De Machado a Lorca

Dos hombres insertados en el corazón de la tragedia española; dos hombres que militaron contra la fealdad del mundo. Uno, Federico, a través de una estética propia sobre la que hondeaba un estandarte iridiscente de belleza pura y personal, el otro, Antonio, con la robusta alegría de vivir de las gentes y las tierras de Castilla.

Fue una conmoción para la intelectualidad española el asesinato de Federico, que no era en absoluto un escritor político, aunque simpatizante del Frente Popular y reconocido homosexual, a estos dos factores se unieron rencillas personales y familiares. El alzamiento le sorprendió en la ciudad de Granada, donde triunfó la insurrección tras unos pocos días de resistencia republicana en el Albaicín. Después de un primer susto en la Huerta de San Vicente, residencia veraniega alquilada por los García Lorca, donde aunque venían por el hermano de su casero, los asaltantes le dejaron bien claro ante la patrulla de la Guardia Civil que le tenían en el punto de mira (“Un poeta marica. Se llama Federico García Lorca. Amigo de los rojos, probablemente él también lo es”.), decidió refugiarse en el carmen de la familia Rosales, de relevantes falangistas. Esto no le salvó, el 16 de agosto fueron a detenerlo y se cree que el 19 de agosto le dieron el paseo por el camino de Víznar, el cuerpo jamás ha aparecido. A raíz de conocerse el hecho, algunos decidieron tomar las maletas y partir al exilio como Juan Ramón Jimenez, otros como Antonio Machado, viejo y enfermo, decidió prestar sus servicios al gobierno legítimo, un gobierno que al avanzar la guerra le iba siendo cada vez más ajeno. Al final, viejo y enfermo, arrastrándose junto a su madre anciana y a otros exiliados, por las nieves que cubrían el paso entre España y Francia, dejó su patria, para morir al poco tiempo en el pueblecito francés de Colliure donde se hospedaba. Era el 23 de febrero de 1939.

El poema que presento a continuación no será el mejor del autor, el más representativo de su arte (ya habrá tiempo de colgar mis poemas favoritos de Machado), pero a mi juicio, sí que es el mejor que se ha escrito sobre la muerte de Lorca. Me sorprendió mucho, porque retoma totalmente la estética de Federico y ese es a mi juicio uno de los mejores homenajes que podía hacérsele.

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EL CRIMEN FUE EN GRANADA

A FEDERICO GARCÍA LORCA

1. El crimen

Don Antonio Machado. La foto creo que fue tomada en el café Gijón de Madrid, en una de esas celebres tertulias de intelectuales.

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

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2. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

.

3.

Se le vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

Antonio Machado

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A continuación os dejo el poema de Federico que me vino a la mente en el instante mismo en que estaba leyendo el de Machado. Este en cambio, sí es uno de los más famosos del autor.

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ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

A Conchita García Lorca

Lorca, en una de las fotos más emblemáticas que de él se conservan.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Federico García Lorca


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