Sherezade

Desde que dieron comienzo los primeros acordes del concierto para toses y banda en Sin Tos Mejor, comencé a preguntarme que coño se me había perdido en aquel auditorio…

…bueno, en realidad, ya había comenzado a preguntármelo instantes antes, cuando dejé atrás las puertas de la sala y comprobé que el 99,9% de los asistentes como mínimo me doblaban la edad y una gran parte incluso me la triplicaban.

Nota mental: No me vuelve a liar para verme en otra así –pensé mientras me sentaba en mi butaca, ante la mirada de intenso y mudo reproche de la señora de delante, cuyo asiento había rozado minimamente intentando encajarme en el mío. Esas mudas espadas de desprecio me seguirían apuñalando durante todo el concierto, cada vez que intentase acomodar mis rodillas en el inverosímil espacio entre filas…al menos la buena señora tuvo la inteligencia de callarse…

Entonces empieza el concierto. Se van acumulando las notas fallidas. La coral de maestros tosedores por su parte, inicia su estereofónico acompañamiento desde todos los ángulos de la sala. En sincronía con estos, la sección de tañedores de envoltorios de caramelo, comienza con su pizzicato de celofán. Coño, que con algo habrá que aplacar la tos…y claro, mi mente lucha con desesperación por huir de semejante horror…Así que empiezo a desnudar mentalmente a todas las instrumentistas solistas de la banda…La clarinetista de la primera fila a la izquierda del director, una flautista que toca de forma celestial dos filas más atrás…Desisto cuando me doy cuenta que había empezado a fijarme en una oboe, que era en realidad un tío con melenas. La verdad que desde mi sitio, encaramado en lo más alto de la más alta torre, del escenario veo tan poco y tan borroso, que si por mí fuera, bien podían haber puesto un CD, unos maniquíes y haberse largado todos al bar…

Tras la primera parte empieza lo bueno, o eso esperaba…

Sherezade. Me encanta esa obra. Es de las pocas piezas de música antigua, que en este momento de mi vida me hacen sentir algo. Es por ella por quien estoy aquí esta tarde. He venido, porque Sherezade es como una chica guapa y lista que hace contigo lo que quiere. Tal vez por eso me duela tanto oírla sonar así.

Las toses que han estado templándose en la primera parte, no molestan tanto si haces por no oírlas. Con concentración hasta puedes transformarlas en un ruido blanco.

Al solista de cello deberían colgarle del palo mayor, es cierto (yo instituiría la construcción de palos mayores en los auditorios, para colgar a los músicos que jodan así su recitativo…), pero eso no es lo peor de todo…

No…

Definitivamente no…

Lo peor de todo es la falta absoluta de pasión. Basta con mirar la cara de aburrimiento de los percusionistas. Sherezade, niña, esto es un polvete de rutina. Yo que siempre te había tenido en un pedestal, no me lo hagas con tanta desgana…

En fin, ante esto lo único que puedo hacer es sumergirme en mis ensoñaciones, tratando de que el tiempo pase así lo más rápidamente posible…

Poco a poco, la música me va llegando desde un lugar más y más lejano y se convierte en un simple telón de fondo, en un dulce murmullo, que ameniza el cuento oriental que habita en mi cerebro.

La verdad que es un poco como cuando estás con los ojos cerrados imaginando que estás haciéndolo con otra persona…lo siento Sherezade amor, pero es que esta tarde has estado tan fría y distante…

Cuando acaba la pieza, la sala prorrumpe en aplausos. Se hunde en el más absoluto delirio. Los abueletes se ponen en pie. Baten las palmas en éxtasis, gritan, aúllan…

-Eso es –pienso yo –ahora se irán a casa tan contentos, como cuando sacas notaza en un examen que te has estudiado la noche antes y un rato de camino en el metro.

Pero es que antes de mejorar, esto aún puede ir a peor.

Porque como no, hubo propina. ¿Y que pensáis que fue, dado el respetable que abarrotaba la sala, pasodoble o zarzuela? Pues fue un pasodoble, que se será muy español y todo eso, pero que me gustan tirando a poco…bueno, creo que lo que más me horrorizaba eran las circunstancias propias del momento.

Es que como podéis imaginar, se extiende el delirio en el graderío. Poco les falta a los viejetes para ponerse a bailar entre los asientos.

¡Ja! Esto es performance y no eso que hacen los artistas culturetas modernos…

Y ya poco más que contar.

Colas interminables a la puerta de los servicios…de caballeros. La próstata no perdona.

Empujones en las escaleras. Ya sabéis que las personas mayores siempre tienen prisa. Dicen que porque saben que les queda poco tiempo de vida, que pronto morirán y todo ese rollo. Yo no creo que sea por eso (o no solo), creo que es más bien por simple y llano revanchismo. Les encanta colarse delante de una persona más joven.

Veo la boca del metro, como si ante mí se abrieran las puertas del cielo de par en par. Me sumerjo en las profundidades de la tierra, con la vana esperanza de que durante el trayecto a casa se aplaque un poco la decepción que siento…como veis no fue así.

Por: El Exiliado del Mitreo.


Acerca de Exiliado del Mitreo

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