Calor y frío industrial

El cielo ha amanecido hoy cubierto de plomo. Por momentos toma tintes entre amarillentos y ocre. Es el polvo que el aire cálido del sur, ha arrastrado de los desiertos del Norte de África.

Qué el sol no esté a la vista no impide que no se sienta su furia. Lleva durando una semana, esta ola de aire sahariano que barre la península y ha disparado las alertas por calor.

He trasladado mi centro de operaciones al comedor. Como está orientado al Norte, se está más fresco que en mi habitación que mira al Sur. Pese a la sabia gestión de persianas y corrientes de aire, heredada de miles de generaciones nativas del Mediterráneo, el calor sigue presente, aunque no sea insoportable.

Es un calor espeso. Te abofetea si abres la ventana. En la penumbra de la casa, el aire es lento, estático, podría casi cortarse con un cuchillo. Mezcla la humedad de mi transpiración, con la de los cacharros con agua que he diseminado estratégicamente para que no se sequen los muebles, una de esas costumbres heredades de una familia de carpinteros, que se remonta hasta donde alcanza la memoria…

Sentado en una de las elegantes sillas torneada del comedor, hago girar el boli en mi mano, mientras miro distraídamente por la ventana. Mis apuntes de termotecnia yacen desparramados ante mí. En la radio suena Jazz. He estado alternando una grabación de Madame Butterfly con Pavarotti (qué gran tenor murió con él) con la radio. Nunca he sido mucho de radio, pero recientemente le he estado tomando el gusto a Radio 3 de Radio Nacional de España. Viejos vinilos de Jazz, Blues y Rock, programas con música diversa y extraña de todo el mundo, junto con cantautores, que más buenos o más malos, al menos no suenan como subproductos plastificados. El estudio no va mal, aunque me da la sensación, que mis mejores años para esto ya han pasado. Me cuesta mucho más centrarme. De todas formas siempre he sido demasiado inquieto para estar durante mucho rato haciendo una sola cosa.

Ruge el trueno. Después del mediodía ha ido concentrándose más el cielo. No es solo polvo lo que hay en suspensión. En los días precedentes, tan calurosos como este, la evaporación ha sido muy fuerte. La tierra deshidratada clama por que le devuelvan su agua. Serán las cinco o las seis de la tarde, cuando al fin empieza a llover. Es racheado, por lo que solo tengo que cerrar las ventanas que dan al Sur. Por el resto penetra el olor a tierra mojada. Pero a penas si cae nada, solo unas pequeñas lágrimas de polvo que dejan un rastro rojizo en los cristales y los coches, y hacen que toda la ciudad recuerde a un poblado bereber.

...ahora voy a tener que limpiar los cristales...

Debiera acabar el tercer texto sobre mi visita a París, pero llevo remoloneando toda la semana y creo que va a quedar para el post de la semana que viene…o de la siguiente… Deseo escribirlo solo que ahora no me apetece. El exasperante calor no me invita demasiado a escribir sobre aquello. De buena gana escribiría un relato impregnado de la sensualidad y languidez que este clima merece. Cuando hace tanto calor me imagino siempre a una pareja de amantes metidos todo el día en la cama, demasiado fatigados por la calima como para hacer otra cosa que no sea acariciarse y quererse entre murmullos silenciosos. Pero carezco del tiempo para embarcarme en esta aventura, para hacer otra cosa que no sea escribir estas lineas. Mi examen es el martes y tengo que darlo todo por aprobar esta asignatura. Es extraño tener un examen en julio cuando todos están ya de vacaciones…mis amigos me llaman o me escriben de vez en cuando para ofrecerme planes diversos (¡¡cabrones!!) que debo declinar. Estas cosas me hacen siempre reflexionar sobre el sentido de tanto esfuerzo, el porqué de haberme embarcado en esto. Desde hace un año tengo las cosas mucho más claras de todas formas. No tanto del porqué o del para qué, como de la necesidad de terminar…el fin es un principio en sí mismo.

Os tengo que dejar ya, mis apuntes me reclaman.

El texto que sigue es un extracto de un mail (lo he retocado un poco, para que no esté descontextualizado) que escribí en la lista de correo de la revista universitaria en la que tengo el honor de publicar algunas cosillas. Creo que viene al caso y un amigo me dijo que era publicable, es más, en su momento me dijo que debía publicarlo. Los hechos que narra ocurren en el invierno de 2009, hace un año y medio, así que dada la temperatura que hace puede resultar hasta refrescante…espero al menos que os resulte entretenido.

¡Un saludo!

.

(13 de febrero de 2009 – a eso de las 8:30h, primer día de trabajo después del periodo de permiso que pedí por exámenes)

(…)

Bueno creo que me ha dado ya demasiado el sol, es tiempo de volver a la oscuridad del mitreo.

Ya había olvidado el sensual placer de rascar escarcha, con el desayuno recién engullido dándote vueltas en el estómago a cada tiriton de frío. No veas como se agradece el acerado mordisco de la suave y gélida brisa mañanera perforándote como un cuchillo los guantes de cuero,… una auténtica delicia.

Y qué bonito es, enfrentarse al asmático arranque de mi Citroën Saxo diesel  (Nota: En su momento hice un chiste bastante obvio sobre el nombre del coche, comentando que era mi asignatura pendiente practicar sexo en mi Saxo. Bien pues tras probar la experiencia, he llegado a la conclusión que estos coche minúsculos son como el camarote de los hermanos Marx, que al fondo hay sitio. Así que tras echar un polvete en mi flamante y espacioso coche, puedo decir que la experiencia no ha sido lo sórdida y horrible que esperaba…por cierto rompí un poco el asiento de atrás. Nota mental: ¡ Cállate ya! ) que expulsa humo como un bosque en llamas. Por fin emprendes la marcha en un vehículo que te ofrece mínimas garantias de traerte de vuelta a casa (con vida). Es encantador porque el intermitente de giro a la izquierda funciona solo a veces, así que me incorporo y cambio de carril por la autopista en plan berserker. Cada incorporación, una carga suicida. Vivo en un mundo de trepidantes aventuras.

Es magnífico cuando pongo el coche a 120 y parece que voy subido a lomos de un reactor. Pero es que cuando vas por la calle en segunda, es aún peor, porque las vibraciones del motor entran en resonancia con la estructura armónica del coche y parece que aquello se va a desmontar, conclusión: voy siempre en tercera (la primera es tan corta que no se pueden hacer con ella más de 5 metros, que por otro lado es lo que se recomiendo para una conducción eficiente).

Según aparcas y sales del coche, el aromático (y saludable) aire del polígono industrial de Coslada te golpea graciosamente en la cara. Hoy olía auténticamente a mierda (no quieras saber porqué, yo tengo que comer aquí). Traspasas la barrera de la fabrica y ¡ala! a embarcarse en una jornada de 8 a 18.

Metete en ingeniería me decían, metete en ingeniería y conocerás la sodomía…

(…)

.

Por: El Exiliado del Mitreo


Licencia de Creative Commons
Calor y frío industrial by José M. Montes is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://mitraista.wordpress.com/about/contact/.

Acerca de Exiliado del Mitreo

Hago muchas cosas, pero principalmente me gusta pensar que soy un tipo que a veces escribe... Ver todas las entradas de Exiliado del Mitreo

9 responses to “Calor y frío industrial

  • pequenitanita

    genial! vidas paralelas pero en mi caso es con Mecánica de fluidos, ironías de la vida unos jugando con el agua en cualquier playa y otros jugando con el agua en cualquier biblio.
    Ayer pusieron esto en RNE

    Un beso

  • madridista91

    Ya somos tres los que nos toca empollar en mi caso es Algebra I

  • sinBalas

    exiliado.del.mitreo, veo que te han jodido, pues te han aconsejado mal debieras haber estudiado medicina y sabrás el porqué nacimos y la miserable vida que llevamos y tu que con tanta alegría que la cuentas, salud con este traguito dulce y que te vaya bien en el exámen. (no te olvides de tomar azúcar para el cerebro)

  • Naked Saturn

    Conozco la sensación. En mi caso la némesis en cuestión fue Teoría de Sistemas -increíble, en efecto- estudiándola en todas las condiciones meteorológicas posibles.

    Aun así, ¿algo que contarme? A la historia del polvete motorizado, sin detalles, me refiero.

    ¡Un abrazote!

  • exiliado.del.mitreo

    A todo esto el examen al final no ha sido muy lucido, hoy no me he levantado muy fresco y precisamente la parte de termotécnia me ha salido bastante floja…En fin, esta vez ha sido culpa mía.

    Para pasar el trago he hecho palomitas de maíz, he puesto a enfriar dos latas de cerveza especial Estrella de Galicia y me he puesto a ver “Apocalypse Now“, una de mis pelis favoritas.

    No entiendo porqué cuando hablas con la gente siempre te hablan de lo de los helicópteros y “La cabalgata de las valkirias”…coño, pero si esa escena es una mierda, jaja, es decir no es una mierda, pero no es no de lejos la parte más interesante de la película (chavales, no habéis comprendido nada).
    The End“. La escena inicial de Martin Sheen, danzando, ebrio, al borde del delirio, completamente vacío de sí mismo. En donde si te fijas bien se van intercalando imágenes del final. El ritmo de la música va subiendo, la canción se convierte en una raga infinita. Circular. Estática…que retorna y retorna y retorna a todo lo largo de la película…

  • Azote del Mal

    El olor a mierda, y hablo de abono, es un aroma bastante asqueroso pero que nos recuerda, que seas rey, bufon o ganado siempre cagas agachado. Bueno el ganado no tanto😀

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: