November Rain; el mundo a través de mi espejo retrovisor

No dejaba de pensar en ella.

No podía apartar la vista de la huella intangible que ella había dejado en su memoria. Algunas veces le resultaba algo incluso viciado; como cuando te cruzas con alguien con alguna notoria tara física y no logras impedir que tus ojos se dirijan una y otra y otra vez, hacia ella…

Lo cierto, es que cuando miraba en su interior, veía que era más un hueco y una paradoja, que una huella propiamente dicha…

¿La paradoja?

Pues que curiosamente, la sensación de vacío que experimentaba hacia que se sintiera bien; mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo.

 

Ángeles de luz corrían fugaces por los espejos como estrellas de Bethléem. Se arrastraban por el asfalto, para guiar a través de la lluvia los coches que circulaban por el carril que aún iba fluido y que como siempre, no era el suyo.

 

Pensaba en lo bien que había estado con ella, y en lo mucho mejor que estaba ahora que ella no estaba; que le había dejado.

 

Lo complacía el relajante sonido, que hacía la lluvia al estrellarse en la carrocería del coche.

Lo cierto es que la lluvia siempre le había encantado, fuera cual fuera el momento del día o de la noche en que llegara.

 

La lluvia es como el consolamentum de los perfectos cátaros, que lava todas las penas y todas las culpas.

Sentía que una parte de él se había agotado, posiblemente la misma sensación que deben tener las velas cuando han quemado todo el cordón y se ha consumido toda la parafina. Era una agradable sensación de ausencia y de vacío.

 

Las lunas, delantera y trasera, competían entre ellas por ver cuál iba a estar más empañada.

<De momento la trasera iba ganando>

Un embotellamiento matutino, escondido tras un filtro de vaho y lluvia, tiene un fantasmagórico aspecto, más propio del sueño y de la irrealidad, que de la dolorosa vigilia…


De todas formas el encantamiento siempre acaba por romperse y uno vuelve a darse de bruces con un mundo que difícilmente puedes cambiar…a corto plazo.

Es todo un atentado contra la moral y el buen gusto atreverse a soñar e ir por ahí de enamorado como un vulgar adolescente.

Sonaba November Rain en la radio, y en su interior chocaban las ganas de ironizar sobre la obviedad que acababa de perpetrar el locutor con el evidente placer que le producía escuchar un tema tan bueno.

 

Miró adelante y atrás, como para cerciorarse de que el atasco en el que estaba atrapado no se había disuelto durante su ensoñación como por ensalmo. Dirigió la vista al fin hacia la ventanilla del acompañante, donde tras una trama de gotitas de lluvia, se extendían campos del color del otoño y un poco mas lejos, llegando al horizonte, empezaba Madrid.

Sonrió para sí, puede que amargamente (o tal vez no), y pensó en lo estúpido que era estar encerrado en aquel cubículo de vidrio y acero aquella mañana lluviosa de Noviembre, dirigiéndose a un trabajo monótono y rutinario, en lugar de perderse por entre los terraplenes y la tierra inculta…en libertad…

 

Por: El Exiliado del Mitreo

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November Rain; el mundo a través de mi espejo retrovisor by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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Acerca de Exiliado del Mitreo

Hago muchas cosas, pero principalmente me gusta pensar que soy un tipo que a veces escribe... Ver todas las entradas de Exiliado del Mitreo

4 responses to “November Rain; el mundo a través de mi espejo retrovisor

  • Wenceslao

    Me ha gustado mucho este relato; la manera en la que transmite al mismo tiempo la amargura y la alegría de la situación de “hueco”…en cierto modo (y aunque parezca que me voy por las ramas) me ha recordado al budismo zen; la búsqueda de la libertad interior a través de una mente vacía y sin ataduras. Por la misma razón (y aquí ya si que me voy por las ramas) me recuerda al Club de Lucha de Palahniuk, y a ese narrador que busca la realización personal…a través de tocar fondo (no, no tiene demasiado que ver xD)
    ¡Muy buen relato!🙂

    • exiliado.del.mitreo

      Pues yo creo que no te has ido tanto por las ramas como piensas. Es más has sido bastante certero, en todo caso por ahí iban los tiros de lo que quería transmitir.
      Haber tocado fondo y resurgir de tus cenizas. Sentirte bien, ligero, casi ingrávido, después de haberte vaciado de ti mismo, de toda la mierda que te lastraba.
      Quisiera creer que esto es Zen, a lo mejor es simplemente el cómo se sentía la pintora del libro de Kundera (“La insoportable levedad del Ser”), no lo sé.

      Solo a título informativo, quería comentar que escribí mentalmente este texto hace un año, un día lluvioso de noviembre cuando iba en mi coche a trabajar… así que ya ves, he tardado un año en dar con el momento de pasarlo por escrito, jeje me suele pasar🙂

      P.D.: Wenceslao, perdona por no haber respondido antes a tu comentario. Me pasa a veces que si no lo hago en el momento se me pira la pinza, pero ya sabes que tus comentarios los agradezco mucho.

  • Aceituna del mal

    Amén. Poco más que añadir, salvo que la única razón por la que no abrimos la puerta del coche y nos “perdemos” es miedo al “y luego que”

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