Archivo de la etiqueta: Soledad

Fotografía: Soledades de Otoño

.

Localización: Parque de Juan Carlos I (Madrid)

Cámara: Sony alpha 380

Nota: Soy el autor de estas fotografías, como tal poseo todos los derechos y me reservo su uso exclusivo. No obstante, si deseas usar cualquiera de ellas, no tienes más que hacérmelo saber (escríbeme un mail) y lo hablamos. Gracias.

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Anuncios

Nieva

“Nieve en Madrid,
hielo en el corazón.
Ya no estás.”

por: El Olvidado-          

.

A un corazón podrido de latir.

.

La decepción es más fría y oscura,
que esas tan espesas nubes de nieve,
que amurallan Madrid con su negrura.
Muy lenta, la negra alfombra se mueve,
ávida por vomitar la blancura,
que enzampa su estómago de escarcha.
“Estas penas solo el viento las cura”
-Pienso para mí y prosigo la marcha.
Comienza a nevar.
…………………………Del cielo plomizo,
súbitamente preso del hechizo
del invierno, blancos besos de hielo
se apresuran por acolchar el suelo,
con un infinito manto de sueño.
“Qué solo está, aquel a quién nadie espera
-me digo –pero por más que me empeño,
de mi horizonte huye la primavera”.

(empezado en diciembre de 2009, terminado en diciembre de 2011)

Parque Alfredo Kraus (Madrid) - foto de Maje

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Nieva by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Hay Días

 

Hay días,

en los que la vida

te pesa insoportablemente;

.

Días,

en los que todos los años

que tienes,

se te echan encima

y miedo te da

pensar qué pasará

cuando esos años sean más

.

Esos días amanecen nublados,

con el ceño fruncido,

con dolor en la úlcera

y angustia en las entrañas.

.

Hay días de esos

de vez en cuando,

cada vez menos,

pero siempre

uno más.

.

Y lo único que te alivia

en esos días

de mierda,

es el pensar

que esos días

pasan…

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Hay Días by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Odio

Natalie odiaba a todo el mundo.

Odiaba a la gente de su instituto, odiaba las estupideces que le obligaban a estudiar, odiaba a sus profesores; una sarta de pedantes ignorantes, que se hinchaban como pavos para soltar una sarta de pedos por la boca.

Odiaba su casa, odiaba su cuarto, recién pintado de negro, donde odiaba esconderse. Odiaba su cuerpo y se odiaba a sí misma, como solo un adolescente sabe odiarse…

Pero sobretodo los odiaba a ellos; a sus padres.

Eran tan patéticos,

Tan kisch –pensaba, mientras los contemplaba trabajando juntos en el jardín, desde su ventana con los ojillos entrecerrados por el odio.

¿Qué coño estaban haciendo?

¡Ahí están, juntitos, podando los rosales, mientras tararean desafinados la misma puta balada de hard-rock!

Los muy hijos de puta traspiraban amor por todos sus poros. Qué asco le daban y cuanto deseaba haber amanecido en un orfanato ruso.

Lo que más la sacaba de quicio,  es que pese a todo, pese a como se comportaba con ellos, sus padres le seguían brindando un amor incondicional.

¡Los muy asquerosos! Seguro que si les escupiera a la cara, seguirían sonriendo como idiotas mientras se limpiaban el salivazo.

Aquellos babosos parecía que no iban a rendirse nunca con ella, que siempre iban a poner la otra mejilla. Tenía que hacer algo, esto tenía que acabarse, o jamás sería libre, jamás la dejarían ser ella misma.

.

* * * * *

¿Por qué tenía que llover precisamente hoy? Cómo odiaba estar de pie bajo la lluvia, suficiente tenía con aguantar los sollozos de sus odiosos familiares en mitad de aquel lúgubre cementerio victoriano.

Pero hay cosas que irremediablemente no cambian. Era a ellos a los que más odiaba. Ahí juntitos, sobre unas tablas, encima de dos fosas, metidos dentro de esas estúpidas cajas de pino lacado en negro.

Los muy cabrones; por fin la habían dejado sola.

Sola.

Sola.

Sola.

Sola.

Sola.

Ahora llovía dentro de su paraguas. Tenía la cara mojada…eran… ¿¡Lágrimas!?

¿De Odio?…

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Licencia de Creative Commons
Odio by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Iluminación (I): La Búsqueda

Llegado del páramo, en que solitarios vagan como espíritus los que buscan respuestas, fatigado se sentó a la orilla del mar y se puso a esperar. No sabía muy bien a qué o a quién estaba esperando, pero había caminado mucho para llegar hasta aquel lugar remoto y solitario. Desesperado –tal vez –cansado -sin duda, no se le ocurrió qué más podía hacer.

Permaneció mucho tiempo a la expectativa. Los ojos bien abiertos para no perderse ni el más mínimo detalle. Aguardando un mensaje, una señal de la providencia. Pero al final terminó por cerrarlos y abandonarse al tiempo.

La danza de las mareas mojó mil veces la puntera de sus botas gastadas, siguiendo el ritmo de los ciclos lunares. Las marejadas le salpicaron de espuma y los temporales le cubrieron de algas largas y verdes. El salitre se fue acumulando sobre su piel, llevado por las diminutas gotas de agua que arrastraba la brisa marina. Y así, cada vez más blanco, se fue convirtiendo en una estatua de sal.

El tiempo siguió transcurriendo en efímeros segundos, breves minutos y cortas horas, siguiendo su eterno baile cósmico al compás de la música de las esferas.

Noches y días.

La precesión de los equinoccios.

Pasaron los otoños que arrastraban flamígeras nubes de hojas y los inviernos con sus ocasionales lluvias de escarcha que cubrían la playa de un ligero manto blanco.

Inmutable parecía aquella playa de arenas negras, larga y ancha como un desierto. Un lugar, donde esa inmensidad propia de los sueños, solo se veía rota por la presencia ocasional de algún tronco de árbol roto, despojo del temporal, o el esqueleto de alguna ballena que había buscado el vararse allí para morir. Así era el lugar solitario que el caminante se había dado para morir…o al menos eso había acabado por creer.

La llegada de la luz fue el preludio del cambio.

En la noche cerrada…

(continuará)

Por: El Exiliado del Mitreo.

Licencia de Creative Commons
Iluminación (I): La Búsqueda by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Waiting for the sun…

En los pocos ratos que robo al estudio estaba preparando otro texto para esta semana, pero he vuelto a escuchar el Morrison Hotel de los Doors y me han entrado unas ganas irrefrenables (o más) de recuperar este textito que escribí hace un par de años. ¿La relación? Pues que es un texto inspirado por una canción de ese disco.

Bueno, malo o regular, aquí os lo dejo en una versión nueva, corregida y aumentada:

A Jimmy, in memoriam.

.

“At first flash of Eden, we race down to the sea.

Standing there on freedom’s shore.”

La calida voz del rey lagarto inundaba mi habitación. Cada palabra, cada sílaba, era una campanada que reverbera en mis oídos. Cada una de ellas, una onda del caudaloso y misterioso río que brotaba del altavoz y se vertía acariciante dentro de mí. Sus ecos profundos e inmortales son como un tiro descerrajado en la cabeza. Siento como irradian una verdad tan absoluta, clara, cristalina, serena, siento como me atraviesan de parte a parte.

.

“Can you feel it, now that spring has come,

that it’s time to live in the scattered sun.”

Amigo –pienso entonces para mí –Donde tu cuerpo ha fracasado, ahora corrupto y reducido a polvo, en un decadente cementerio de París, tu voz ha triunfado, inmutable y pura a pesar del tiempo, proclamando una y mil veces la llegada de la primavera.

“Waiting,

waiting,

waiting,

waitiiing”

Sobre tus versos no puede depositarse el polvo, ni una de esas máculas que arrastra el viento del olvido. Restallan límpidos y claros, como si los estuvieses cincelando en un muro, como las olas batiendo los acantilados. Exudando toda su tristeza, toda su melancolía y ausencia.

.

Su voz acogedora es como el anuncio profético de un clarividente arúspice.

“Waiting for you to come along”

Ya no puede tardar mucho. De hoy seguro que de hoy no pasa –me digo, mientras escruto el teléfono que se burla con su silencio de mí.

.

“Waiting for you to hear my song”

Mi canción muere antes siquiera de que mis labios lleguen a articularla. Mi lengua enmudece antes de de haber comenzado a danzar en la boca y mi garganta, ronca y seca, no logra reunir el valor ni para susurrar tu nombre.

.

“Waiting for you to come along”

Ven, te necesito. Sin ti la vida será aún más insoportable. Más vacía. Necesito de tu soledad, para que venga a superponerse a la mía.

.

“Waiting for you to tell me what went wrong.”

Lo sabemos. Ambos sabemos que es lo que no funcionó… aunque el ciego orgullo y ese sádico placer que sentimos al hacernos daño nos impida reconocerlo.

.

“This is the strangest life I’ve ever known.”

Nunca habrá nada igual a esto. Nunca volverá a producirse este extraño eclipse que nos ha reunido.

.

“Waiting for the sun.

Waiting for the sun.

Waiting for the sun.”

Así, alargo mi mano hasta el teléfono, que reposa irónico junto a mi cama. Pero mis dedos huyen de él, como si fuera incandescente. “Mañana,… aguanta hasta mañana –me prometo –o si no, el mañana de mañana…prefiero seguir esperando a que regrese el Sol”

.

Por: El Exiliado del Mitreo


Creative Commons License
Waiting for the sun… by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Compartir bajo la misma licencia 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


Crónica de un viaje (I)

Creo que ya ha llegado el momento de ir pasando a limpio las notas que fui tomando durante mi reciente viaje a París, ya han madurado suficiente en su cuaderno 😉 .

Esta semana empiezo con el madrugón y la espera en la terminal…sin duda uno de los lugares más deprimentes del mundo junto con la sala de espera de cualquier hospital, un velatorio o una sala de detención:

.

A fecha de:…demasiado pronto, los relojes no empiezan a trabajar hasta dentro de un par de horas…

1º Parte: En el suburbano.

Vagón de los sueños que apuñalas las entrañas de Madrid con nocturnidad y alevosía.

Voy con los ojos abiertos del color de la madrugada.

En el andén, trajes de fiesta, párpados pesados, olor a combustible en los estómagos, que escapa por las bocas que bostezan. Acentos extraños en voces roncas por el humo y el frío de la noche. A estas horas la fiesta bien se cambia por una cama.

Por otro lado maletas y risas, de los que no han podido (porque no les han dejado) esperar al alba para emprender camino.

Permanezco de pie todo el camino apoyado contra una las puertas, ya estaré sentado un rato suficientemente largo durante el vuelo. El desayuno llama a la puerta del estómago por haber tenido que tomarlo casi sin tiempo para coger aire.

Aquí estoy al fin. Las semanas previas veía este día como algo irreal. Emprendo camino con la sola compañía de una libreta en blanco, comprada para la ocasión, y a Hemingway en el bolsillo, que ya es más que los bostezos y el tedio que acompaña a muchos en este tren…

.

2º Parte: La Terminal.

El metro llega a su destino, donde sobre la meseta solitaria, la terminal se extiende como un lagarto gigante de acero y hormigón armado echado al sol.

En sus entrañas una infinitud de pasillos a media luz por donde deambular.

Almas solitarias, a veces en grupo o en pareja, otras como yo, con la única compañía de si mismos. Pero en definitiva todos caminando igual de solos cargando con sus equipajes, extraños en esta inmensidad, desarraigados de dondequiera que pertenezcamos.

Mi equipaje pesa como el plomo. Es una maleta pequeña, compacta, de cuero marrón. Parece recién salida de los años 30’. Es como si el propio Hemingway, harto de la sangre de los toros hubiera decidido cambiarlos por un tiempo por los distinguidos cafés parisinos. Sonrío para mí mismo por la comparación.

Tras una eternidad de pasillos y más pasillos, arribo hasta el control. Pensaba que esto no iba a acabar nunca, pero el largo paseo me ha acabado de despejar. Mejor, prefiero estar bien despierto cuando debo pasar un control.

En realidad no es que sienta rechazo hacia la autoridad, sencillamente me molestan las cosas que me vienen impuestas porque sí, cuando resulta obvio que escapan a toda lógica o que la lógica primigenia por las que fueron puestas en marcha, hace tiempo que se haya en el cajón del olvido.

Menos mal que en Barajas el control es un mero trámite y no es que se desgañiten en explorar todas las posibilidades existentes en la creación para esconder un arma (real o imaginaria).

Tras mi paso fugaz por el control y unos breves minutos de duda hasta lograr discernir por qué puerta sale mi vuelo, me llego hasta allí y me pongo en cola. Una de las cosas buenas de vivir a 15min en metro del aeropuerto, es que no tienes que madrugar tanto para poder llegar con el margen justo de tiempo a la apertura de puertas. Esto te ahorra mucho rato de espera en este lugar, que me repugna tanto como un hospital.

En esta clase de colas se conoce a mucha gente interesante,…pero también a mucho imbécil, y cuando se trata de París y en vísperas de Semana Santa, la apuesta era segura. El tipo que había detrás de mí, estuvo a un pelo de recibir un (merecido) maletazo de cuero en plena jeta, a ver si eso le incitaba a cerrar la boca, ya que ni su madre ni su hermana eran capaces de hacerle callar. Lo cierto es que en un principio, ellas tampoco me inspiraron especial simpatía, pero las compadecí al instante en cuanto llegó él. Ya se sabe: “Otro vendrá que bueno te hará” (nota: era estudiante de ingeniería y presumía de ello…por sus actos les conoceréis…). Como podréis imaginar tuve buen cuidado de sentarme lo más lejos posible de aquel bocazas idiota. Aunque por otro lado, no dudo de la gran importancia de su existencia para el orden cósmico, ya que sirven para dar valor al concepto de silencio.

.

Por: El Exiliado del Mitreo

Creative Commons License
This work by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.


A %d blogueros les gusta esto: