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Retornable

¿La vida se puede reciclar? ¿Puedes presentarla ante el tendero supremo, decirle “aquí se la dejo, don usted” y que este te dé unas monedas, a cambio de esa carcasa vacía o que tú, previo pago de la diferencia, recibas una vida nueva y plena?

Yo soy de los que creen en las segundas oportunidades (y en las terceras y en las cuartas…), pero nunca hay que perder de vista que estas en realidad son una obra de auto-reconciliación. Es uno mismo el que debe de concedérselas en última instancia, sobretodo cuando te las nieguen los demás.

Retornar es restituir, volver al punto de partida o cuanto menos a uno que se ocupó anteriormente, pero esto puede resultar engañoso, porque lo retornado tiene una vida que el proceso de retorno no borra. Lo vivido ahí está. Aunque tal vez pueda ser purificado, tal vez uno puede reconciliarse con ello, que ya no resulte una merma.

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Me daba miedo –en realidad no sé si es esta la palabra apropiada, pero bueno –de forma más o menos consciente, volver a escribir en este blog; creo que por eso ha ido bajando mi frecuencia de publicaciones en el último año, hasta casi reducirse a la nada.

Por un lado, tal vez, temía haber perdido a mis antiguos lectores y no ser capaz de crear un nuevo público –por falta de energías y entusiasmo, que como veremos más adelante, ahí está el quid de la cuestión; en mi ánimo.

Sin embargo, creo que lo que más me asustaba o me… perturbaba, más bien, en el hecho de volver, era que implicaba en cierto sentido un retroceso, una derrota. Dicho así suena muy exagerado, lo sé. Soy conciente que seguir luchando, que no rendirse, ya es una victoria, pero sí que tengo la impresión de no avanzar, de que no progreso con la escritura como había planeado… o como había soñado, tal vez.

Es hacer un buen resumen, decir que el año pasado fue el de los proyectos hundidos y los sueños malogrados.

“La Caverna del Mitraísta” había ido quedando relegada a un segundo plano por dichos proyectos y nunca me importó, lo asumí como algo natural sabía que estaba yo creciendo y que aquello era que algo que siempre iba a tener siempre. Al hundirse todo, quedé como el amputado cuyas terminaciones nerviosas no acaban de asumir que el miembro ya no está ahí y le sigue doliendo.

De esos temores y de esas ausencias nace mi bloqueo, de ellos y de mi estado de ánimo. Tengo un carácter depresivo que me sumerge a veces en estados de desaliento en los que busco la evasión de mis preocupaciones y/o obligaciones. La evasión no es problema, aunque es lo que la gente ve, que estoy haciendo otra cosa en lugar de lo que debería; tampoco lo son las preocupaciones/obligaciones, la vida es así, uno se enfrenta a obstáculos; el problema soy yo y mi carácter depresivo. De modo que ya podéis haceros una idea de la dimensión del problema, ya que uno con lo único que está obligado a convivir es con uno mismo…

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Ahora estoy bien, el pasado diciembre sentí que había pasado el bache, que por fin volvía a orientarme. Por eso me he decidido a volver a empezar, a inaugurar una nueva etapa de este blog.

Y he decidido en esta nueva etapa a ser más sincero, y con esto no quiero decir que antes no lo fuera, sino que no voy a hablar tanto de lo que sé o de lo que opino, como de lo que siento –conforme, a lo mejor la palabra adecuada para definirlo era “cercano”, más que “sincero”… pero me habéis entendido, ¿no?

 

Por: El Exiliado del Mitreo

Retornable by Mitraísta

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Nihil (2)

Miércoles 29 de Febrero                                                               1:00 pm

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No sé si leer a Bukowski exacerba mi misantropía, pero hay días malos y días como este.

No me está resultando fácil. No me está resultando fácil aguantarme los instintos homicidas hoy. Detesto a los idiotas. Todos somos idiotas a veces; en algún momento, en algún lugar o para determinada gente; pero amiguitos, hay gente que es lo es siempre y hoy con que lo sean aunque sea solo para mí, basta. Dios mío qué descargas de adrenalina; no sé si por consecuencia de la testosterona, de la úlcera de estómago, de ambas o vete tú a saber… los mataría, lo sé, por eso aprieto los dientes y empiezo a despotricar; entonces simplemente resoplo, miro a otro lado y pienso: “tranquiiiilo”.

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Ha sido duro, me ha costado contener la ira durante 2 horas, pero lo he logrado. He conseguido aguantar la clase sin estampar a alguien contra una pared. Y ahora estoy aquí, escribiendo. Rodeado de gente, pero discretamente aislado, gracias a unos tapones de oídos que me llevé de la fábrica donde estuve trabajando dos años hace otros dos. Me siento mejor, más relajado, aunque aún noto la tensión agazapada en el vientre. Puede que comiendo un poco se me pase. Puede que no. Ante la duda, ayunaré.

El caso es que me he propuesto escribir. Escribir y escribir como terapia. No como catarsis, como suele decirse por ahí, porque no voy a hablar de mí, de cómo me siento o a narrar alguna historia autobiográfica siempre, ni en todos los sitios donde publico. Pero me he propuesto escribir sin parar, aunque sin imposiciones, solo de lo que me apetezca en el momento. Así que cuando me sienta algo nihilista, algo destructivo, escribiré estos “Nihil” (nada, en latín) textos.

Iba a decir que lo siento por vosotros, queridas lectoras y lectores, pero tampoco tenéis que leerlos, así que… bueno, advertidos quedáis.

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Al hilo de todo esto quería comentaros algo de Bukowski. Ya escribí algo en su día, a penas unos apuntes; la verdad que se podía decir mucho, aunque creo que lo mejor sería que lo leyerais y llegarais a vuestras propias conclusiones.

Yo le he dado duro al viejo Bukowski en el último año. Me doy cuenta, ahora que lo pienso, que cuando me acabe Pulp, me habré leído todas sus novelas (y añadamos a esto un par de libros de poemas, uno de relatos y otro de reflexiones). Pero bueno, eso es lo de menos, porque no voy a hablaros de… yo que sé… de su (no) estilo o de su calidad literaria; no voy a plantear un análisis del realismo sucio, y ni siquiera quiero hablaros de su personalidad, de su misantropía, etc…

En realidad no sé muy bien de qué quería hablaros, tal vez solo quisiera incitaros a leerlo, a la vez que os propongo una reflexión sobre la verdadera utilidad de la escritura. Porque este hombre era casi un antiescritor, en el sentido de que no buscaba la ovación ni el reconocimiento del público, de hecho, no le importaba un carajo si le leían o no. Ni quién le leía… hay una frase muy emblemática de esta actitud en El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, cuando dice: “Yo no tengo nada que ver con la gente que me lee”. Él, comenta, escribe para él mismo, para no volverse loco, porque así se siente mas a gusto en su pellejo; que le lean o no, qué más da, sus letras seguirían siendo las que son pasen por los ojos de muchos o de nadie. Un Diógenes del siglo XX, vamos. Y yo me pregunto (y os lo pregunto a vosotros), si tiene sentido eso de ser un antiescritor o no; si el hecho de plasmar en algún sitio tus pensamientos o de contar una historia, no implica tácitamente, la existencia de un afán de trascender a ti mismo a los ojos de los demás, de la posteridad…

Y olvidándome de si tiene algún sentido, yo escribo y escribo, sin saber si alguien va a leer estas líneas. Pero después de acabar esta frase, respiraré hondo y me daré cuenta de que la escritura ha hecho que también yo me sienta mucho mejor en mi pellejo.

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Por: El Exiliado del Mitreo

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Adiós Jorge

El otro día murió Jorge Semprún; en concreto el pasado martes día 7 de Junio.

Hoy no voy a escribir una reseña biográfica, no. No voy a contar como muy jovencito, al acabar la guerra civil, se exilió con su familia en Francia, tampoco que sobrevivió al campo del horror de Buchenwald, a donde fue llevado por pertenecer a la Resistencia; ni que en los años siguientes, como miembro del PCE, estuvo entrando y saliendo de España con varias identidades falsas, para tratar de organizar la resistencia interna a Franco; tampoco que fue expulsado del partido en los 60′, por discrepar sobre la línea marcadamente estalinista dictada por Moscú; ni siquiera, que fue ministro de cultura durante unos años, en uno de los gobiernos de Felipe González, como una forma de hacer una reparación histórica, algo que él no dudaba en reconocer… No soy su biógrafo, sin duda no lo soy. Además es realmente difícil escribir mejor que él sobre todos esos episodios de su vida; a su obra me remito…

El decía que su vida era una vida ligada íntimamente, para bien o para mal, a la historia del siglo XX.  Creo que no le faltaba razón. Yo diría que por su formación y sus cualidades intrínsecas, fue capaz de poner voz a muchos miles que no hubiesen sido capaces de expresarse con la precisión, con la concisión y con la calidad con la que lo hizo él; por eso yo lo calificaría de leyenda viva… pero ahora ya no vive y a pasado a ser historia.

Este texto pretende ser solo un pequeño punto de homenaje, así como una invitación a que se lean sus obras, interesantes no solo para los que quieran internarse en el conocimiento de parte de la historia del siglo pasado de la mano de un testigo privilegiado, sino como por su valor literario inherente.

Como parte de este humilde homenaje quiero hablaros para empezar, de la primera vez que oí hablar de él. Y fue en clase de francés, para que veáis que sorprendentemente siempre gozó de una fama y una reputación en Francia que en España siempre la fue esquiva; hay muchas cosas que los españoles tenemos que superar, una de ellas sin duda es el franquismo y su ramificaciones, con el que mucha gente de niega a romper.  Estábamos leyendo un extracto de “Le Grand Voyage” (El Largo Viaje) o de “L’Écriture ou la vie”; ahora mismo no recuerdo, pero era cuestión de Buchenwald. La profesora, francesa claro, bromeó con nosotros sobre si era un autor francés o español ya que la mayor parte de su obra la había escrito en lengua francesa. El caso es que yo, con mis catorce o quince años, no había oído nunca hablar de ese español que despertaba tanta admiración en mi profesora y como descubrí después, en muchos, muchos, franceses. Eso fue algo que se me quedó muy grabado.

El último libro suyo que he leído ha sido este del que podéis ver más abajo una foto y que aún obrará un tiempo en mi poder hasta que decida liberarlo en algún sitio donde vaya a ser debidamente apreciado o hasta que alguien interesado en él me lo pida: Autobiografía de Federico Sánchez. Reconozco que en un primer momento me chocó un poco su sintaxis, pero en cuanto me habitué a sus reglas de juego y empecé a disfrutarlo plenamente, me pareció una maravilla además de muy revelador, ya que narra de primera mano una historia del PCE en el destierro casi desconocida o muy contaminada por la reescritura perpetua de acuerdo con la línea oficial del momento. Federico Sánchez era su seudónimo oficial para la clandestinidad y el libro a priori gira sobre su expulsión del partido en el 64, aunque da saltos constantemente adelante y atrás, para ir pintando varias estampas de su vida, especialmente de sus años de clandestinidad en Madrid.

En mi mesita de noche espera “La segunda muerte de Ramón Mercader”, que he rescatado de casa de mi abuela. Cuando tenga ocasión de leerlo a lo mejor os vengo con la noticia, hasta entonces, sed buenos y leed mucho  (eso no os lo deben quitar nunca 😉 ) .

El último libro suyo que he tenido ocasión de leer cortesía de BookCrossing. Esto me recuerda que tengo liberarlo ya...

Por: El Exiliado del Mitreo

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Neurosis

Los escritores de verdad -y no los meros “tipos que escriben” como un servidor- hablan siempre del pánico a la hoja en blanco.

Debo decir que eso nunca me ha ocurrido hasta la fecha, supongo que por lo que acabo de comentar, y mis hojas permanecen en blanco el tiempo justo de agarrar un bolígrafo o un lápiz y empezar a garrapatear en ellas.

Sin embargo, hace tiempo que persigo la idea de escribir una novela y el proyecto no acaba de cuajar, porque no consigo cerrar una trama. La cosa es que tengo escenas –bastantes- escritas, otras pensadas, pero no soy capaz de darles una coherencia y me parece que sin tener la trama urdida, no puedo, o al menos no debo, empezar a darle en serio al bolígrafo. ¿Y por qué no consigo dar con la trama? Pues sinceramente no lo sé del todo; lo más probable es que haya varios factores perturbadores en juego.

El principal es que la historia no está madura, aunque creo ese no es realmente el concepto. Digamos que no me apetece escribir esta historia ahora, y me explico; creo que este proyecto requiere que meta demasiado de mí mismo en él, y hasta que yo no me aclare, no voy a ser capaz de hacerlo.

Me cuesta invertir en futuros; en plural, claro, porque hay muchos posibles… y de los imposibles ya ni hablamos; es como si mi presente fuese un camino a través de la niebla, donde aunque caminando, caminando, no puedo ver casi nada más allá de un par de metros. Muy melodramático ¿verdad? Pues sí un poco. Dicho de forma más prosaica: estoy bloqueado pero sin estarlo, porque avanzo pese a todo aunque sin saber muy bien hacia donde. Esto no es algo nuevo de ayer, llevo años así y he pasado ya por varias etapas, suponiendo que sean distintas caras del mismo fenómeno.

Es curioso porque, en su forma actual, no me parece que esta sea una “crisis espiritual”, en eso he mejorado. Creo que sé cuál son las fuentes de mi felicidad, pero lo que no tengo nada claro es si voy a ser capaz de llegar a beber algún día de sus aguas. Esto en cierto sentido es hasta peor, porque no es lo mismo estar perdido y no saber a donde ir, que marcarte un destino y no ser capaz de llegar.

Jejeje, ya veis que aunque escogí el título de la entrada un poco de broma o en sentido irónico, cuanto menos, tampoco es mala forma de describir mi estado actual.

Todo este rollo viene al hilo de que me parece que no progreso como debería en esto de escribir. Tengo un blog, pero nunca me he considerado un blogger, simplemente resulta más sencillo llegar a la gente de esta forma y me pareció el principio lógico para proyectos mucho más ambiciosos. Llevar este blog me obliga a escribir una entrada a la semana, este fue el mínimo que me planteé. Y lo cumplo, no es un esfuerzo imposible. Es más, es un esfuerzo muy positivo en muchos sentidos, porque entre otras cosas me permite experimentar con la escritura, probar nuevos recursos y formas, etc.…Pero –siempre hay un “pero” –escribir por escribir, cómo ejercicio, no sé si tiene mucho sentido. Es decir, tiene sentido, desde luego que sí, pero creo que estoy listo para escribir cosas “mejores” y esto siento que me quita fuerza o que me distrae de mis proyectos.

Así que aún no sé que voy a hacer; si escribir entradas con menos frecuencia en el blog y centrarme en escribir textos más largos, con más significado para mí; o seguir publicando semanalmente pero entradas mucho más cortas –microrrelatos o micropoemas incluso –que no me resten demasiados recursos de los textos largos. Esta opción es casi la que encuentro más positiva, porque me ofrece más opciones de interactuar con vosotros, lectores, que es algo que me gusta mucho, y no por hedonismo, por el hecho de creerme importante, sino porque siempre me ha resultado interesante conocer opiniones diversas, además de que la crítica constructiva a mis escritos –que no suele haberla, porque supongo que a la gente que no le gusta lo que lee no se molesta en comentar –me ayuda a progresar en esta “carrera” autodidacta mía. Sinceramente, encuentro es una forma perfecta de debatir, acercar posiciones o simplemente expresar conformidad, con personas de las más dispares opiniones y de cualquier lugar de la inmensa comunidad hispanohablante.

Así que bueno, aquí me vais a tener aún un rato; gracias por haber aguantado con paciencia mis angustias y a diatribas; nos vemos la semana que viene.

Por: El Exiliado del Mitreo


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