Carta de Enrique II al Príncipe Negro desde el real de Nájera – Comentario de texto

I. Texto sujeto a estudio:

[1] Don Enrique, por la gracia de Dios rey de Castilla e de León. Al Muy Alto e Muy Poderoso don Eduarte, fijo primogénito del Rey de Inglaterra, príncipe de Gales e de Guiana, etc., salud. [2] Recebimos por vuestro haraute una vuestra carta, en la qual se contenían muchas razones que vos fueron dichas por parte dese nuestro adversario que ý es. [3] E non nos parece que Vos avedes seído informado de cómo ese adversario nuestro en los tiempos pasados que ovo estos Reinos los rigió en tal guisa e manera, que todos los que lo saben e oyen se pueden dello maravillar: por qué tanto tiempo él aya seído en el señorío que en el dicho Reino tovo.

[4] Ca él mató en este Reino a la reina doña Blanca de Borbón, que era su muger legítima; e mató a la reina doña Leonor de Aragón, que era su tía, hermana del rey don Alfonso, su padre; e mató a doña Juana e a doña Isabel de Lara, fijas de don Juan Núñez, señor de Vizcaya, e sus primas, e mató a doña Blanca de Villena, por heredar las sus tierras que éstas tenían, e ge las tomó; e mató tres hermanos suyos: don Fadrique, maestre de Santiago, e don Juan e don Pedro; e mató a don Martín Gil, señor de Alburquerque; e mató al infante de Aragón don Juan, su primo; e mató a muchos caballeros e escuderos de los mayores deste Reino. [5] E tomó contra voluntad muchas dueñas e doncellas deste Reino, dellas casadas. [6] E tomaba todos los derechos del Papa e de los perlados.

[10] E de su propia voluntad todos vinieron a Nos e nos tomaron por su rey e por su señor, así perlados como caballeros e fijosdalgo e ciudades e villas del Reino. [11] Lo qual non es de maravillar, ca en tiempo de los godos, que enseñorearon las Españas, donde Nos venimos, así lo ficieron; e ellos tomaron e tomaban por rey a qualquier que entendían que mejor los podía governar. E se guardó por grandes tiempos esta costumbre en España. E aún hoy día en España es aquella costumbre: ca juran al fijo primogénito del rey en su vida; lo qual non es en otro Reino de cristianos.

[13] E si batalla oviese de aver, quánto a Nos sabe Dios que nos desplace dello. Pero non podemos escusar de poner nuestro cuerpo en defensa destos Reinos, a quien tan tenudos somos, contra qualquier que contra ellos quisiere ser. E por ende, vos rogamos e requerimos con Dios e con el Apóstol Santiago, ca faciéndolo non podemos escusar de los Nos defender.

Escrita en el nuestro real de Nájera, segundo día de abril.

.
GARCÍA GALLO, A. Manual de Historia del Derecho Español, Op. cit., vol. II, pp. 987-988.

.

II. Comentario de texto:

El texto sujeto a estudio es una carta de Enrique de Trastámara dirigida a Eduardo de Woodstock, príncipe de Gales, conocido popularmente como el “Príncipe Negro”. La carta, como puede leerse al final de la misma, está fechada a día dos de abril y se nos indica que el lugar de su redacción es el real de Nájera, es decir el campamento militar de Enrique, pues en efecto nos encontramos en la víspera de la batalla de Nájera, que tuvo lugar el 3 de abril de 1367. Aunque se trate de un documento epistolar, este sin duda está lejos de ser un documento privado, al contrario que lo más probable es que fuera una obra del esfuerzo reunido del monarca con su cancillería para plasmar en un documento la justicia de su causa; el documento le iba a ser leído al “Príncipe Negro”, y muy probablemente delante de su aliado y aludido por el documento, el rey de Castilla Pedro I.

Por ponernos en antecedentes, Castilla en ese momento se encontraba inmersa en una guerra civil, que enfrentaba a dos hermanos de padre; Pedro I, hijo legítimo del anterior monarca, Alfonso XI (1312-1350), y su esposa María de Portugal y Enrique II, uno de los ocho hijos naturales habidos entre Alfonso XI y su amante Leonor de Guzmán; dotado este último por su padre con el condado gallego de Trastámara, de ahí que se le conozca a él y a sus descendientes como la dinastía Trastámara. Sin querer obviar razones de índole personal, el enfrentamiento entre los dos hermanos se inserta en las luchas que hasta bien entrado el siglo XV enfrentarán a los nobles contra el fortalecimiento del poder monárquico. Por lo demás, el conflicto que podía haberse saldado de forma más sencilla, ya que Enrique no logró en un principio apoyos que pudieran librarle del exilio; que llevó entre la Corona de Aragón y el reino de Francia; se complicó en una larga guerra civil al convertirse en una ramificación de la guerra que enfrentaba a Francia e Inglaterra, la conocida como “guerra de los Cien Años”. En efecto, ambos contendientes buscaban el apoyo de la poderosa flota castellana, que permitiría el control sobre la costa atlántica francesa, pudiendo asegurar o bien interrumpir las comunicaciones entre las islas británica y el continente. Esto terminaría con la larga tregua en vigor en ese momento. De este modo, en suelo castellano, tropas francesas de las temibles compañías libres comandadas por el condestable de Francia, Bertrand du Guesclín, combatieron junto a Enrique II, a la vez que tropas inglesas comandadas por el príncipe de Gales, hacían lo propio con Pedro I.

Si estudiamos la carta más en detalle, vemos que esta se abre con un párrafo de introducción en el que además de las formulas de cortesía propias de este tipo de correspondencia, se anuncia la tesis que va a defenderse más adelante: que su hermanos el rey Pedro es un mal rey. Por lo demás es digno de destacar que Enrique hace referencia a una carta anterior que le dirigió el príncipe Eduardo y de la que esta es respuesta.

El segundo párrafo es una exposición de los múltiples crímenes, reales o ficticios, que le atribuyen Enrique y su partido al rey Pedro. Empieza con una relación de asesinatos, ordenados por orden de importancia jerárquica, pero resaltando sobretodo su relación de parentesco con las víctimas, queriendo resaltar que  además de un rey sanguinaria, era un rey parricida. Se cita pues primero que mató a dos reinas, su mujer y su tía, después, a primos y hermanos y a importantes señores para quedarse con su patrimonio. Después relata más en general, sin especificar ni cuando ni a cuantos, que mató a muchos caballeros y escuderos. Y ya por fin culmina atribuyéndole dos graves delitos, el de dedicarse a violar mujeres y el de usurpar las funciones de la Santa Sede, convirtiéndolo poco menos que en una suerte de hereje.

De forma, que como se nos relata en el tercer párrafo, el reino en su conjunto se levantó contra semejante tirano, le propusieron que él fuese su señor y a Enrique no le quedó más remedio que aceptar. Es interesante ver que se recurre a los godos, de los cuales se hace descender a la monarquía castellana, como forma de demostrar que una rebelión de este tipo no choca contra el orden natural de las cosas, se cita como prueba de la originalidad y de la antigüedad de la tradición monárquica en España, la costumbre de jurar a los príncipes primogénitos en vida del rey, su padre. Esto a mi entender resulta contradictorio, pues no tiene mucho sentido decir que es costumbre hispánica tomar al rey más dotado, con el hecho de que se tome por rey al primogénito, sea este el más dotado o no. En todo caso, viene a decir que esta es costumbre española y que no han de contravenirla extranjeros que puedan tener otras costumbres.

La carta termina con una formula de cortesía que viene a aludir a lo desagradable que resulta la empresa bélica cuando es entre buenos cristianos. Sin embargo, Enrique mantiene su firme determinación de no abandonar su causa, planteándolo como un deber contraído con sus reinos.

En todo caso la batalla tuvo lugar y se saldó con una derrota aplastante de la armas enriqueñas; una vez más los franceses demostraron su inferioridad ante las tácticas inglesas y especialmente ante sus arqueros de tiro largo. No sabemos que impresión le ofreció al “Príncipe Negro” de la lectura de la carta, suponiendo que llegase a leerla. Es posible que él se contase entre los partidarios de que Pedro I pasase a la historia como “el justiciero” en lugar de cómo “el cruel” o simplemente primara más la perspectiva de poder contar con la flota castellana o al menos de evitar que contara con ella su enemigo. Con el tiempo, Pedro I se mostraría cicatero en pago a la inestimable ayuda portada por sus aliados ingleses, lo que motivaría su retirada de la península y con ella, su derrota y muerte a manos de su hermano, Enrique II, en los campos de Montiel.

Batalla de Nájera, según miniatura de la Crónica de Jean Froissart, siglo XV, (Biblioteca Nacional de Francia)

Batalla de Nájera, según miniatura de la Crónica de Jean Froissart, siglo XV, (Biblioteca Nacional de Francia)

III. Bibliografía:

  • (1) Wikipedia. Varias entradas: primera aproximación al tema, antecedentes y temas tangenciales.
  • (2)Álvarez Palenzuela, Vicente Ángel. Historia de España de la Edad Media (2ºEd. Nov.2011 Editorial Ariel Historia).

 


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: