La batalla de las Navas de Tolosa – Comentario de texto

A modo de presentación del artículo, deciros que este es un ejemplo de como NO debe de hacerse un comentario de texto de Historia. No es que esté todo mal, desde luego que no; es más, pienso que hay bastantes cosas interesantes en este trabajo, por eso he querido compartirlo con vosotros, pero sí que hay ciertos errores metodológicos a tener en cuenta.

Es cierto que el texto no me pareció especialmente interesante; está escrito en castellano del siglo XIII, eso dificulta un poco su correcta comprensión, aunque cuando logras cuadrar cuales son las reglas ortográficas, se entiende lo suficientemente bien como para hacer el comentario; y no estuve muy inspirado a la hora de trazar el plano. Esa fue precisamente la reflexión que me hizo la profesora tutora, que mi comentario no seguía ningún plano en absoluto.

Está claro que no le falta razón. En la introducción me decanto por no hablar del autor del autor del texto, pues no se indicaba, sino por el compilador; el medievalista español Sánchez-Albornoz. Decidí proceder así, porque en condiciones de examen, no iba a poder disponer de material adicional, así que opté por ceñirme a lo que tenía. En ese sentido en el desarrollo del comentario precisamente lo que hice fue justificar en el primer párrafo porqué creía que autor era un hombre de Iglesia –la profesora en sus notas a mi texto me señaló que efectivamente se trataba de Rodrigo Ximénez de Rada, Arzobispo de Toledo y primado de España. En el primer párrafo del comentario, como digo, me dedico a hacer mis pesquisas policíacas -lo que sería un comentario temático del texto –mientras que en el segundo párrafo, como no se me ocurría qué más decir, me dio por retomar el comentario pero esta vez de forma lineal… un desastre, vamos. Para la conclusión es posible que deje demasiadas cosas, aunque la abertura final creo que es bastante correcta si bien, ahora que la releo, algo confusa. En fin, que un mal día lo tiene cualquiera… 

I. Texto sujeto a estudio:

LA BATALLA
Los moros que estauan atados, como es dicho, et que se non podíen mouer daquel logar do estauan, començaron a desuiar las primeras feridas de los nuestros que subíen por logares assaç desguisados pora combaterse. Et en estas contiendas, algunos de los nuestros que subíen a cometer los moros, essos canssados por las grauezas de las sobidas, paráronsse et estidieron quedos yaquanto. Entonçes algunos de medio de las azes de Castiella et de Aragón, fiziéronsse una companna et uinieron a las primeras azes, et fue grand la muebda que se y fizo, et la cosa muy peligrosa et en dubda; assí que algunos, pero non de los grandes, semeiaua que queríen foyr; mas los primeros et los de medio de Aragón et de Castiella ayuntados en uno, combatien a los enemigos, et requedáuanlos de yr adelant, et esto fazien ellos quanto podíen. En tod esto, las azes de las costaneras lidiauan muy fuerte con las azes de los moros, et las feridas eran muchas et muy fuertes della et della parte; mas las de los moros eran tantas et tan fuertes et la su muchedumbre tan grand, que unos de los nuestros començaron a couardar, et tornando las espaldas, semeiaua que fuyen ya. Et ueyendo esto el muy noble rey don Alffonsso, a unos de los uiles del pueblo menudo que non auien cuedado de catar lo que estaua mal, dixo all arçobispo de Toledo, oyéndolo todos: «arçobispo, yo et uos aquí morremos». Et respondiol essa ora ell arçobispo: «sennor, fiemos en Dios, et mejor será; ca nos podremos más que nuestros enemigos, et uos los uençeredes oy». El noble rey don Alffonsso, nunqua uençudo de coraçón, dixo: «uayamos apriessa a acorrer a los primeros que están en peligro». Entonçes Gonçalo Royz et sus hermanos fueron contra los primeros en acorro; mas Fernant García, varón libre et enssennado en cauallería, tardó al rey, consseiandol que guardase ell gouernamiento de la hueste, et de guisa fuesse en ell acorro daquellos, que la hueste non se desordenasse porque fuesse desbaratada. Estonçes dixo el noble rey de cabo al arçobispo: «arçobispo, aquí muéramos, ca tal muerte conuiene a nos, et tomarla en tal artículo et en tal angosura por la ley de Cristo: et muéramos en él». Respondió el arçobispo: «sennor, si a Dios plaze esso, corona nos uiene de victoria, esto es de uençer nos; et non de muerte nin morir, mas uenir; pero si de otra guisa ploguiere a Dios, todos comunalmientre somos parados para morir conuusco, et esto ante todos lo testigo yo, pora ante Dios». Estonçes el noble rey don Alffonsso, non demudada por ello la cara nin el su loçano gesto, nin el su muy noble et apuesto contenent que él solíe traer, nin demudada la palabra, parósse esforçado et firme, como fuerte uarón armado, et como león sin espanto; ca pora morir o pora uencer firme estatua él. Et dallí adelante, non queriendo más soffrir el peligro de los primeros, uénose dallí apriessa, fasta que llegó al corral del moro; et enderesçolo Dios que lo fazie todo, et uinieron y con el alegremientre las noblezas de las sus sennas et los suyos. Et la cruç del Sennor que delant ell arçobispo de Toledo auíe en costumbre de uenir, aduziéndola aquella hora Domingo Pascual de Almoguera, canónigo de Toledo, entró con ella por ell az de los moros, et passó por todos marauillosamientre, et non tomando y ningún pesar esse don Domingo que la cruç, traye, nin ninguna lisión, sin los suyos, ca non uinien y con él; et assí fue en su yda sin todo periglo, fasta que llegó all otro cabo de la batalla: et fue assí como plogo a Dios. Et en las sennas de los tres reyes uinie la ymaien de sancta María uirgen madre de Dios, la que de la prouinçia de Toledo et de toda Espanna estido et fue siempre uençedora et padrona, en cuya uenida marauillosa, aquella az de los moros de marauillar et companna que non auíe cuenta et que fasta allí estidieran et estauan firmes que se non mouíen, et rebeldes que contrallaran a los nuestros, muerta essa companna marauillosa a espada et segudada a lanças et uençuda a feridas, tornó las espaldas a foyr. Entonçes yua el rey moro por la priesa de la batalla, et más affincamiento de su hermano a quien llamauan Zeyt Abozecri por nombre, quel affincaua que se saliesse de la batalla et se fuesse, subió esse rey Almiramomelín en una bestia de muchos colores, et por guarir que non muriesse allí o fuese preso –ca uió el que lo uno al desto que lo seríe si y fincasse– cogiósse a foyr, sintiendo que aquello era lo más seguro pora lo que ell auíe mester. El fuxó con tres caualleros que ouo por companneros en aquel perigro, et ueno assí fuyendo a Baesça; et los de Baesça, ueyendol daquella guisa uenir, entendieron que el mal era et que uençudo uinie, et demandáronle que qué faríen; et diz que les respondió: «non puedo consseiar a mí nin a uos»; et camió allí la bestia, et ueno a Jahén aquella noche. Entonçes los aragoneses de la su parte, et los castellanos de la suya, et los nauarros otrossí de la suya, desboluieron apriessa las manos entre los moros, et mataron allí muchos dellos, et muchos en los alcanços que fizieron empos ellos a muchas partes, por o yuan fuyendo, et ellos empos ellos matando.
Monumento a la Batalla de Las Navas de Tolosa (La Carolina, Jaén) según Wikipedia

Monumento a la Batalla de Las Navas de Tolosa (La Carolina, Jaén) según Wikipedia

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TE DEUM LAUDAMUS
Oyendo esto ell arçobispo, et ueyéndolo, dixo estas palauras al noble rey don Alffonsso: «sennor, menbraduos todauía de la graçia de Dios que cumplió en uos todas las faltas, et yaquanto el denuestro de Toledo, et oy uos lo enmendó; et menbraduos otrossí de uuestros caualleros, por cuya ayuda uiniestes a tan grand gloria et tanto prez entre los reyes de Espanna: et en más tierras suena el uuestro prez, ca por más tierras suena et sonará más el uuestro nombre et la uuestra grand fama». Estas razones et otras tales como estas acabadas de dezir en esta manera, el arçobispo et los obispos, que y eran con ell, et los abades et frayres et la otra clerezía, que y eran con ellos,
alçadas las manos et las uozes al çielo, con lágrimas de sanctidad et con cántico de alabança, salieron en esta razón, cantando con gran alegría aquel cántico que dizen en la eglesia: Te Deum laudamus, Te Dominum confitemur, et quiere esto assí dezir en el castellano: «A ti Dios, alabamos, a ti, Sennor, confessamos», et dixieron este cántico todo, cantandol fasta cabo. Et eran y don Tello obispo de Palençia, don Rodrigo obispo de Sigüença, don Melendo obispo de Osma, don Domingo obispo de Plazençia, don Pedro obispo de Áuila, et muchos otros clérigos onrrados que eran y con ellos, cantando cánticos et alabanças a Nuestro Sennor Dios, por quanto crebanto fiziera en aquell día en los paganos enemigos de la cruç, et quanta uertud et exaltamiento mostrara en los cristianos fieles de Cristo et mantenedores de la su ley. Aun dize ell arçobispo en esta estoria adelante: ell campo de la batalla tan lleno fincaua de moros muertos et tanto era y la su mortandat que, aun yndo en buenos cauallos, apenas podiemos passar sobre los cuerpos dellos. Et eran los moros que fueron fallados çercal sobredicho corral muy luengos de cuerpos et muy gruesos omnes; et lo que se marauilla pora dezirlo: maguer que yazien destorpados de todos sus cuerpos et de todos sus miembros, et despoiados todos, que los despoiaran los pobres, pero que por tod eso, en tod el campo de la batalla ninguna sennal de sangre non pudo seer fallada. Et acabadas estas cosas como dichas son, los nuestros non queriendo poner término nin destaio a la graçia de Dios, fueron sin toda canssedad a todas partes, fasta la hueste empos los moros que fuyen; et segundo ell asmança de los nuestros era, mataron y dellos fasta dozientas uezes mill moros. Más de los nuestros según ende podimos saber la uerdad, adur se pudieron seer fasta XX et V omnes. Agora acabada la batalla et deliberada, loado a Dios, como es dicho, cuenta aún la estoria adelant de los grandes fechos que los cristianos y fizieron.
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SÁNCHEZ-ALBORNOZ, C. España musulmana, op. cit., t. II, pp. 378-381.
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II. Comentario de texto:

El texto motivo de nuestro estudio ha sido extraído de la obra de Claudio Sánchez-Albornoz, La España musulmana, que si bien fue publicado en Buenos Aires en 1946, su valor radica en ser una antología de textos medievales de autores musulmanes y cristianos, hábilmente seleccionados. En ese sentido, el texto es una crónica de la batalla de las Navas de Tolosa de un autor castellano que no se especifica.

Tras la aparatosa derrota castellana de Alarcos en 1195, después de la cual el rey Alfonso VIII se había visto obligado a firmar pactos muy beneficiosos para los almohades, queda patente la seria amenaza que representan estos para el conjunto de reinos cristianos hispánicos y se impone la necesidad de combatirlos de forma coordinada. Castilla prepara un gran ejército para el verano de 1212; el papa Inocencio III concede beneficios de cruzada a la expedición, que es predicada en diversos lugares de occidente; a la fuerza castellana se unen las de Navarra y la Corona de Aragón, así como una francesa, aunque esta se retiró antes de la batalla. Esta tuvo lugar el 16 de Agosto, al sur del Paso de Despeñaperros, y se saldó con una victoria decisiva de la fuerza cristiana; tanto que selló el destino de al-Andalus. Pero, sobre la narración que aquí se nos presenta ¿qué aspectos resalta el cronista autor del texto y qué imagen quiere dejar de esta batalla para la posteridad?

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El extracto, que parece ceñirse al día de la batalla exclusivamente, aunque no se den muchas precisiones temporales, en cierto sentido parece más un relato que una crónica, pues si bien resulta sorprendentemente preciso en ciertos aspectos, hasta el punto de reproducir la conversación del rey de Castilla, Alfonso VIII, con el arzobispo de Toledo, en otros aspectos resulta impreciso e incluso confuso. De las tres versiones directas [2] –cronológicamente hablando –de la batalla; la carta de Arnaldo Amalric de Narbona al Capítulo general del Císter, la carta de Berenguela de Castilla a su hermana Blanca, desposada con el futuro rey de Francia y la del propio rey de Castilla al Papa; este texto parece derivado de esta última. En efecto, aunque en el texto se ensalza la figura del monarca, también toma especial relieve la del arzobispo de Toledo que le acompaña, pero su carga ideológica reposa sobretodo en el apoyo divino recibido; la narración se va convirtiendo poco a poco en un acto de acción de gracias a dios por la victoria, que tiene un aura de milagro. Que el autor del texto debió de ser un hombre de Iglesia, es algo en lo que se piensa enseguida por el aura de santidad y fervor religioso que imprime al texto, además de que se toma especial interés en citar pormenorizadamente el nombre de hasta cinco obispos castellanos (los de Palencia, Sigüenza, Osma, Plasencia y Ávila), no haciendo lo mismo con los caballeros y nobles, a los que solo nombra alguno de  pasada, al igual que trata con descuido la descripción y disposición de las huestes. Por lo demás, aparte de dar gran relieve al rezo de acción de gracias a dios al final de la batalla –el Te Deum Laudamus –hace sistemáticamente hincapié en la gran cantidad de miembros del clero que acompañaban al ejército, mientras que por ejemplo no menciona siquiera a las milicias urbanas; haciendo solo alusión a la participación de plebeyos por algo negativo, como iniciadores al principio de un amago de huída que empujó al rey a intervenir. Es de resaltar que esto es una constante en las obras de sociedades fuertemente estatamentalizadas como esta, pues ideológicamente se manifiesta que la desigualdad entre los plebeyos y los nobles, que son diferentes en riqueza y honores, se debe a que son diferentes en condición. Aquí hasta por dos veces se aclara que los que huyen no son de los grandes sino de los “viles del pueblo menudo”.

La visión que el autor nos proporciona de la batalla es la siguiente; los cristianos –se menciona a castellanos y aragoneses –luchan en desventaja contra un enemigo que les espera cuesta arriba; la resistencia de los almohades es férrea, tanto que empieza a haber conatos de huida entre algunas tropas cristianas, aunque el centro y los flancos se mantienen en general firmes; el rey quiere ir con los refuerzos a primera fila aunque uno de sus caballeros se lo desaconseja; el rey sin embargo asume estoicamente su destino fuera cuál fuera, porque lo se viene a resaltar que todo es voluntad de dios y carga a la cabeza de los nobles caballeros hasta llegar a la estructura defensiva que aquí se nombra como “el corral del moro” situado en lo alto de la colina, no se especifica por qué medio lo logra, pareciendo más un milagro que éxito táctico; hablando de milagros, se narra entonces el primero, cuando un canónigo, que como portaenseña del arzobispo de Toledo lleva una gran cruz, cruza por mitad del ejército enemigo sin sufrir daño; se hace referencia entonces al estandarte de la virgen María, regalado por el Papa a la expedición cruzada, que avanza acompañando al de los tres reyes y que es el responsable de que pierda pie la guardia de élite del Califa y sea exterminada, aconsejado por sus hombres el “rey moro” emprenda la huida y a partir de ahí la batalla se convierta en una desbandada y una matanza; se nos presenta pues, como antes comentamos, muy detalladamente la escena del rezo de acción de gracias, donde a modo de prólogo se describe la escalofriante panorámica final del campo de batalla, felicitándose el autor de la gran mortandad entre los “moros” y aportando el dato curioso de que fueron doscientos mil los musulmanes muertos frente a las tan solo veinticinco bajas cristianas, concluyendo que no pudo ser sino un milagro. El cronista aquí duplica el número de enemigos muertos, respecto a lo que escribiera Alfonso VIII al Papa, pero mantiene en cambio la cifra de cristianos. Poco importa, lo fundamental es la desproporción de bajas y en ambos casos las cifras resultan muy poco realistas. De nuevo es importante resaltar el mensaje ideológico que se pretende dar; los cristianos y especialmente, su capitán el rey Alfonso, cuentan con el favor divino, y como tal, no han de temer daño alguno.

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La aplastante derrota de Las Navas de Tolosa permitió un importante avance de los reinos cristianos.

La aplastante derrota de Las Navas de Tolosa permitió un importante avance de los reinos cristianos.

Ante la aplastante derrota, Muhammad al-Nasir –Almiramomelín, como se le nombra en el texto –deja atrás Baeza y no ceja en su huída hasta llegar a Jaén. Las fuerzas cristianas, saquean y arrasan Baeza y Úbeda, donde toman prisionera a toda la población, antes de retirarse a Sierra Morena, hasta donde avanza la frontera del reino de Castilla. Sin lugar a dudas, Castilla es la gran beneficiada de  esta victoria y no solo por las ganancias territoriales, sino por la gran repercusión ideológica de la batalla. En ese sentido, encuentro que si bien por un lado sería interesante buscar en las fuentes musulmanas qué es lo que se dice de la batalla; yendo más allá, sería interesante estudiar ese ideal de que las Navas de Tolosa supuso un punto de inflexión en la relación de fuerzas entre los cristianos y el Islam en España, sellando el definitivo declinar de al-Andalus.

III. Bibliografía:

  • [1] Wikipedia. Varias entradas: primera aproximación al tema, antecedentes y temas tangenciales. 
  • [2] Fuente, MªJesús. Las Navas de Tolosa: Cruzada en la península – La Aventura de la Historia nº165 (Julio 2012).
  • [3] Álvarez Palenzuela, Vicente Ángel. Historia de España de la Edad Media (2ºEd. Nov.2011 Editorial Ariel Historia).

2 responses to “La batalla de las Navas de Tolosa – Comentario de texto

  • Histórica Aceituna Poderosa

    Qué pereza da leer ese texto en español de ayer. Los leoneses no participaron en la batalla? O era rey de Castilla y León?

    • Exiliado del Mitreo

      No señor, en aquella época, los leoneses, si no eran aliados de los almohades poco les faltaba. En cambio estaban de uñas con los castellanos, que amenazaban su expansión hacia el sur y con los que se disputaban la tierra de campos.
      Portugal tampoco participó y Navarra solo porque el Papa Inocencio III amenazó a Sancho VII el fuerte con la excomunión…
      A título particular participaron caballeros portugueses y leoneses, eso sí; al fin y al cabo era una cruzada.

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