Archivo de la categoría: Libros

Reseña: Commandant of Auschwitz

[…] I could never have brought myself to make this confession of my most secret thoughts and feelings, had I not been approached with a disarming humanity and understanding that I had never dared to expect.

It is because of this humane understanding that I have tried to assist as best I can in throwing some light on matters that seemed obscure.

But whenever use is made of what I have written, I beg that all those passages relating to my wife and family, and all my tender emotions and secret doubts, shall not be made public.

Let the public continue to regard me as the blood-thirsty beast, the cruel sadist and the mass murderer; for the masses could never imagine the commandant of Auschwitz in any other light.

They could never understand that me, too, had a heart and that he was not evil.

These writings consist of 114 pages. I have written them voluntarily and without compulsion.

Cracow. February 1947                          Rudolf Hoess

.

Así cerraba Rudolf Hoess las memorias que escribiera antes de ser ahorcado. Afortunadamente se hicieron públicas en contra de su deseo.

Commandant of Auschwitz

La portada del libro en cuestión presenta la foto de Hoess el primer día del juicio en el que fue condenado a muerte.

Es importante que la humanidad haya podido ver a Hoess en su dimensión humana. Como ya dije en su día en la reseña de “La corte del zar rojo”, soy muy reticente a usar el término monstruo con los genocidas. Un monstruo tiene algo de enfermo mental  que lo aleja de la especia humana, le hace ladrar, le hace aullar como un animal. Esto será aterrador sin duda, pero no tanto como la gente que conscientemente y en pleno uso de sus facultades, se consagra a la tarea de exterminar a cientos de miles, a millones de humanos de todas las edades y condiciones. El nazismo no fue un mal sueño, no fue un lapsus, ni un error inconsciente; fue algo muy real y premeditado, algo que podría volver a producirse y que desde el conocimiento de aquel horror, debemos de hacer todo lo posible para que no se reproduzca.

Este es uno de esos libros que duele leer, pero que hay que leer. No por gozar del dolor, ni recrearse en él, sino por lo que te enseña sobre ti mismo. Que te duela el dolor ajeno, te hace humano.

 .

Es curioso porque este libro no lo leí cuando me lo regalaron. Lo empecé, pero tras la introducción de Primo Levi y las primeras páginas, lo substituí por una lectura mucho más ligera. Se habrá quedado en la mesita de noche, en la pila de “pendientes”, cerca de un año. Había muchas razones para retomarlo, la mejor de todas; que me lo trajo mi hermana del mismo Auschwitz como “souvenir” (los beneficios generados por la obra están destinados a ayudar a los supervivientes del campo). Al retomarlo, obvié lo que ya llevaba leído de la vez anterior. El caso es que con la lectura enseguida rememoré parte de la introducción de Levi; Hoess puede ser muchas cosas, pero como Levi, yo lo que más resaltaría es sus absoluta cobardía, acompañada de un repulsivo cinismo.

Rudolf Hoess se oculta tras sus superiores, dice que obedecía órdenes que dada su profesionalidad militar ni siquiera cuestionaba. Pero eso no es lo más bonito del asunto, sino que a la vez se oculta también tras sus subordinados. Según él, sobre ellos debía de recaer la culpa de las mayores atrocidades a las que fueron sometidos los prisioneros en los campos donde sirvió. Se declara impotente, incapaz de meter en cintura a sus subordinados; a él le gustaría que la vida concentracionaria se hubiese gestionado de forma racional, sin brutalidades gratuitas, como el que lleva una granja y quiere que sus animales produzcan, y que cuando toca matarlos, lo hace sin pena ni gozo.

Sin embargo, evita manifestar directamente la opinión que le merecían todos esos “antisociales” y “enemigos del estado nacionalsocialista” que custodiaba. Si le parecía justo que alguien fuera encerrado por tener parientes judíos, o gitanos, o ser homosexual o testigo de Jehová o simplemente por ser un disidente manifiesto de la Alemania Nazi. Hoess es un ultraderechista feroz, un claro antisemita, que tiene la cabeza llena de prejuicios contra todos y contra todo y a la vez tiene idealizados ciertos valores en los que cree casi con fervor religioso; sus páginas traslucen eso, por mucho que quiera ocultarlo con algunas sensiblerías y concesiones de lástima o de respeto y que cínicamente busque justificarse mediante anécdotas que pretenden justificar sus fobias.

 .

Las anécdotas en sí poco importan, el horror de los campos está plenamente documentado. Hoess intercala además mentiras manifiestas entre ellas, de modo que tampoco pueden tomarse como una fuente fidedigna en sí mismas, pero son fundamentales para comprender al personaje, para entender su forma de ver el mundo, para mirar a través de los ojos del verdugo.

Leer sus memorias no produce empatía, ni genera comprensión. Leer sus memorias produce asco y desprecio, ante tanta excusa barata y tanta cortina de humo.

Hace poco vi un documental sobre los descendientes de todos estos figurines, sobre como debían de llevar sobre sus espaldas la pesada carga de sus apellidos. Uno de los que aparecían era uno de los hijos de Hoess; él daba la cara y afrontaba la verdad en toda su crudeza como no quiso hacerlo su padre… parece que hay razones para no perder del todo la fe en el ser humano…

 Por: El Exiliado del Mitreo

La idea de poner ese eslogan a la entrada del campo fue del propio Hoess

La idea de poner ese eslogan a la entrada del campo fue del propio Hoess


La revancha de las cenizas

“La revancha de las cenizas” o algo así, será la traducción de “La revanche des cendres” cuando sea publicado en castellano. Es la traducción literal, no es que me suene muy bonito (me suena mejor en francés en todo caso), pero es del todo correcta y los títulos de los ya publicados han sido todos así.

¿Y de qué puñetas os estoy hablando? ¿Eso es el título de qué? Es posible que os estéis preguntando algo así.

Pues ese será posiblemente el título, del último tomo de una saga de comics históricos que comenzó a publicarse por el 2003 o así (en España)… y que me he ocupado puntualmente de comprar cuando he ido enterándome de su aparición en el mercado. Ha pasado un tiempecito ¿verdad? Pero os aseguro que la obra bien vale la espera, hay que tener paciencia como para todo lo bueno en la vida.

Este tomo es el último, como comentaba, el último de ocho, que se dividen en dos ciclos de cuatro; el Ciclo de la Madre y el Ciclo de la Esposa… pero veo que con tanta introducción, al final voy a acabar empezando la casa por el tejado, lo suyo sería que ahora os dijera cuál es el nombre de la saga ¿no?

Esta obra lleva por título “Murena”, por el apellido (¿nomen?, ¿cognomen?…no queda explicitado en ningún sitio, creo) de su protagonista, Lucio Murena, un joven patricio romano; aunque si fuese una cuestión de protagonismos, hubiese podido titularse perfectamente Nero” o “Nerón”, porque el hilo conductor que se extiende durante estos ocho capítulos, es la evolución de las relaciones entre estos dos personajes; de amigos del alma a encarnizados enemigos.

Y desde luego que da tiempo no solo a ver como evoluciona su relación, sino para ver como ellos mismos cambian, a la deriva muchas veces de acontecimientos que escapan por completo a su control. Y es que esta saga abarca 10 años, desde el asesinato del emperador Claudio, que conduce al ascenso al principado de Nerón, su hijo adoptivo, en el 54 d.de C., hasta el célebre incendio que arrasó barrios enteros de le ciudad de Roma en el 64 d.de C.

Sus autores; Jean Dufaux, excelente guionista, con obras maestras a sus espaldas como “La Balada de las Landas Perdidas”; y a los lápices, Philippe Delaby, maestro de la belleza; forman posiblemente el tandem más poderoso del panorama franco-belga actual. Gracias a estos dos genios, página a página se va desplegando ante nuestros ojos la historia de Roma, con un grado de verosimilitud que atestigua largas horas de trabajo de documentación y de quemarse las pestañas ante la mesa de dibujo.

Desde luego que la recomiendo a propios y extraños, porque aparte del afán didáctico de reconstrucción histórica, el argumento engancha desde la primera viñeta, mezcla de amor, celos, luchas de poder y sed de venganza.

Aunque por cierto, si no eres mayor de edad, que no la vea mamá (si es un poco estrecha) o al menos no digas que te la he recomendado yo (échale la culpa al profe de historia ;)). Porque el erotismo, tanto heterosexual, como homosexual, están perfectamente integrados en la historia y se presentan con absoluta naturalidad.

Si según el vídeo publicitario de YouTube, el tomo 8 se puso a la venta en Francia el 12 de noviembre de 2010, no sé a qué están esperando para publicarlo en castellano… Ni que lo estuviese traduciendo Victor Hugo a través de un tablero de güija. Me lo piden a mí y por un módico precio (lo haría por amor al arte, pero es que lo que no cuesta no se aprecia ¿no? Así que ya puestos, mejor cobrar, jaja), lo tendría en quince días como muchísimo. Que es un cómic de unas cuarenta y tantas páginas, no “Les Fleurs du Mal“. La cosa es que lo tuve entre mis manos cuando estuve hace unos quince días en París y al final desistí de comprarlo y me avine a esperar, por el tema de no romper la unidad de la colección, que la tengo toda en castellano, pero… ¡¡Quiero saber como acaba la saga, Dios!! ¡¡Publicadlo ya!!

El pase de diapositivas requiere JavaScript.


El parto de la giganta

En mi masoquismo (que no conoce límites), llevo peleándome desde hace algunos meses con cierto librillo; todo un clásico de la literatura francesa.

El libro en sí es genial, no me malinterpretéis. Yo diría que como todos los clásicos de antes de que el romanticismo y la era victoriana se cargaran la literatura.

(¡Perfecto! Ahí acabo de dejar caer otra de mis famosas exageraciones que tantas ampollas suelen levantar).

.

Bueno, que me voy ya por las ramas nada más empezar. Se trata de un curioso libro, que se conoce por el no menos curioso título de “Gargantua”. Y digo “se le conoce”, porque conforme a la manía de los autores de aquella época, su título es, como en el caso del Quijote, un párrafo entero: “La vie très horrificque du grand Gargantua, père de Pantagruel”, seguido por una apostilla sobre el autor imaginario, que de nuevo como sucede con el Quijote, es presentado como el verdadero autor del texto; “Jadis composée par M. Alcofribas, Abstracteur de Quinte Essence”; que suena muy a moro, amén de a alquimista. Tras leer algo así en la portada, el lector queda implícitamente advertido que puede esperarse cualquier del interior.

El verdadero autor de este libro, del cuál Alcofribas es el anagrama abreviado, como puede que sepáis, es el sin par François Rabelais. No voy a alargarme mucho hablando de su vida en esta entrada, solo apuntaré el dato, de que aparte de ser una persona de ingenio y sentido del humor portentoso, era médico de profesión (y no obstante, posible hugonote, lo que le causó no pocos problemas).

.

La cuestión, y por eso hablo de pelearme y de masoquismo, es que la edición que compré hará un año, en un puestecito de libros viejos en la cours Jean Jaurés de Avignon, no es una versión modernizada, sino que está escrita en “vieux français”; francés antiguo. Es decir, tal y como lo escribiera Rabelais en el siglo XVIº.

Y la verdad que leerlo no es difícil. No…es lo siguiente a dificil. Por eso llevo meses con ello (en los que he leído bastantes libros entre medias), porque no aguanto más de un par de capítulos de vez en cuando; solo en esos días en los que tengo la cabeza muy despejada y con ganas de encontrar un reto.

¿Y por qué no lo he dejado ya? Pues sencillamente porque el libro vale mucho la pena; es muy divertido, y porque a la vez me resulta sorprendente, ver lo diferente que era el francés de hace cinco siglos, del que se habla hoy en día.

.

Bueno, tras haberos presentado un poco el texto, dejadme que os lleve de la mano al asunto en concreto que ha motivado esta entrada.

No tenemos que avanzarnos mucho en la lectura. Basta con que vayamos el capítulo III, que lleva por título: “Comment Gargantua fut unze moys porté au ventre de sa mere”. La traducción en castellano de esto sería algo así como: De cómo Gargantua permaneció en el vientre de su madre durante once meses. El título en sí es bastante descriptivo.

En el cuerpo del texto podemos leer en un momento determinado:

En son eage virile, espousa Gargemelle, fille du roy des Parpaillos, belle gouge et de bonne troigne, et faisoient eux deux souvent ensemble la beste à deux doz, joyeusement se frotans leur lard, tant qu’elle engroissa d’un beau filz el le porta jusques à l’unziesme moys.

Este párrafo en concreto es de comprensión bastante asequible (¿Pero a que el lenguaje es bastante arcaizante?). En ese párrafo pone (traducción resumida): Que cuando llegó a su edad viril, (Grandgousier, padre de Gargantua) se casó con Gargamelle y que como gustaban de jugar a hacer a menudo la bestia con dos espaldas, ella se quedó encinta de un hermoso hijo que llevó hasta el onceavo mes.

Rabelais prosigue a continuación con la explicación de esto de los once meses (¿Recordáis que os dije que era médico verdad?). Dice que en ciertos casos, cuando se está gestando un gran personaje, la madre puede llevar dentro a la criatura hasta once meses y cita algunos ejemplos mitológicos. Esto podríamos tomárnoslo a broma, en el fondo la mitología es la mitología y en una sociedad cristiana, resulta difícil de creer que pudieran darle mucha credibilidad a estas fantasías paganas.

Pero luego Rabelais prosigue a profundizar el tema, ya inequívocamente hablando en serio aún dentro del contexto de esta obra satírica. En el párrafo siguiente explica que según los expertos, se podía y se debía considerar legítimo, al hijo nacido aún once meses después del fallecimiento del marido. Para apoyar esta aseveración, cita como argumento de calidad los nombres de una turbamulta de autores griegos y romanos junto a sus obras (Hipócrates, Plinio, Marco Varrón, Aristóteles…).

En las notas, el editor comenta que la duración de la gestación era un motivo de controversia activo en el siglo XVIº, y que el propio Rabelais había sido consultado en calidad de médico por el embajador francés en Venecia, al respecto de un litigio sobre una fecha de concepción. Montaigne, también, en sus ensayos, da por bueno el periodo de once meses de preñez.

.

Claro, yo cuando leo todo esto, en mi inconmensurable malicia, es inevitable que se me ilumine la cara con una sonrisa.

Y no por la ignorancia de estos buenos señores de ciencia, que con sus reducidos medios y rodeados de insidiosos tabúes, suficiente hacían. Sino por su inocencia y su candidez.

Las mujeres, confinadas a una posición secundaria en aquellos tiempos; callando, les habían metido a los hombres un golazo en el último minuto de la prórroga. No es ningún secreto que se experimentan cambios fisiológicos durante el embarazo; cierto es que al principio pueden pasar desapercibidos, ¿Pero dos meses?

Por otro lado, no olvidemos que en muchas sociedades pretéritas, la mujer que no era capaz de aportar hijos a la unión, en caso de fallecimiento del marido, quedaba desposeída de herencia que pasaba a la familia del marido, volviendo ella a la casa de su padre o hermano mayor.

Así que ya podéis imaginaros el percal. Sería morirse el marido y la mujer tenía un margen de dos meses para cepillarse a todo lo que portase atributos de varón. Malo sería que en ese ínterin no se quedase embarazada.

¡¡Bien por ellas!! 😉

Tal vez la ilustración más célebre hecha para la edición del Gargantua de 1854 por (el genio) Gustave Doré

Por: El Exiliado del Mitreo
Licencia de Creative Commons
El parto de la giganta by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Bukowski Roominghouse

Charles Bukowski es un escritor de mierda; en el sentido fisiológico del término (por supuesto).

Creo que suelen llamar realismo sucio a lo que él hacía. Un encasillamiento como otro cualquiera. Es cierto que sus escritos están cubiertos de una pesada costra de mugre, pero bien podrían haberlo colado dentro del naturalismo. ¿Y porque no? En el fondo no hacía más que describirnos su vida, a través de su alter ego; el señor Hank Chinaski. Así, sin más, sin ahorrarnos detalles. Si su vida era sucia y asquerosa, no iba a contarnos otra cosa.

Pero por más que lo pienso, no hago más que convencerme un poco más de que esto no es poco, sino que hablar con esa brutal sinceridad de uno mismo tiene bastante mérito.

La vida es rara a veces; yo creo que siempre, de hecho; y Bukowski/Chinaski es muy consciente de ello.

Pues no es lo mismo sentirse enfermo que estarlo realmente.

No, está claro que no….

Es preciso aceptar las cosas de este mundo sin entenderlas, es lo que nos piden que hagamos. A más desarrollo de una sociedad, menos sentido, y si le buscas las vueltas, acabas por salirte del redil; eso si no son los demás borregos los que te echan a puntapiés.

.

Bukowski, maestro de ebrios patanes y/o poetas, le hizo un gran favor al género poético. Porque fue un renovador, a la vez que un verdugo… y sí, así soy de inconstante que me retracto de lo que he dicho una línea más arriba, porque me pregunto si en el fondo lo que hizo no fue sino cargarse el género, y no tanto él en sí mismo, como las generaciones siguientes completamente trastornadas por sus obras.

Porque no es por nada que sea uno de los poetas más imitados del pasado siglo, sus poemas desbordan humor y geniales reflexiones sobre el sentido de la vida, aunque sin un gramo de pedantería. Lo que pasa es que no todo el mundo tiene su talento.

Yo, sinceramente, no quiero escribir como él. Hay que estar muy jodido para escribir así, aparte de que la úlcera de estómago (gracias, papa, por tan buena genética) no me permitiría sobrevivir mucho a semejante trasiego de alcohol de la mañana (me corrijo: del mediodía) a la noche.

 .

Y es que, por los clavos del Señor, al viejo le gustaba pegarle duro a la botella.

Beber, su coche, follar, las carreras de caballos y el boxeo; en ese orden.

El viejo cabrón era un hombre de costumbre y gustos sencillos (dentro del exceso). Y es que en el fondo se conforma con burlar a la muerte un día más; con eso basta.

Él no sabe nada de Dios o de los hombres. No sabe ni le interesan la política o los ideales.

No sabe nada y a la vez conoce la esencia de todo; el sabe lo que sabe y lo ha aprendido por el camino duro; cayéndose y levantándose muchas veces.

 .

Pero que no sea un autor refinado, de esos que edifican sus textos con bonitas palabras, en un intrincado estilo digno de la más cara y por ende, la mejor, universidad de la costa este, no implica en absoluto, que sus reflexiones no estén dotadas de una gran agudeza y sutileza pese a lo rudo de su estilo.

El habla de lo que conoce; de sí mismo sobretodo; y lo hace muy bien. Y en ese sentido es capaz de hacer algo muy difícil; una autocrítica descarnada y feroz, aunque exenta por completo de la típica autocompasión.

Tal vez sea porque nos gusta la mierda; porque los humanos obtenemos un morboso placer en contemplar las miserias de nuestros congéneres (de ahí el triunfo de la telebasura); la base de su éxito.

Yo no lo veo así; o por lo menos, no del todo; yo creo que aparte de la brutal sinceridad que emplea para hablar de sí mismo, que no está exenta de mucho humor, hay algo más, hay un hombre que sufre; algo indisociable del simple hecho de vivir en mayor o menor medida; y eso es lo que nos engancha.

Se siente que tras la mugre hay un hombre que busca desesperadamente amor y cariño. Lo busca y parece no alcanzarlo nunca, porque se sabotea a sí mismo, porque en cierto sentido, ni siquiera cree ser merecedor de algo tan bueno, y porque ni siquiera sabe muy bien cómo responder a esos sentimientos.

De la misma forma, tampoco sabe muy como relacionarse con el mundo; le gusta la soledad y a la vez le quema estar solo y necesita de la gente, sobretodo de sus mujeres, a las que jode y le joden en más de un sentido.

 .

No tiene mucho sentido hablar de escritores malditos (¿Los hay benditos? ¡Póngame tres para llevar, por favor!), y eso que la imagen tiene su gancho desde luego.

Y mucho menos para referirse a Bukowski, porque una de las condiciones para ser un escritor maldito es no haber conocido el éxito en vida, cosa que no ocurrió con el viejo.

Pero yo en todo caso, sí que puedo hablar de un maldito escritor por el que he robado horas al estudio más de una vez (y más de dos). Es igual (creo…); en el fondo soy de los que piensan que en la vida, las únicas cosas que de verdad vale la pena hacer, son aquellas que haces por propia voluntad; y si no he comprendido mal su obra, pensaba algo parecido el señor Bukowski.

Ilustración perteneciente a una serie de cuatro, inspirada en los escritos de Charles Bukowski, realizada por el artista visual e ilustrador Andrés Casciani.

Podéis seguirle a través de su cuenta de flickr: http://www.flickr.com/photos/andrescasciani

y su blog: http://andrescasciani.blogspot.com

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Bukowski Roominghouse by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Los Amos de la Muerte

Amos de la Muerte: Los SS-Einsatzgruppen y el origen del Holocausto. 

de Richard Rhodes

S.A. EDITORIAL SEIX BARRAL
.
Los einsatzgruppen fueron cuerpos “especiales” de policía, formados por miembros de las SS, de la Gestapo y de los cuerpos de policía del IIIº Reich. Su misión consistió, simple y llanamente, en identificar, detener y a continuación, directa o indirectamente, proceder al exterminio de los elementos indeseable (entiéndase por esto, los judíos principalmente) de los territorios recién conquistados por la Wehrmacht en el este; Polonia, Países Bálticos, Bielorrusia, Ucrania y Rusia.
.
Este es un libro que ya solo por el segundo capítulo, Círculos Viciosos, merece la pena ser leído. En él se recoge un análisis resumido sobre la lógica de la violencia. No es lo que se llama una fuente primaria, sino que es un análisis aplicado al caso que nos ocupa del trabajo de psicólogos que han teorizado sobre el fenómeno de la violencia, pero resulta una exposición amena y asequible para todo el mundo, como suele ser costumbre en al ámbito de la historia, que a nadie dejará indiferente.
El resto puede se leer íntegramente o no, de corrido o a saltos; pues en el fondo es siempre el mismo horror. Duele el alma al leer este libro, duele el descubrir que nuestros semejantes son capaces de semejante vileza, crueldad y cinismo. Duele y llena de pavor el pensar que llegado el momento y en determinadas circunstancias, incluso nosotros mismos podemos llegar a actuar así…
Sin embargo es absolutamente imprescindible leer el epílogo; es imprescindible para indignarse una vez más con las raíces podridas sobre las que está edificado este mundo. En efecto, en este magnífico broche para este magnífico libro, uno descubre que la mayor parte de esos asesinos de mierda quedaron impunes; las pruebas incriminatorias enterradas bajo legajos polvorientos, cuando no directamente salvados de la horca por la necesidad imperiosa de los aliados de reconstruir una Alemania fuerte que pudiera contener las presuntas ambiciones de sus antiguos socios soviéticos.
.
Los campos de concentración y exterminio parece que han absorbido casi toda la atención, tanto de la opinión pública, como de los especialistas, en lo que a los crímenes contra la humanidad que perpetrara la Alemania Nazi se refiere. Sin embargo la mayor parte de los judíos de Europa Oriental perecieron víctima de los tiros en la nuca de estos escuadrones de expertos matarifes o de sus subordinados nativos. Además, si se pudiera realizar una gradación dentro del horror, sus métodos fueron si cabe más espantosos, perturbantes y cínicos que las cámaras de gas del final de la guerra, que tras leer este libro, pueden llegar a parecernos hasta un método humanitario…con eso lo digo todo…
.
Por: El Exiliado del Mitreo

Adiós Jorge

El otro día murió Jorge Semprún; en concreto el pasado martes día 7 de Junio.

Hoy no voy a escribir una reseña biográfica, no. No voy a contar como muy jovencito, al acabar la guerra civil, se exilió con su familia en Francia, tampoco que sobrevivió al campo del horror de Buchenwald, a donde fue llevado por pertenecer a la Resistencia; ni que en los años siguientes, como miembro del PCE, estuvo entrando y saliendo de España con varias identidades falsas, para tratar de organizar la resistencia interna a Franco; tampoco que fue expulsado del partido en los 60′, por discrepar sobre la línea marcadamente estalinista dictada por Moscú; ni siquiera, que fue ministro de cultura durante unos años, en uno de los gobiernos de Felipe González, como una forma de hacer una reparación histórica, algo que él no dudaba en reconocer… No soy su biógrafo, sin duda no lo soy. Además es realmente difícil escribir mejor que él sobre todos esos episodios de su vida; a su obra me remito…

El decía que su vida era una vida ligada íntimamente, para bien o para mal, a la historia del siglo XX.  Creo que no le faltaba razón. Yo diría que por su formación y sus cualidades intrínsecas, fue capaz de poner voz a muchos miles que no hubiesen sido capaces de expresarse con la precisión, con la concisión y con la calidad con la que lo hizo él; por eso yo lo calificaría de leyenda viva… pero ahora ya no vive y a pasado a ser historia.

Este texto pretende ser solo un pequeño punto de homenaje, así como una invitación a que se lean sus obras, interesantes no solo para los que quieran internarse en el conocimiento de parte de la historia del siglo pasado de la mano de un testigo privilegiado, sino como por su valor literario inherente.

Como parte de este humilde homenaje quiero hablaros para empezar, de la primera vez que oí hablar de él. Y fue en clase de francés, para que veáis que sorprendentemente siempre gozó de una fama y una reputación en Francia que en España siempre la fue esquiva; hay muchas cosas que los españoles tenemos que superar, una de ellas sin duda es el franquismo y su ramificaciones, con el que mucha gente de niega a romper.  Estábamos leyendo un extracto de “Le Grand Voyage” (El Largo Viaje) o de “L’Écriture ou la vie”; ahora mismo no recuerdo, pero era cuestión de Buchenwald. La profesora, francesa claro, bromeó con nosotros sobre si era un autor francés o español ya que la mayor parte de su obra la había escrito en lengua francesa. El caso es que yo, con mis catorce o quince años, no había oído nunca hablar de ese español que despertaba tanta admiración en mi profesora y como descubrí después, en muchos, muchos, franceses. Eso fue algo que se me quedó muy grabado.

El último libro suyo que he leído ha sido este del que podéis ver más abajo una foto y que aún obrará un tiempo en mi poder hasta que decida liberarlo en algún sitio donde vaya a ser debidamente apreciado o hasta que alguien interesado en él me lo pida: Autobiografía de Federico Sánchez. Reconozco que en un primer momento me chocó un poco su sintaxis, pero en cuanto me habitué a sus reglas de juego y empecé a disfrutarlo plenamente, me pareció una maravilla además de muy revelador, ya que narra de primera mano una historia del PCE en el destierro casi desconocida o muy contaminada por la reescritura perpetua de acuerdo con la línea oficial del momento. Federico Sánchez era su seudónimo oficial para la clandestinidad y el libro a priori gira sobre su expulsión del partido en el 64, aunque da saltos constantemente adelante y atrás, para ir pintando varias estampas de su vida, especialmente de sus años de clandestinidad en Madrid.

En mi mesita de noche espera “La segunda muerte de Ramón Mercader”, que he rescatado de casa de mi abuela. Cuando tenga ocasión de leerlo a lo mejor os vengo con la noticia, hasta entonces, sed buenos y leed mucho  (eso no os lo deben quitar nunca 😉 ) .

El último libro suyo que he tenido ocasión de leer cortesía de BookCrossing. Esto me recuerda que tengo liberarlo ya...

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Adiós Jorge by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


La corte del zar rojo

-¿Por qué me pegabas tan fuerte?

-Por eso has salido tú tan bueno -contestó la anciana antes de añadir-: Iosiv, ¿qué eres exactamente?

-Bueno, ¿te acuerdas del zar? Pues yo soy como un zar.

-Más te habría valido hacerte cura -replicó su madre. A Iosiv el comentario le pareció delicioso.

.

La corte del zar rojo“, es un libro del historiador Simon Sebag Montefiore, que adquirí hace dos años, en 2008, fecha de la publicación de su segunda edición en castellano. Por aquella época, escribí una reseña para la revista AWA, por la cual se me tachó de defender a Stalin… podéis leer el artículo completo haciendo click aquí y juzgarlo por vosotros mismos, pero vamos, tal vez fragmentos como “el espantoso silencio de los asesinatos en masa” deberían hacer dudar de que esté realmente haciendo una apología de Stalin, a no ser que esa persona considere ese tipo de cosas algo positivo…él sabrá…

(Abro un paréntesis porque tal vez lo que más me molestó de todo el asunto es que me dijera que tuviera cuidado con lo que escribía, hay gente que no sé que coño se piensa; cierro el paréntesis).

La razón de que casi dos años vuelva a escribir un artículo de mismo título, es que en las últimas dos semanas he retomado la lectura del libro, que quedó aparcada por exámenes el tiempo suficiente para que me olvidara de él y me pusiera a leer otras cosas. Pero uno siempre acaba volviendo a lo bueno y lo cierto es que este libro lo es y mucho. Podemos decir que está totalmente dentro de la denominada historiografía británica, que se fundamenta en la preocupación por no escribir somníferos dignos de ser empleados como ladrillos en alguna edificación.

En su momento cerré mi artículo diciendo: “Este libro es la narración absorbente de aquel mundo, en el que el rojo de las estrellas se fundía con el de la sangre manando de agujeros de bala. Una historia reconstruida como no se había hecho hasta ahora, ya que el autor ha tenido acceso, por primera vez, a los archivos del dictador y de sus colaboradores, recientemente desclasíficados. De modo que en un lenguaje atrayente, al estilo de la historiografía británica, ha dejado que los documentos hablen por sí mismos y sean los propios actores los que nos desvelen lo que se cocía en la corte imperial del primer y último gran Zar de todos los soviets.” Debo decir que después de dos semanas y media de lectura, renuevo plenamente hasta la última palabra.

Hace tiempo, leí en algún foro que alguien (leyendo todo su comentario tampoco es que el tipo demostrase ser una lumbrera y/0 saber demasiado sobre lo que estaba hablando, pero al menos en este aspecto que voy a comentar a continuación, su crítica tenía cierto fundamento) criticaba la familiaridad en el lenguaje y/o el uso de vocabulario coloquial, primero pienso que eso es parte del atractivo del libro, esto es un ensayo, no un libro de texto; segundo cuando sobre una hoja mandada por uno de los ministros comisarios de Stalin, Voroshilov o Kaganovich o alguno de esos, con una lista de personas a las que condecorar con la orden de Lenin, hay escrito al margen por el lápiz azul de Stalin a modo de firma “Y condecoramos a estos gilipollas con la orden de Lenin“, me parece absurdo y pedante escribir en unos términos distintos en pro de un academicismo que no hace sino dar una imagen distorsionada de la realidad.

.

“Stalin no estaba loco”, esta afirmación fue una de la mayores fuentes de polémica de mi artículo. Bien pues me reafirmo, porque no estaba loco (y si no me creéis leed el libro), o no mucho más de lo que podemos estar cualquiera de nosotros, porque es bien sabido que para un psicólogo todo el mundo tiene algo en su cabeza que no funciona.

Y creedme, esta idea me aterra mucho más que pensar que en su carácter hubiera algo de aberrante, de patológico. Resulta muy duro pensar que en determinadas circunstancias, con un clima y un ambiente determinado, cualquiera de nosotros puede ser un Stalin.

Iosif Visariónovic Djugashvili, el georgiano, el hombre de acero (stal), Stalin; hijo de un borracho que abandonó a su familia y de una madre, Keke, con la mano muy suelta y que posiblemente ejerciera de concubina en la casa donde servía. Estudió en un seminario, que era la forma de que los pobres pudieran estudiar. Agente doble, afiliado al partido bolchevique e informador de la Ojrana, la policía política zarista, como muchos antes de la revolución. Un hombre hecho a sí mismo, culto a fuerza de leer, protector de escritores y artistas.

Era un hombre con una personalidad magnética. Silencioso y enigmático, con esa media sonrisa cínica y burlona con la que aparece en todas sus fotografías. Capaz de despertar un amor fanático hacia su persona…o tal vez fuera ese gen maldito que habita en el seno de la humanidad y que nos hace seguir a un líder hasta el mismísimo infierno si hace falta… ¿Cómo es posible sino, que Yezhov, que fuera el comisario general del NKVD (Comisariado del Pueblo para la Seguridad Interna), que llegaba a las reuniones del Politburó con manchas de sangre en las mangas de la camisa, después de meses en la Lubianka, delante de los verdugos, pidiera que le dijeran al camarada Stalin, que moría con su nombre en los labios?

Se supo rodear de los instrumentos de necesarios para construir una sociedad nueva mediante el crujir de huesos y los borbotones de sangre. De todas formas, no creo que asistiera jamás a una ejecución, al menos desde que accedió a la cúpula de Unión Soviética. Es mucho más fácil vivir, cuando no te ha salpicado la sangre de los miles que has asesinado. Los brazos ejecutores acababan desquiciados; posiblemente porque ellos mismos sabían que acabarían pasando también delante de la pistola; Yagova, Yezhov y Beria son la prueba. Después de Beria todo cambió. Se acabó el Terror. La sociedad prerevolucionaria, las clases susceptibles de oponerse al bolchevismos así como sus descendientes habían sido exterminadas. De modo que el zar rojo había triunfado.

El se veía como Iván el terrible, pues al igual que él había descubierto y conjurado la amenaza de los boyardos que planeaban asesinarlo para evitar la construcción del nuevo estado. Solo que en esta ocasión para ser culpable no bastaba con tener una intención real, simplemente con tener la posibilidad bastaba.

Era un pontífice, como dije en mi artículo anterior, que venía a suplir a la vieja religión derribada por una nueva dotada de la misma mística, aunque exenta de todo individualismo y todo amor al hombre. Creo que algo así solo podría haberse dado en Rusia y en un partido como el bolchevique…

No hay peor crueldad que la de un fanático, no hay fanatismo peor que el de un cínico, no hay peor cinismo que el de alguien muy cuerdo…

La corte del zar rojo de Simon Sebag Montefiore

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
La corte del zar rojo by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


A %d blogueros les gusta esto: