicar…pero todo llegará y acabaré encontrando el momento.

Esta vez, para introduciros a la reflexión, voy a apoyarme en un pequeño texto que llegó a mis manos la semana pasada. Fue publicado en el número 51 del boletín de COAG Almería, la cooperativa de agricultores y ganaderos mayoritaria de la provincia, que como sabéis es uno de los polos de la industria agrícola española:

Por primera vez, el Ministerio de Medio Rural ha reconocido la existencia de personas y de empresas que han sufrido los efectos de la política de transgénicos llevada a cabo por el Ejecutivo español, que sigue tolerando el cultivo a gran escala de Organismos Modificados Genéticamente (OMG) en territorio español en contra de la tendencia de la UE y de la mayoría de Estados Miembros.

Estos efectos sociales y económicos de la presencia de maíz transgénico en España llevan siendo denunciados por COAG desde hace una década. Sin embargo, los niveles de irresponsabilidad política en el Gobierno han alcanzado cotas elevadas. Por ejemplo, en una reciente reunión con los colectivos ambientales y agrarios, el director general de Desarrollo Sostenible del Medio Rural, Jesús Casas, reconocía que las empresas como Monsanto “realizan una constante labor de lobby en el Ministerio” y que “los casos de contaminación por transgénicos son indignantes”. Sin embargo, Casas afirmaba también que votaba siempre a favor de los transgénicos en el Consejo Interministerial de OMG del Gobierno español, a pesar de reconocer él mismo que no entiende sobre transgénicos.

Una serie de asociaciones sectoriales como ASEBIO, ANOVE, FIAB, CESFAC (algunas de las cuales se considera que ejercen como lobby de las multinacionales de los transgénicos) fueron convocadas, a pesar de no ser miembros de pleno derecho, al Consejo Asesor de Medio Ambiente (CAMA).

En la citada reunión,una vez más, se rechazó tratar los asuntos que COAG lleva años poniendo sobre la mesa: falta de transparencia, ausencia de registros públicos de los cultivos transgénicos, o irregularidades en el etiquetado de los alimentos transgénicos.

Yo destacaría como primer punto de interés de este texto, que es un artículo que no ha sido redactado por ecologistas snobs de ciudad, ni por científicos que se dedican a crear polémica para justificar sus sueldos (lo digo así, porque así lo he leído en algún sitio), sino que ha sido redactado por y para profesionales del sector agrario.

En él se pone de manifiesto la preocupación, o más bien el descontento e indignación, dentro del sector agrario ante las contaminaciones de cultivos biológicos con genes transgénicos. Nos topamos aquí con que se está viendo impunemente violado el derecho del agricultor de plantar en su campo lo que a él le dé la gana. A su vez esto plantea lógicos problemas en el correcto etiquetado, por otro lado obligatorio en la Unión Europea, por lo que a su vez se atenta contra la libertad del consumidor en incluir en su dieta solo los alimentos que desee. Esto no es un simple capricho, porque hoy por hoy el consumo de alimentos transgénicos no ofrece completas garantías de ser inocuo para el ser humano y su entorno, de modo que no se nos puede conculcar el derecho a elegir.

 

Lo siguiente que yo resaltaría, es algo que bien seguro ya sabéis, y es, que España es el único país que ha roto la tendencia histórica de la Unión Europea en  lo que a permitir el cultivo a gran escala de transgénicos se refiere (Rumania desde que entró en la UE está disminuyendo la extensión de sus cultivos de soja).

Hasta donde yo sé, son dos las especies transgénicas que se cultivan actualmente en nuestro territorio: maíz, desde el primer gobierno Zapatero, con fines comerciales, aunque se supone que solo para consumo animal…y patatas desde el último año, aunque solo como cultivo experimental…

Es cierto que la opinión pública es fácilmente maleable por campañas de demagogia en uno u otro sentido, y que muy poca gente está formada para comprender en toda su profundidad el problema de bioseguridad alimentaria que pueden plantear los cultivos transgénicos, pero ¿A quién puñetas han pedido permiso los políticos, para permitir que se cultiven transgénicos en España?

 

Y esto me lleva a otro punto de debate interesante (a la par de bastante dramático): la total incompetencia de la clase política en lo que a temas científicos se refiere.

Aclaro que el artículo lo he tomado del boletín que debe corresponder al 4º trimestre de 2009, de modo que es posible que con los recientes cambios ministeriales, actualmente sea otro el titular de la Dirección General de Desarrollo Sostenible del Medio Rural (¡si será por nombre…!), pero me da lo mismo, porque si el responsable anterior no tenía ni idea de transgénicos, quien le haya substituido, si ha sido el caso, bien seguro que no estará mucho mejor formado y/o informado…

Este es un problema de base en nuestro sistema democrático, donde todo, absolutamente todo, se decide mediante una representatividad dudosa, por parte de personas que no solo no hemos elegido (las ha elegido alguien, que ha sido elegido por alguien elegido por los representantes que nosotros hemos elegido…que por otro lado, habiendo listas cerradas, eso de que nosotros los hemos elegido suena a chiste), sino que además están tan dotados e informados para la materia sobre la que legislan y votan, como mi madre, el frutero o el mecánico de mi calle,… así que digo yo, mejor será que sean ellos mismos los que decidan sin necesidad de intermediarios…¿no?

Porque además, cuando los electores son 30 millones, es mucho más difícil que caigan en el influjo de un lobby o de una multinacional como se denuncia en el artículo…

 

Como biotecnólogo no puedo dejar de maravillarme y apasionarme por las prometedoras vías de investigación que abre la transgénesis, pero como he dicho muchas veces, creo que es prematuro el cultivo industrial de unas variedades de las que no se dispone pruebas de su no toxicidad a largo plazo. Como suele decirse, la paciencia es la madre de la ciencia, y más cuando en este caso la prisa puede matar.

Hoy se apuesta y cada día más, no ya por los productos biológicos, sino por el cultivo ecológico, que si bien puede resultar más caro, es desde luego más sano. En ese sentido, creo que vale la pena comentar que curiosamente la provincia de Almería es uno de las mayores productores europeos de alimentos ecológicos… paradójicamente sus productos están destinados prácticamente en su totalidad a la exportación; parece que a diferencia de nuestros primos europeos, los consumidores españoles aún están lejos de comprender de qué va el tema…

Así que si vosotros sois de los que se preocupan por saber qué es lo que están comiendo, voy a remitiros al blog de un colega, allí podréis encontrar la “Guía roja y verde de alimentos transgénicos”, que naturalmente también podéis encontrar en la página de Greenpeace que es quien la ha elaborado.

Aunque considero que es una guía muy útil, desde luego se le pueden plantear ciertas objeciones ya desde la primera frase. El error de confundir OGM con transgénicos (supongo que deliberado) viene siendo una costumbre por parte de Greenpeace. Decir esto es como considerar a todos los cristianos, católicos, o a todos los musulmanes sunitas… Por otro lado, han puesto en la lista roja todas las marcas que no han facilitado datos a Greenpeace (por las razones que sean, en eso no meto), cuando lo riguroso científicamente hubiese sido decir que “No se disponen de datos” y dejar a cada uno que piense lo que quiera…

Quiero terminar diciendo, que la alimentación es algo que nos atañe a todos y que no podemos delegar nuestra opinión ni nuestra responsabilidad en gente que va a lucrarse con ello y/o que no está lo suficientemente formada para decidir y planificar un futuro que nos pertenece a nosotros y a toda la biodiversidad de este planeta.


Por: El Exiliado del Mitreo


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