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Nihil (2)

Miércoles 29 de Febrero                                                               1:00 pm

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No sé si leer a Bukowski exacerba mi misantropía, pero hay días malos y días como este.

No me está resultando fácil. No me está resultando fácil aguantarme los instintos homicidas hoy. Detesto a los idiotas. Todos somos idiotas a veces; en algún momento, en algún lugar o para determinada gente; pero amiguitos, hay gente que es lo es siempre y hoy con que lo sean aunque sea solo para mí, basta. Dios mío qué descargas de adrenalina; no sé si por consecuencia de la testosterona, de la úlcera de estómago, de ambas o vete tú a saber… los mataría, lo sé, por eso aprieto los dientes y empiezo a despotricar; entonces simplemente resoplo, miro a otro lado y pienso: “tranquiiiilo”.

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Ha sido duro, me ha costado contener la ira durante 2 horas, pero lo he logrado. He conseguido aguantar la clase sin estampar a alguien contra una pared. Y ahora estoy aquí, escribiendo. Rodeado de gente, pero discretamente aislado, gracias a unos tapones de oídos que me llevé de la fábrica donde estuve trabajando dos años hace otros dos. Me siento mejor, más relajado, aunque aún noto la tensión agazapada en el vientre. Puede que comiendo un poco se me pase. Puede que no. Ante la duda, ayunaré.

El caso es que me he propuesto escribir. Escribir y escribir como terapia. No como catarsis, como suele decirse por ahí, porque no voy a hablar de mí, de cómo me siento o a narrar alguna historia autobiográfica siempre, ni en todos los sitios donde publico. Pero me he propuesto escribir sin parar, aunque sin imposiciones, solo de lo que me apetezca en el momento. Así que cuando me sienta algo nihilista, algo destructivo, escribiré estos “Nihil” (nada, en latín) textos.

Iba a decir que lo siento por vosotros, queridas lectoras y lectores, pero tampoco tenéis que leerlos, así que… bueno, advertidos quedáis.

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Al hilo de todo esto quería comentaros algo de Bukowski. Ya escribí algo en su día, a penas unos apuntes; la verdad que se podía decir mucho, aunque creo que lo mejor sería que lo leyerais y llegarais a vuestras propias conclusiones.

Yo le he dado duro al viejo Bukowski en el último año. Me doy cuenta, ahora que lo pienso, que cuando me acabe Pulp, me habré leído todas sus novelas (y añadamos a esto un par de libros de poemas, uno de relatos y otro de reflexiones). Pero bueno, eso es lo de menos, porque no voy a hablaros de… yo que sé… de su (no) estilo o de su calidad literaria; no voy a plantear un análisis del realismo sucio, y ni siquiera quiero hablaros de su personalidad, de su misantropía, etc…

En realidad no sé muy bien de qué quería hablaros, tal vez solo quisiera incitaros a leerlo, a la vez que os propongo una reflexión sobre la verdadera utilidad de la escritura. Porque este hombre era casi un antiescritor, en el sentido de que no buscaba la ovación ni el reconocimiento del público, de hecho, no le importaba un carajo si le leían o no. Ni quién le leía… hay una frase muy emblemática de esta actitud en El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, cuando dice: “Yo no tengo nada que ver con la gente que me lee”. Él, comenta, escribe para él mismo, para no volverse loco, porque así se siente mas a gusto en su pellejo; que le lean o no, qué más da, sus letras seguirían siendo las que son pasen por los ojos de muchos o de nadie. Un Diógenes del siglo XX, vamos. Y yo me pregunto (y os lo pregunto a vosotros), si tiene sentido eso de ser un antiescritor o no; si el hecho de plasmar en algún sitio tus pensamientos o de contar una historia, no implica tácitamente, la existencia de un afán de trascender a ti mismo a los ojos de los demás, de la posteridad…

Y olvidándome de si tiene algún sentido, yo escribo y escribo, sin saber si alguien va a leer estas líneas. Pero después de acabar esta frase, respiraré hondo y me daré cuenta de que la escritura ha hecho que también yo me sienta mucho mejor en mi pellejo.

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Por: El Exiliado del Mitreo

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Bukowski Roominghouse

Charles Bukowski es un escritor de mierda; en el sentido fisiológico del término (por supuesto).

Creo que suelen llamar realismo sucio a lo que él hacía. Un encasillamiento como otro cualquiera. Es cierto que sus escritos están cubiertos de una pesada costra de mugre, pero bien podrían haberlo colado dentro del naturalismo. ¿Y porque no? En el fondo no hacía más que describirnos su vida, a través de su alter ego; el señor Hank Chinaski. Así, sin más, sin ahorrarnos detalles. Si su vida era sucia y asquerosa, no iba a contarnos otra cosa.

Pero por más que lo pienso, no hago más que convencerme un poco más de que esto no es poco, sino que hablar con esa brutal sinceridad de uno mismo tiene bastante mérito.

La vida es rara a veces; yo creo que siempre, de hecho; y Bukowski/Chinaski es muy consciente de ello.

Pues no es lo mismo sentirse enfermo que estarlo realmente.

No, está claro que no….

Es preciso aceptar las cosas de este mundo sin entenderlas, es lo que nos piden que hagamos. A más desarrollo de una sociedad, menos sentido, y si le buscas las vueltas, acabas por salirte del redil; eso si no son los demás borregos los que te echan a puntapiés.

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Bukowski, maestro de ebrios patanes y/o poetas, le hizo un gran favor al género poético. Porque fue un renovador, a la vez que un verdugo… y sí, así soy de inconstante que me retracto de lo que he dicho una línea más arriba, porque me pregunto si en el fondo lo que hizo no fue sino cargarse el género, y no tanto él en sí mismo, como las generaciones siguientes completamente trastornadas por sus obras.

Porque no es por nada que sea uno de los poetas más imitados del pasado siglo, sus poemas desbordan humor y geniales reflexiones sobre el sentido de la vida, aunque sin un gramo de pedantería. Lo que pasa es que no todo el mundo tiene su talento.

Yo, sinceramente, no quiero escribir como él. Hay que estar muy jodido para escribir así, aparte de que la úlcera de estómago (gracias, papa, por tan buena genética) no me permitiría sobrevivir mucho a semejante trasiego de alcohol de la mañana (me corrijo: del mediodía) a la noche.

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Y es que, por los clavos del Señor, al viejo le gustaba pegarle duro a la botella.

Beber, su coche, follar, las carreras de caballos y el boxeo; en ese orden.

El viejo cabrón era un hombre de costumbre y gustos sencillos (dentro del exceso). Y es que en el fondo se conforma con burlar a la muerte un día más; con eso basta.

Él no sabe nada de Dios o de los hombres. No sabe ni le interesan la política o los ideales.

No sabe nada y a la vez conoce la esencia de todo; el sabe lo que sabe y lo ha aprendido por el camino duro; cayéndose y levantándose muchas veces.

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Pero que no sea un autor refinado, de esos que edifican sus textos con bonitas palabras, en un intrincado estilo digno de la más cara y por ende, la mejor, universidad de la costa este, no implica en absoluto, que sus reflexiones no estén dotadas de una gran agudeza y sutileza pese a lo rudo de su estilo.

El habla de lo que conoce; de sí mismo sobretodo; y lo hace muy bien. Y en ese sentido es capaz de hacer algo muy difícil; una autocrítica descarnada y feroz, aunque exenta por completo de la típica autocompasión.

Tal vez sea porque nos gusta la mierda; porque los humanos obtenemos un morboso placer en contemplar las miserias de nuestros congéneres (de ahí el triunfo de la telebasura); la base de su éxito.

Yo no lo veo así; o por lo menos, no del todo; yo creo que aparte de la brutal sinceridad que emplea para hablar de sí mismo, que no está exenta de mucho humor, hay algo más, hay un hombre que sufre; algo indisociable del simple hecho de vivir en mayor o menor medida; y eso es lo que nos engancha.

Se siente que tras la mugre hay un hombre que busca desesperadamente amor y cariño. Lo busca y parece no alcanzarlo nunca, porque se sabotea a sí mismo, porque en cierto sentido, ni siquiera cree ser merecedor de algo tan bueno, y porque ni siquiera sabe muy bien cómo responder a esos sentimientos.

De la misma forma, tampoco sabe muy como relacionarse con el mundo; le gusta la soledad y a la vez le quema estar solo y necesita de la gente, sobretodo de sus mujeres, a las que jode y le joden en más de un sentido.

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No tiene mucho sentido hablar de escritores malditos (¿Los hay benditos? ¡Póngame tres para llevar, por favor!), y eso que la imagen tiene su gancho desde luego.

Y mucho menos para referirse a Bukowski, porque una de las condiciones para ser un escritor maldito es no haber conocido el éxito en vida, cosa que no ocurrió con el viejo.

Pero yo en todo caso, sí que puedo hablar de un maldito escritor por el que he robado horas al estudio más de una vez (y más de dos). Es igual (creo…); en el fondo soy de los que piensan que en la vida, las únicas cosas que de verdad vale la pena hacer, son aquellas que haces por propia voluntad; y si no he comprendido mal su obra, pensaba algo parecido el señor Bukowski.

Ilustración perteneciente a una serie de cuatro, inspirada en los escritos de Charles Bukowski, realizada por el artista visual e ilustrador Andrés Casciani.

Podéis seguirle a través de su cuenta de flickr: http://www.flickr.com/photos/andrescasciani

y su blog: http://andrescasciani.blogspot.com

Por: El Exiliado del Mitreo

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