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El zascandil o De botellón en Cáceres

Este es un textillo que escribí casi por completo mientras desayunaba en la plaza mayor de Cáceres, durante mi reciente viaje a primeros de este mes, y está dedicado a mi buen amigo Naked Saturn y a su chica, Irene 😉

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-Hijo, ¿Y qué has hecho en Cáceres?

-Pues mama, cosas que nunca hago en casa,…como ir a un macrobotellón en un descampado de las afueras.

 

 

Debería de haberle dicho también, bajarme a la plaza mayor a desayunar como un príncipe (porque este desayuno deja muy por detrás, incluso el nivel de señorito de provincias).

Como un puñetero príncipe, tendríais que verlo; no digo más, que el olorcillo que sale del jamón embadurnado en aceite de oliva virgen, no me deja concentrarme del todo en lo que estoy escribiendo. Además, llevo un buen rato comiendo y esto no se acaba, no digo nada y lo digo todo.

Y esto mejora por momentos, porque acaba de salir el sol por entre las almenas de la ciudad vieja y está dando de plano en mi mesita de la terraza.

Podría ponerme a hacer metáforas sobre el carro de Apolo, el Astro Rey y toda esa hostia, pero lo que en realidad querría decir, es que no se puede estar mas a gusto en la vida, poco más o menos, y diciéndolo tal cual creo que se me va a entender mejor.

Bueno, si algo lo afea, es que no me he bajado gafas de sol y algo de fotofobia sí que tengo…es lo que tiene el beber; ya veis que el título de la entrada va cobrando sentido…porque de eso quería hablar; del botellón.

Para los que sean de fuera de España, hacer botellón consiste en ir al supermercado, comprar algunas (o muchas, según la sed que se tenga, jajaja, ¡mentira!) botellas de bebidas espirituosas (qué bonito palabro), alguna que otra de refresco para mezclar, vasos de plástico y toneladas de hielo. Una vez ejecutada esta primera etapa, la siguiente, y mucho más interesante, consiste en bebérselo socialmente en algún parque o plaza (cada vez menos, por las leyes anti-botellón que se han ido imponiendo en todos lados) o en su defecto, en algún lugar habilitado para ello (normalmente alejado del núcleo urbano), hasta que el cuerpo aguante o hasta que salga el sol por donde quiera.

El alcohol es el catalizador de las relaciones sociales humanas. Te libra de hablar de cosas demasiado profundas o demasiado tiempo, sin por ello dejar de parecer interesante y/o simpático.

La verdad que después de los primeros momentos de “¿Qué hago yo aquí?” Y “Soy demasiado viejo  para esto” (aunque era más bien Naked Saturn el que se sentía más perdido; a mí me tiran contra un muro y me quedo pegado), mi buen amigo el Bourbon se encargó de allanarme el camino.

Desayuno de príncipes por 5€ está bastante bien (estoy pagando ya para volverme a casa de mi colega). Se hubiese ganado un “muy bien”, de haber sido más grande el café (o más barato), pero lo cierto es que yo soy muy de tanque de café por las mañanas, así que supongo que será más bien cosa mía…

Como iba diciendo, el Bourbon hizo que enseguida empezara a pasármelo bien, aunque cómo ya he comentado, en general suelo pasármelo bien en cualquier lado si estoy de humor o el ambiente no es especialmente hostil. Un aliciente adicional es estar rodeado de chicas, que con el alcohol van soltándose (en plan bien) y se vuelven más simpáticas y extrovertidas.

Cómo dijo mi buen amigo Naked Saturn, por cortesía del cual estoy ahora zascandileando por Cáceres, esto de los botellones es como para hacer un estudio antropológico. Desde luego, no me considero lo suficientemente formado para llevar a cabo tal estudio, pero creo que puedo permitirme el dejar algunos apuntes, al margen de los ya realizados, como modesto observador y participante de tal evento.

Posiblemente, lo que más escandalizara a Naked Saturn,  es que la gente se pusiese sus mejores galas para reunirse en un descampado a beber alcohol barato (o caro como nosotros) en vasos de plástico. Añadamos que las mejores galas femeninas, suelen elevar al cubo las de los chicos; la verdad, había algunas chicas que parecía que iban de boda. ¿Acudía la gente al botellón más arreglada que en Madrid? Pues debo decir que sí tuve esa impresión. Es pura especulación, pero me atrevería a decir, que puesto que en Madrid hay muchas más oportunidades de ocio, este tipo de acontecimientos sociales ha perdido ese carácter ritual que aún se le confiere en Cáceres. Porque lo que está claro, es que en una ciudad pequeña y con fuerte población universitaria este tipo de eventos anuales (para el caso, el principio de curso) son todo un acontecimiento social. Por esa razón, y al ser una ciudad pequeña, donde es posible conocer a un gran número de personas en persona y/o de vista, se precisa vestir las mejores galas como signo de estatus así como de integración en el grupo.

Así que en conclusión , podríamos decir de además las funciones habituales, como la sociabilización fuera del marco cotidiano o la necesidad de exhibición ante posibles parejas, el engalanamiento aquí tiene por función el exhibirse ante sus semejantes.

 

Como no hice ninguna foto en el botellón, pongo una de la plaza mayor en la que me he tomado un desayuno cojonudo. 😉

Por: El Exiliado del Mitreo

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