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Extraño

Se vistió con la camisa de la víspera; como el despojo de un naufragio, yacía tirada en mitad del salón. El tejido al ser agitado inundó sus fosas de olor a ella.

Mientras tomaba un café que acababa de servirse de la cafetera aún borboteante, se puso a mirar distraídamente fotografías en las que no se reconocía.

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Antes de salir, pasó a la habitación a darle un beso de buenos días. Ella sonrió entre murmullos perezosos.

Era pronto, apenas amanecía sobre la cúspide de los edificios altos.

Así tenía que ser; uno debía recogerse -junto a huella de su paso -antes de que llegase el otro, y partir en la madrugada como un extraño…

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Por: El Exiliado del Mitreo

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Uno de mayo

Un viejo poema de hace un par de años. No lo ha leído mucha gente, la destinataria y cuatro o cinco personas más, así que es casi un inédito…bueno no, porque lo presenté a un concurso hace unos meses, así que sí que lo ha leído más gente, pero bueno, lo mismo da, el caso es que era tiempo de publicarlo.

Me dijeron que le quitara la dedicatoria, no lo veo necesario la verdad, sería un poco como arrancar la obra del contexto, aparte de que, bueno, fue un regalo para ella, escrito con mucho cariño y pasara lo que pasara después, nada puede cambiar ese hecho.

Así que aquí lo tenéis, no es gran cosa, pero espero que tampoco os haga daño a la vista y a lo mejor hasta os gusta un poquito y todo 😉

 

Para Sofi.

Nos alcanzó la mañana, amor,
Nos alcanzó la mañana.
Y tú me besabas,
Amor,
Y yo te besaba.

Por el aluminio gris de mi ventana,
Pálida la brisa solar se colaba,
De mala gana, amor,
De mala gana.
Y suavemente, amor, iluminaba,
Dos cuerpos estrechados sobre la cama.
El alba sobre la cama, amor, nos encontraba.
Allí el alba clara con nosotros daba.
Más viéndolo todo en calma,
Vino el alba a esconderse tras mi persiana.

El uno de Mayo amanece
Al fin, aunque nos pese.
Quiero contigo fundirme
En un abrazo que nunca cese, amor,
Que nunca cese,
Y recluirme
En tu boca, amor, eternamente,
Sin pasado ni futuro, solo presente.
Que no se marchite, amor,
Nunca esta rosa.
Hoy se recuerda a un pueblo que lucha y padece,
Perdonadme si yo recuerdo este día por otra cosa.

Guardar pétalos de rosas secas es una hermosa actividad...

Por: El Exiliado del Mitreo

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November Rain; el mundo a través de mi espejo retrovisor

No dejaba de pensar en ella.

No podía apartar la vista de la huella intangible que ella había dejado en su memoria. Algunas veces le resultaba algo incluso viciado; como cuando te cruzas con alguien con alguna notoria tara física y no logras impedir que tus ojos se dirijan una y otra y otra vez, hacia ella…

Lo cierto, es que cuando miraba en su interior, veía que era más un hueco y una paradoja, que una huella propiamente dicha…

¿La paradoja?

Pues que curiosamente, la sensación de vacío que experimentaba hacia que se sintiera bien; mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo.

 

Ángeles de luz corrían fugaces por los espejos como estrellas de Bethléem. Se arrastraban por el asfalto, para guiar a través de la lluvia los coches que circulaban por el carril que aún iba fluido y que como siempre, no era el suyo.

 

Pensaba en lo bien que había estado con ella, y en lo mucho mejor que estaba ahora que ella no estaba; que le había dejado.

 

Lo complacía el relajante sonido, que hacía la lluvia al estrellarse en la carrocería del coche.

Lo cierto es que la lluvia siempre le había encantado, fuera cual fuera el momento del día o de la noche en que llegara.

 

La lluvia es como el consolamentum de los perfectos cátaros, que lava todas las penas y todas las culpas.

Sentía que una parte de él se había agotado, posiblemente la misma sensación que deben tener las velas cuando han quemado todo el cordón y se ha consumido toda la parafina. Era una agradable sensación de ausencia y de vacío.

 

Las lunas, delantera y trasera, competían entre ellas por ver cuál iba a estar más empañada.

<De momento la trasera iba ganando>

Un embotellamiento matutino, escondido tras un filtro de vaho y lluvia, tiene un fantasmagórico aspecto, más propio del sueño y de la irrealidad, que de la dolorosa vigilia…


De todas formas el encantamiento siempre acaba por romperse y uno vuelve a darse de bruces con un mundo que difícilmente puedes cambiar…a corto plazo.

Es todo un atentado contra la moral y el buen gusto atreverse a soñar e ir por ahí de enamorado como un vulgar adolescente.

Sonaba November Rain en la radio, y en su interior chocaban las ganas de ironizar sobre la obviedad que acababa de perpetrar el locutor con el evidente placer que le producía escuchar un tema tan bueno.

 

Miró adelante y atrás, como para cerciorarse de que el atasco en el que estaba atrapado no se había disuelto durante su ensoñación como por ensalmo. Dirigió la vista al fin hacia la ventanilla del acompañante, donde tras una trama de gotitas de lluvia, se extendían campos del color del otoño y un poco mas lejos, llegando al horizonte, empezaba Madrid.

Sonrió para sí, puede que amargamente (o tal vez no), y pensó en lo estúpido que era estar encerrado en aquel cubículo de vidrio y acero aquella mañana lluviosa de Noviembre, dirigiéndose a un trabajo monótono y rutinario, en lugar de perderse por entre los terraplenes y la tierra inculta…en libertad…

 

Por: El Exiliado del Mitreo

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Apostar por la derrota

Por las causas perdidas, pues son siempre las mejores.

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Pocas cosas hay peores para una pareja, que el haberse conocido demasiado pronto.

En ese sentido, es difícil que ellos hubiesen podido hacerlo más pronto aún.

Él tenía 11 años; ella 12 porque había repetido curso.

Se habían conocido en las actividades deportivas voluntarias, que en su colegio ocupaban las tardes de los miércoles. Aparte del claro objetivo de llenar con deportes estas tardes que de lo contrario hubieran estado completamente vacías, pretendían fomentar entre los chavales que estrecharan lazos fuera de las clases; no siendo un instituto de barrio, esto era algo que no estaba de más.

Y al menos para ellos dos el plan había surtido efecto…

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Todo empezó durante alguno de los partidos. Puede que fuera uno de Voleibol o de Balonmano. A ella le había hecho gracia la mortal ironía de un chaval, que no sabía cerrar la boca así le amenazaran con hierros al rojo. A él, le fascinaba ese punto borde, esa mirada insolente y burlona, esa agresividad natural que parecía irradiar. Porque ella, era todo un carácter…desde entonces empezó algo muy especial.

Aunque por supuesto, con esa torpeza más que divertida, de las cosas hechas por primera vez.

Cuando él se sentaba al sol a leer presuntuosamente algún librillo antes de empezar, ella le buscaba y se sentaba a su lado. Charlarían de tonterías supongo, el caso es que se reían un montón juntos y sobretodo, gozaban por primera vez de la extraña sensación que produce sentir tu espíritu fundiéndose con otro… esa clase de intimidad en que las palabras no son imprescindibles.

Sus amigos les dejaban solos, para sonreír y comentar en la distancia. Resultaba curioso que fuera precisamente él el primero.

El primero de su grupo en enamorarse.

Entre semana,…es decir el resto de días en el que no tenían ese espacio reservado para ellos, cuando él se topaba con ella se esforzaba en saludarla de una forma graciosamente ridícula. Algo así como un “¡Buenos días princesa!” de Roberto Benigni (sin menoscabar al maestro). A ella le encantaba y reclamaba su saludo cuando él no se había percatado de su presencia.

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Y así, en sus bufonadas y vaciles,  mientras disfrutaban al sol de su mutua compañía, se les pasó el curso, dejando sobreentendido que volverían a verse después de las vacaciones estivales.

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Después de un verano de haber estado pensando en ella todos los días; el primer día de curso la buscó con ansia entre la gente. Trató de encontrar su nombre en las listas que colgaban de las columnas del patio, para saber en qué clase estaba.

Perdía el tiempo. No estaba en ninguna. Se había cambiado de colegio…

Se enteró por una amiga de ella. Por unos instantes sus ojos parecieron girar a la velocidad de las vueltas que daba su cabeza.

Como una fiera acorralada, trataba de buscar una escapatoria a aquel atolladero.

No había ninguna, estaba claro. ¿A dónde vas con 12 años, como tenía él entonces? 12 años es demasiado pronto para casi todo…

Un amigo le devolvió a la realidad; le preguntó que qué iba a hacer. El sonrió, se encogió de hombros y guardó todo su dolor en una cajita dentro del corazón (ahora mecanicistas hijos de puta, no vengáis a decirme que el corazón no es más que un músculo, porque bien sabéis que es justo ahí donde duelen estas cosas).

Todo un traguito de amargura. No era el primero, pero sí el peor hasta la fecha…luego vendrían más y mucho peores, pero para caso poco importa.

Tal vez lo más doloroso fuera, que aunque como he dicho antes, hay veces que sobran las palabras, jamás llegaran a decirse lo que de verdad sentían…no estaban preparados para ello, puede que ni siquiera supieran expresarlo correctamente con palabras…se puede ganar tiempo, pero nunca ganar al tiempo.

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Puede que empezar y terminar con un  refrán, con una frase hecha, sea condenarse a una horca, a la que gustoso voy, por parte de los profesores de estilo…pero me parece una verdad difícil de discutir, que el primer amor, nunca se olvida…

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La Naïade de Auguste Rodin (un pequeño montaje personal)

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Por: El Exiliado del Mitreo

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Apostar por la derrota by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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