Amazonía

Este relato empecé a maquinarlo durante la visita que hice al musée du quai Branly de París a principios de este mes.

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Intentó hablar, pero solo sonidos inarticulados escapaban de su garganta. Para cuando consiguió hacer que su lengua comenzase a moverse, la sintió tan gorda, que a penas lograba retenerla en la boca. La saliva empezó a correrle por la barbilla y sus ojos fueron velándose por un manto extraño de brillo de jade. Sentía el latido de la selva a su alrededor, batiendo en la noche y al fin en un estallido de verde, el alma de la selva lo engulló.

Voló entonces hasta el nido de unas águilas arpías que estaba junto a la aldea. Volaba con el despojo de un mono que acababa de abatir prendidos en las garras. Desde el nido, sus polluelos miraban erguidos y serios, acercarse a su madre. De esto tendrían como para comer durante una semana…

Entonces era un tapir, huía por el sotobosque del jaguar que le daba caza. Trataba de alcanzar el río, pero no llegó. Sintió un choque que le hizo trastabillar y el lacerante dolor que le produjeron las garras del felino hundiéndose en su carne. Después unos colmillos buscaron su cuello; primero, dolor, después empezó a sentir como se sofocaba cuando el jaguar le oprimió la traquea. Se oyó gorgotear y espuma roja le salía por la boca, a cada intento que hacía por respirar y liberarse. Se sentía cada vez más débil. Después, el mundo se fue haciendo más lejano y la oscuridad envolvía el día, después…nada…

Solo el penetrante olor de la sangre que estallaba en su nariz y su sabor salado y calido en la lengua. Se recostó junto al tapir que acababa de abatir y jadeó para recuperar el aliento. Cada vez le costaba más, se estaba haciendo viejo, pensaba, mientras se relamía y limpiaba las manchas de sangre de su pelaje moteado. Empezó a llenar la tripa con el corazón aún desbocado y los músculos palpitantes por las descargas de adrenalina de la caza.

También fue un capibara y chasqueó la lengua de satisfacción, mientras retozaba junto a su familia en un recodo del río, donde no había nunca pirañas. Como un guacamayo que fue, se sumó al parloteo incesante de su populosa colonia colgada de un risco. Fue todo eso y mucho más, todos a la vez y a la vez ninguno. Hasta que a la salida del sol las sombras fueron desterradas a los confines del bosque…

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Era un árbol que descollada del techo de la selva cuando despertó, mecido por la lluvia y el viento. Se sentía aturdido y desorientado. Tenía un regusto metálico en la boca y le escocía la nariz por haber esnifado el polvo yãkõana que le había suministrado su acólito en una caña hueca.

El sol estaba alto en el cielo. Había estado bailando hasta el amanecer, y en su trance había hablado. Los espíritus xapiripë habían hablado a través de él. A través de él habían hablado y habían advertido del temible peligro que sobre ellos se cernía…Hombres extraños llegarían hasta allí con sus ruidosos artefactos de frío y calor. Se llevaran el bosque y con él la caza y les expulsaran, con sus lanzadores del trueno, de sus tierras ancestrales…

Para cuando su aprendiz le había puesto al tanto de todo y con el cuerpo dolorido, el chamán había salido de su choza, los guerreros se habían reunido entorno a la hoguera del consejo y habían tomado la determinación de abandonar la aldea para internarse más en la selva…Aunque nadie lo dijo, en la cara de todos se leía una pregunta sin respuesta: ¿Hasta cuando seguirán existiendo lugares a los que retirarse cuando la situación apremie?

Por: El Exiliado del Mitreo

Publicado en el número 56 de la revista AWA, de abril de 2010.

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Acerca de Exiliado del Mitreo

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4 responses to “Amazonía

  • Naked Saturn

    Al llegar a la segunda línea ya he empezado a dudar de si habrías dado el paso de viajar. Interesante relato e interesante visión.

    Cuando lo des, que lo darás, no olvides dejarlo por escrito.

    • exiliado.del.mitreo

      Sí, casi seguro que lo daré, aunque todavía estoy haciendo las maletas, mirando los mapas y demás preparativos para tener un buen viaje.

      Tendrías que haber visto los vídeos de los pajés (chamanes) Yanomami, cuando esnifan el polvo alucinógeno del árbol Virola…Las ceremonias iniciáticas duran varios días en los que periódicamente se van metiendo tiros de esa resina hasta que más y más entran en un éxtasis muy teatral (y diría que francamente cómico, visto desde fuera).

      En ese museo había cosas increíbles. Esos ritos de pueblos “primitivos” parece que te acercan al corazón de la Tierra.
      Sabes, en la actualidad los arqueólogos estás explicando algunas pinturas rupestres (las simbólicas más que las típicas de animales) del neolítico como onirismo alucinógeno…algo francamente apasionante y lo que es más curioso es que los modelos de sociedad se han alejado más y más de esos viajes interiores hasta haber llegado a la sociedad actual…

  • Tompson

    Iré a ver este museo la próxima vez que vaya a París. Tiene una pinta stupenden.

    Respecto al uso de alucinógenos… Siempre me ha parecido increible el funcionamiento del cerebro. Es decir, le cambias unos cuantos neurotransmisores por otros y ves una realidad paralela, tal cual. Eso me hace ponerme filosófico y pensar: entonces, ¿existe algo real, o es sólo fruto del funcionamiento de nuestro organismo? Acojonante.

    Mantenedme informado de posibles viajes astrales, me lo pensare.

    Un abrazo

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