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Reseña: Commandant of Auschwitz

[…] I could never have brought myself to make this confession of my most secret thoughts and feelings, had I not been approached with a disarming humanity and understanding that I had never dared to expect.

It is because of this humane understanding that I have tried to assist as best I can in throwing some light on matters that seemed obscure.

But whenever use is made of what I have written, I beg that all those passages relating to my wife and family, and all my tender emotions and secret doubts, shall not be made public.

Let the public continue to regard me as the blood-thirsty beast, the cruel sadist and the mass murderer; for the masses could never imagine the commandant of Auschwitz in any other light.

They could never understand that me, too, had a heart and that he was not evil.

These writings consist of 114 pages. I have written them voluntarily and without compulsion.

Cracow. February 1947                          Rudolf Hoess

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Así cerraba Rudolf Hoess las memorias que escribiera antes de ser ahorcado. Afortunadamente se hicieron públicas en contra de su deseo.

Commandant of Auschwitz

La portada del libro en cuestión presenta la foto de Hoess el primer día del juicio en el que fue condenado a muerte.

Es importante que la humanidad haya podido ver a Hoess en su dimensión humana. Como ya dije en su día en la reseña de “La corte del zar rojo”, soy muy reticente a usar el término monstruo con los genocidas. Un monstruo tiene algo de enfermo mental  que lo aleja de la especia humana, le hace ladrar, le hace aullar como un animal. Esto será aterrador sin duda, pero no tanto como la gente que conscientemente y en pleno uso de sus facultades, se consagra a la tarea de exterminar a cientos de miles, a millones de humanos de todas las edades y condiciones. El nazismo no fue un mal sueño, no fue un lapsus, ni un error inconsciente; fue algo muy real y premeditado, algo que podría volver a producirse y que desde el conocimiento de aquel horror, debemos de hacer todo lo posible para que no se reproduzca.

Este es uno de esos libros que duele leer, pero que hay que leer. No por gozar del dolor, ni recrearse en él, sino por lo que te enseña sobre ti mismo. Que te duela el dolor ajeno, te hace humano.

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Es curioso porque este libro no lo leí cuando me lo regalaron. Lo empecé, pero tras la introducción de Primo Levi y las primeras páginas, lo substituí por una lectura mucho más ligera. Se habrá quedado en la mesita de noche, en la pila de “pendientes”, cerca de un año. Había muchas razones para retomarlo, la mejor de todas; que me lo trajo mi hermana del mismo Auschwitz como “souvenir” (los beneficios generados por la obra están destinados a ayudar a los supervivientes del campo). Al retomarlo, obvié lo que ya llevaba leído de la vez anterior. El caso es que con la lectura enseguida rememoré parte de la introducción de Levi; Hoess puede ser muchas cosas, pero como Levi, yo lo que más resaltaría es sus absoluta cobardía, acompañada de un repulsivo cinismo.

Rudolf Hoess se oculta tras sus superiores, dice que obedecía órdenes que dada su profesionalidad militar ni siquiera cuestionaba. Pero eso no es lo más bonito del asunto, sino que a la vez se oculta también tras sus subordinados. Según él, sobre ellos debía de recaer la culpa de las mayores atrocidades a las que fueron sometidos los prisioneros en los campos donde sirvió. Se declara impotente, incapaz de meter en cintura a sus subordinados; a él le gustaría que la vida concentracionaria se hubiese gestionado de forma racional, sin brutalidades gratuitas, como el que lleva una granja y quiere que sus animales produzcan, y que cuando toca matarlos, lo hace sin pena ni gozo.

Sin embargo, evita manifestar directamente la opinión que le merecían todos esos “antisociales” y “enemigos del estado nacionalsocialista” que custodiaba. Si le parecía justo que alguien fuera encerrado por tener parientes judíos, o gitanos, o ser homosexual o testigo de Jehová o simplemente por ser un disidente manifiesto de la Alemania Nazi. Hoess es un ultraderechista feroz, un claro antisemita, que tiene la cabeza llena de prejuicios contra todos y contra todo y a la vez tiene idealizados ciertos valores en los que cree casi con fervor religioso; sus páginas traslucen eso, por mucho que quiera ocultarlo con algunas sensiblerías y concesiones de lástima o de respeto y que cínicamente busque justificarse mediante anécdotas que pretenden justificar sus fobias.

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Las anécdotas en sí poco importan, el horror de los campos está plenamente documentado. Hoess intercala además mentiras manifiestas entre ellas, de modo que tampoco pueden tomarse como una fuente fidedigna en sí mismas, pero son fundamentales para comprender al personaje, para entender su forma de ver el mundo, para mirar a través de los ojos del verdugo.

Leer sus memorias no produce empatía, ni genera comprensión. Leer sus memorias produce asco y desprecio, ante tanta excusa barata y tanta cortina de humo.

Hace poco vi un documental sobre los descendientes de todos estos figurines, sobre como debían de llevar sobre sus espaldas la pesada carga de sus apellidos. Uno de los que aparecían era uno de los hijos de Hoess; él daba la cara y afrontaba la verdad en toda su crudeza como no quiso hacerlo su padre… parece que hay razones para no perder del todo la fe en el ser humano…

 Por: El Exiliado del Mitreo

La idea de poner ese eslogan a la entrada del campo fue del propio Hoess

La idea de poner ese eslogan a la entrada del campo fue del propio Hoess


Adiós Jorge

El otro día murió Jorge Semprún; en concreto el pasado martes día 7 de Junio.

Hoy no voy a escribir una reseña biográfica, no. No voy a contar como muy jovencito, al acabar la guerra civil, se exilió con su familia en Francia, tampoco que sobrevivió al campo del horror de Buchenwald, a donde fue llevado por pertenecer a la Resistencia; ni que en los años siguientes, como miembro del PCE, estuvo entrando y saliendo de España con varias identidades falsas, para tratar de organizar la resistencia interna a Franco; tampoco que fue expulsado del partido en los 60′, por discrepar sobre la línea marcadamente estalinista dictada por Moscú; ni siquiera, que fue ministro de cultura durante unos años, en uno de los gobiernos de Felipe González, como una forma de hacer una reparación histórica, algo que él no dudaba en reconocer… No soy su biógrafo, sin duda no lo soy. Además es realmente difícil escribir mejor que él sobre todos esos episodios de su vida; a su obra me remito…

El decía que su vida era una vida ligada íntimamente, para bien o para mal, a la historia del siglo XX.  Creo que no le faltaba razón. Yo diría que por su formación y sus cualidades intrínsecas, fue capaz de poner voz a muchos miles que no hubiesen sido capaces de expresarse con la precisión, con la concisión y con la calidad con la que lo hizo él; por eso yo lo calificaría de leyenda viva… pero ahora ya no vive y a pasado a ser historia.

Este texto pretende ser solo un pequeño punto de homenaje, así como una invitación a que se lean sus obras, interesantes no solo para los que quieran internarse en el conocimiento de parte de la historia del siglo pasado de la mano de un testigo privilegiado, sino como por su valor literario inherente.

Como parte de este humilde homenaje quiero hablaros para empezar, de la primera vez que oí hablar de él. Y fue en clase de francés, para que veáis que sorprendentemente siempre gozó de una fama y una reputación en Francia que en España siempre la fue esquiva; hay muchas cosas que los españoles tenemos que superar, una de ellas sin duda es el franquismo y su ramificaciones, con el que mucha gente de niega a romper.  Estábamos leyendo un extracto de “Le Grand Voyage” (El Largo Viaje) o de “L’Écriture ou la vie”; ahora mismo no recuerdo, pero era cuestión de Buchenwald. La profesora, francesa claro, bromeó con nosotros sobre si era un autor francés o español ya que la mayor parte de su obra la había escrito en lengua francesa. El caso es que yo, con mis catorce o quince años, no había oído nunca hablar de ese español que despertaba tanta admiración en mi profesora y como descubrí después, en muchos, muchos, franceses. Eso fue algo que se me quedó muy grabado.

El último libro suyo que he leído ha sido este del que podéis ver más abajo una foto y que aún obrará un tiempo en mi poder hasta que decida liberarlo en algún sitio donde vaya a ser debidamente apreciado o hasta que alguien interesado en él me lo pida: Autobiografía de Federico Sánchez. Reconozco que en un primer momento me chocó un poco su sintaxis, pero en cuanto me habitué a sus reglas de juego y empecé a disfrutarlo plenamente, me pareció una maravilla además de muy revelador, ya que narra de primera mano una historia del PCE en el destierro casi desconocida o muy contaminada por la reescritura perpetua de acuerdo con la línea oficial del momento. Federico Sánchez era su seudónimo oficial para la clandestinidad y el libro a priori gira sobre su expulsión del partido en el 64, aunque da saltos constantemente adelante y atrás, para ir pintando varias estampas de su vida, especialmente de sus años de clandestinidad en Madrid.

En mi mesita de noche espera “La segunda muerte de Ramón Mercader”, que he rescatado de casa de mi abuela. Cuando tenga ocasión de leerlo a lo mejor os vengo con la noticia, hasta entonces, sed buenos y leed mucho  (eso no os lo deben quitar nunca 😉 ) .

El último libro suyo que he tenido ocasión de leer cortesía de BookCrossing. Esto me recuerda que tengo liberarlo ya...

Por: El Exiliado del Mitreo

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El Alambre (‘)

El texto va a salir publicado en el número de Diciembre de la revista cultural AWA, que si todo va bien, a partir de la semana que viene podréis encontrarlo en la biblioteca de la escuela de ingenieros industriales de Madrid.

Este es el grafismo que le he dado, creo que vale la pena que lo veáis…

(no tenéis más que hacer click sobre la imagen para verla ampliada… 😉 )

 

 


El Alambre

El alambre separa en dos mitades el mundo. Aquellos árboles de madera seca, hincados en los lomos de la Tierra, con sus ramas de acero espinado, cruzadas y entrelazadas, separan a los hombres de las bestias.

 

De vez en cuando, cuando las bestias se acercan a pasear por delante de la alambrada, los hombres se aproximan también, con esa curiosidad tan propia de su especie. Tratan de comprenderlas, con el característico afán humano de racionalizarlo todo. Escrutan sus ojos en busca de un destello de humanidad; de ese algo, que hace que un hombre sea un hombre. Observan su comportamiento y se admiran de lo parecidas que son a ellos. Pero enseguida se dan cuenta de su error.  Juzgar que tras esa apariencia, tras esos modos y maneras, pudieran existir cualidades humanas no es más que un error de interpretación. Un error, por otro lado, muy común, pues nuestra especie siempre suele pecar de antropocentrismo.

 

Cuando se les haga tarde, las bestias; cerdos, burros, perros; se volverán a sus vehículos, que las devuelven a la cómoda seguridad de su establo. Irán caminando hacia ellos, pavoneándose orgullosas del tintineo que producen sus aparejos nuevos, esos que les ha colgado su amo para diferenciarlas de las bestias de otros. Los hombres en cambio se quedarán allí. A morir.

Heinrich Himmler inspecciona un campo de prisioneros de guerra en Rusia. (Fecha desconocida/ año 1941)

 

Por: El Exiliado del Mitreo

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Recuerdo del Père Lachaise

Ya que muerto el veranito de San Miguel, el otoño ha lanzado sus garras sobre la península, aunque hoy, un engañoso sol haya reemplazado a los chubascos de ayer, destemplado y con los pies helados, me he levantado con ganas de hablaros de un cementerio. No me preguntéis porqué, pero el día lúgubre de ayer me ha impulsado a recuperar un texto que dormía en mi cuaderno de notas desde el marzo pasado.

Creo que ninguna o prácticamente ninguna otra ciudad del mundo, tiene cementerios tan emblemáticos como Paris. Pensé que iba a estar solo aquel sábado gris de marzo pero me equivocaba… los peregrinos están dispuestos a cumplir a rajatabla los ritos y actos litúrgicos exigidos por sus particulares misales, que toman la atractiva forma, ilustrada con fotitos, de guías de Lonely Planet y demás…

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El Père Lachaise. Se oyen croar los cuervos. Abundan por todo París, ya me había llamado la atención, pero aquí se siente mucho más su presencia maldita y amenazadora.  No dejan de mirarte mientras se atusan las plumas, encaramados en lo más alto de los panteones en ruinas.

Ruina, ruinas y más ruinas. Ruinas por todas partes. Hay algunas tumbas nuevas, pero la mayor parte, el tiempo las está reduciendo a ruinas. Gloriosas ruinas, hermosas ruinas cubiertas de musgo y uñas de gato. Los árboles crecen entre ellas; sobre ellas; dentro de ellas, levantándolas, reduciéndolas a escombros. Una simple semillita que el viento arrastra, puede con el tiempo reducir el mármol a polvo.

Melancólica desolación

Croar de cuervos. Parece que te estén esperando. Tal vez creer que tu final vendrá pronto.

Una fina lluvia cae de tiempo en tiempo, reforzando la serena melancolía del lugar.

Cómo me alegro de estar vivo...

La roca pulida, el tiempo la ha erosionado, y con el verdín que ha crecido en los nombres, muchos se han borrado. De esta forma ha desaparecido el último testimonio del paso por esta vida de muchas gentes, que jamás hicieron nada que hiciera que se recordara su nombre, antes de que fueran gravados en la piedra traicionera. Así muera la memoria. Es la muerte de la muerte.

Cómo me alegro de estar vivo.

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He venido a ver a Jim Morrison. Quería ver con mis propios ojos donde descansa el mito; qué es lo queda del genio de versos beat entre psiquedélicos y psicóticos. En el fondo yo también soy un peregrino, aunque yo por lo menos sé quien fue, su música me hace vibrar y me impulsa a mundos lejanos, poblados por amores caníbales, carreteras infinitas y chamanes danzando a la luz de la luna y las estrellas.

James Douglas Morrison 1948-1971 - Fiel a su propio espíritu

Dando vueltas y vueltas acabo dando con su tumba. En el fondo tampoco es muy difícil, basta con seguir a la gente. La hay en abundancia, como he dicho, paseando entre los muertos con un planito en la mano. Llegan, se asoman, intentan ver lo que pone en la lápida y echan la foto de rigor y se marchan…tiempo total trascurrido un minuto y poco. Puedo oír con horror a un chaval preguntar en castellano, que quien este tío… en realidad no tiene la culpa, el producto de este turismo plastificado que te hace hacer cosas que no entiendes.

Desde luego yo tampoco he encontrado lo que buscaba. A diferencia de otros sitios que ansiaba visitar, aquí no he sentido nada en especial. Hay demasiada gente y pese a que quedo sentado un buen rato esperando un momento de calma, este no llega. Aquí no hay nada, solo es una piedra rodeada de idiotas. Creo que Jimmy se merecía algo mejor.

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Sin embargo, perdido, buscando una salida que me lleve a la boca de metro deseada, doy con otra cosa. Os dejo la imágenes…las hice con lágrimas en los ojos y la carne de gallina…al final la visita al Père Lachaise no fue tan infructuosa como me temía. 😀

En memoria de todos los españoles muertos por la libertad

"Esta urna contiene tierra de todos los campos de batalla, así como de los campos de concentración nazis, donde millares de Republicanos Españoles murieron por la libertad"

Por: El Exiliado del Mitreo

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